Opinion El Paso

NY: ciudad de sobrevivientes

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Jorge Ramos / Periodista

lunes, 18 octubre 2021 | 06:00

Miami— La ciudad que nunca duerme, dormía. O por lo menos eso parecía en la nueva y magnífica terminal del aeropuerto de LaGuardia poco después de la medianoche. Mi vuelo se había atrasado y no había taxis esperando. Ni uno solo.

La ciudad parece cambiada. Menos gente, menos tráfico, menos tiendas, oficinas y restaurantes abiertos, menos turistas, menos intensidad. Pero detrás de cada neoyorquino hay un sobreviviente, alguien que representa esa nueva palabra de moda: resiliencia. Nueva York está muy golpeada. En esta ciudad de ocho millones de habitantes más de un millón se contagió de coronavirus y los muertos superan los 34 mil (diez veces más que los que murieron por los actos terroristas del 2001).

Lo primero que notas en NY, luego de lo peor de la pandemia, es que en las calles no hay tantos taxis como antes. Uber y Lyft le han quitado lo amarillo y los embotellamientos a la ciudad. Hay montones de espacios comerciales en renta y edificios con oficinas apagadas. Los precios de las propiedades han caído. “Es una corrección”, me dijo con forzado optimismo un agente de bienes raíces. Y eso obliga a redescubrir la ciudad, a constatar quién sigue en pie y quién se fue.

Mi lugar favorito de pizza napolitana —con los bordes gruesos y salsa marinara— en el bajo Manhattan está cerrado y promete abrir este otoño. Pero en un solo fin de semana comí exquisitamente griego, italiano y japonés. Muchos restaurantes se han tomado la banqueta y hasta parte de la calle para atender a sus clientes al aire libre. Y en todos me pidieron tarjeta de vacunación e identificación, algo que agradecí.

Sin tantos visitantes hay partes de la isla que parecen bucólicos barrios provincianos. Eso tiene su encanto cuando estás rodeado de rascacielos de 50 pisos o más. Lo otro que brinca es que parece haber menos trabajadores haciendo lo mismo que antes. Eso explica los retrasos —menos mecánicos para los aviones, menos meseros en los restaurantes, un solo empleado a cargo de toda la tienda...—, las filas y las historias de supervivencia. Todos tienen algo que contar de la ciudad que fue el epicentro de la pandemia en Estados Unidos a principios del fatídico 2020.

Dos ejemplos. El empleado de un hotel en Midtown me contó con orgullo cómo salió adelante, usando su fondo de retiro y un poco de ayuda del Gobierno federal, durante los 14 meses que el hotel estuvo cerrado. Y de las 10 trabajadoras que había en un lugar de pedicure y manicure cerca de Central Park, sólo quedan cuatro. Les pagan por hora y trabajan sólo tres días a la semana. Pero una de esas trabajadoras me contó que aprecia la oportunidad de estar empleada y que gana suficiente para evitar un penoso regreso a Sudamérica.

Nueva York es una de esas ciudades que marcan tendencia y que muchos copian. Por eso es importante ver cómo están saliendo de esta crisis.

¿Cuál será su principal reto como alcalde?, le pregunté a Eric Adams, quien es el amplio favorito en las elecciones de noviembre. “Que las personas vuelvan a creer”, me dijo. “Quiero decirles a los neoyorquinos que, al igual que nos levantamos de un ataque terrorista, tenemos que recuperarnos del Covid, de los cambios ambientales y de la violencia. Tenemos que creer, una vez más, que somos fuertes”.

Y fuertes se sienten en el icónico Times Square. Una noche de sábado me agarró una ola de gente y me arrastró desde una esquina hasta la otra. Me sentí parte de un colectivo por primera vez en más de un año. Mis dos dosis de vacuna y el cubrebocas no parecían suficientes ante la proximidad de tanto desconocido. Pero NY se ha vuelto a levantar. Atrás quedaron las noches de ambulancias, el retiro de los cuerpos de los muertos por Covid de los edificios, los paramédicos que no se daban abasto, la incertidumbre cuando no había ni vacunas ni información confiable y los aplausos de la gente en la noche y desde sus ventanas a los trabajadores esenciales.

Todo eso ya pasó. Me gusta la nueva NY. Es una ciudad de sobrevivientes. Pero también es más vivible, más humana y más fuerte que nunca. Jamás dudé que saldrían —¡otra vez!— adelante. Nueva York me recuerda la estrofa de una canción de Nacha Guevara que, desafiante, dice: “Tiempos mejores, tiempos peores viví, y aquí estoy”.

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