Ciudad Gótica y la falta de gobierno

La semana pasada, para este mismo espacio, tenía planeado escribir respecto a los “cinturones de paz” implementados...

Sixto Duarte
Analista
martes, 15 octubre 2019 | 06:00

La semana pasada, para este mismo espacio, tenía planeado escribir respecto a los “cinturones de paz” implementados por el Gobierno de la Ciudad de México durante las manifestaciones del 2 de octubre, y la omisión del Gobierno de usar la fuerza cuando debía ser usada; sin embargo, la intempestiva salida del ministro Eduardo Medina Mora me obligó a redirigir el tema de la semana.

Como cada 2 de octubre, hubo manifestaciones en la Ciudad de México, día que se conmemora la masacre de Tlaltelolco. Es un hecho que la izquierda antisistema (la misma que hoy gobierna) es la que ha alzado más la voz respecto a estos lamentables hechos ocurridos hace 51 años. Algunos, quizás los más, se expresan porque les duele lo ocurrido; mientras que otros, creo que los menos, se expresan para seguir lucrando políticamente con el tema.

Desafortunadamente, lo sucedido este 2 de octubre pasado viene a reflejar el interés del Gobierno (tanto federal como de la Ciudad de México) de preservar ante todo su imagen de Gobierno plural, aunque esto implique dejar de lado su deber constitucional de brindar seguridad. Para evitar que los manifestantes hicieran destrozos durante la marcha del 2 de octubre de este año, el Gobierno de Claudia Sheinbaum tuvo la ocurrencia de no enviar policías a evitar estos excesos; en cambio, envió a burócratas a hacer frente a la hordas de anarquistas. El resultado se podía prever, pues los “cinturones de paz” de burócratas no pudieron frenar los desmanes causados. Además, recordemos que este Gobierno disolvió el cuerpo de granaderos.

Estas decisiones, profundamente irresponsables a mi juicio, se sustentan en el hecho de que el grupo gobernante quiere seguir siendo visto como uno que no reprime, que respeta el derecho a la libre manifestación de las ideas. Vemos con preocupación que tanto atavismo arraigado en la mente de quienes hoy gobiernan, le impide ver matices, pues no todo es blanco o negro. El hecho de que se eviten destrozos, pintas y todo género de acto vandálico ocurrido en esos eventos, no implica de ninguna manera represión, sino gobierno. Reprimidos deben estar los comerciantes afectados, que por un lado son agredidos por los vándalos y por otro, ignorados por la fuerza pública.

En el mismo sentido, el paro de taxistas, mismo que paralizó toda la capital hace ocho días, viene a reflejar el desinterés de los distintos niveles de gobierno de imponer orden, precisamente en aras de cuidar su imagen. Igualmente, el secuestro de choferes de camiones por parte de los normalistas de Tenería, mismos que fueron liberados a partir de haber obtenido plazas de maestros, confirman que al gobierno no le interesa el Estado de derecho. Igualmente, las expresiones de los policías federales cerrando vialidades de acceso al Aeropuerto de la Ciudad de México, confirman lo anterior.

El hecho de que en el pasado el grupo que hoy gobierna se haya manifestado en los mismos términos, no es impedimento para que ahora deba ignorarse el imperio de la ley. El Gobierno está enviando el mensaje que cada quien puede hacer lo que quiera para ser escuchado, aunque esto sea ilegal. El que grite más, tendrá entonces mejores resultados.

Vemos que Chihuahua es una historia distinta, aunque en el otro extremo. Siendo gobernador electo, Javier Corral promovió una marcha rumbo a Palacio de Gobierno, causando destrozos. Siendo gobernante encabezó una “marcha por la dignidad” hasta la Ciudad de México. En ambos casos, ha pedido respeto para sus “luchas”, que él estima genuinas.

Con estos antecedentes en Chihuahua, vemos también que a la primera oportunidad, Corral sacó el garrote y empezó a repartir golpes contra manifestantes que (justamente) abrieron una brecha cercana a la caseta de Sacramento, en mayo pasado allá en la capital. La violencia fue tal, que no respetó corralistas, pues a Miguel Colunga, alfil de Corral en el Congreso del Estado, también le tocaron sus macanazos.

Cuando hay manifestaciones como las anteriormente descritas, vemos que hay descontento, que algo no está bien en el ánimo social. Si bien la crispación actual no se pudiera comparar a las imágenes de Ciudad Gótica en la recién estrenada cinta “Joker”, no creo que estemos tan lejos de las mismas. La diferencia es que en la cinta, el gobierno está rebasado. En nuestra realidad, el gobierno está indolentemente inactivo.

Los gobiernos del PRI no podían hacer uso de la fuerza en casos similares por temor a que se les recordara lo ocurrido en 1968. El Gobierno actual no puede llegar al extremo de ser mudo testigo de estas expresiones. México requiere orden.