Estados Unidos necesita más bombas nucleares

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Bret Stephens / The New York Times
miércoles, 14 agosto 2019 | 06:00

Nueva York– “En las capitales de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, hay una clara falta de confianza en la fiabilidad de Estados Unidos como un aliado militar”.

¿Te suena familiar? Es de un artículo de The New York Times con fecha del 7 de octubre de 1979. Donald Trump no es el primer presidente estadounidense de quien los aliados de Estados Unidos tienen una opinión decididamente escéptica.

En aquel entonces, la cuestión era si, y cómo, Jimmy Carter iba a responder al despliegue de la Unión Soviética del SS-20, un misil nuclear de medio alcance que amenazaba las instalaciones militares de Europa occidental y contra el cual la alianza del Atlántico no tenía ningún equivalente. Más tarde ese mismo año, Carter accedió a que, en respuesta, Estados Unidos desplegara en Europa cientos de misiles balísticos Pershing II y misiles teledirigidos, ambos de alcance intermedio, una política que el gobierno de Reagan completó a inicios de la década de 1980.

Vale la pena recordar esa historia ahora que Estados Unidos se ha salido de manera formal del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés), después de muchos años de trampas rusas y esfuerzos diplomáticos fallidos para que el país cumpliera con el acuerdo. Moscú ha desplegado en secreto un estimado de cien misiles teledirigidos que se disparan desde el suelo “diseñados para tener como objetivo infraestructura militar y económica crucial de Europa, y de este modo poder coaccionar a los aliados de la OTAN”, comentó Dan Coats, exdirector de inteligencia nacional. También se cree que Rusia está violando el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares de 1996.

Esto está ocurriendo mientras se le presentan desafíos a Estados Unidos en múltiples frentes nucleares. China está modernizando sus fuerzas nucleares y se espera que duplique su reserva nuclear en una década, de acuerdo con la Agencia de Inteligencia de la Defensa. Corea del Norte sigue probando misiles y no muestra señales de querer abandonar sus bombas como parte de su acuerdo con Trump. Pakistán está expandiendo su arsenal con rapidez, lo cual aumenta la posibilidad de que una ojiva nuclear llegue a caer en manos de terroristas. Además, el hecho de que Irán haya reanudado sus operaciones nucleares, una inmensa amenaza por sí sola, es una tentación para que sus rivales en la región sigan su ejemplo.

¿Qué se puede hacer?

La respuesta estándar es tener más control de las armas. Hay quienes han argüido que Estados Unidos debería seguir honrando el tratado INF sin importar las violaciones rusas. En la última edición de Foreign Affairs, Sam Nunn, exsenador de Georgia, y Ernest Moniz, exsecretario de Energía, ambos demócratas, advierten sobre la “mezcla tóxica que representa el declive en el control de las armas y el nuevo armamento avanzado” y se oponen a un mayor despliegue de armamento nuclear. La respuesta liberal para la crisis de Irán es regresar al acuerdo nuclear de Barack Obama.

Sin embargo, el problema con todos los tratados para el control de armamento no es que carezcan de buenas intenciones. Es que los malos hacen trampa, los buenos no y el mundo a menudo se percata demasiado tarde.

Alemania hizo trampa respecto a las limitaciones de armamento que le impuso el Tratado de Versalles. La Unión Soviética hizo trampa en prácticamente todos sus acuerdos internacionales, entre ellos el Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares de 1963 y el Tratado de Misiles Antibalísticos de 1972. Corea del Norte hizo trampa en el Marco Acordado de 1994 con el gobierno de Clinton. Irán violó en repetidas ocasiones sus compromisos conforme al Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares y el mismo Plan de Acción Integral Conjunto.

Y ahora Rusia está haciendo trampa de nuevo.

Como sucedió a finales de la década de 1970, el riesgo inmediato es que Moscú amenace a un aliado de la OTAN de tal manera que Estados Unidos no pueda dar una respuesta proporcional, sino solo capitulación o escalada. Esto debería alarmar a los críticos de Trump (me incluyo) que piensan que ha sido peligrosamente ambivalente en torno a las garantías de seguridad de Estados Unidos hacia aliados desprotegidos como Estonia.

El este de Asia corre ese mismo riesgo. Al parecer el gobierno de Trump está retrasando una venta de aviones F-16 a Taiwán con un valor de 8000 millones de dólares, probablemente para que la venta sea un elemento útil en las negociaciones con Pekín. Sin embargo, esta maniobra solo convencerá más a los coordinadores militares de China de que Estados Unidos no tiene ni la disposición política ni los medios militares adecuados para ayudar en la defensa de Taiwán en el caso de un ataque o una invasión desde el continente.

La reunificación de China por la fuerza dejaría expuestas como ambiguas todas las garantías de seguridad estadounidenses, si no es que como totalmente inservibles. Sería una invitación a la agresión para otras potencias revisionistas en otros escenarios. También sería un aviso para que países como Japón, Corea del Sur y Arabia Saudita obtengan sus propios arsenales nucleares. A quienes les molestan las armas nucleares en manos de Estados Unidos les molestarán aún más en manos de esos Estados.

De ahí la lógica de la disuasión nuclear de Estados Unidos, incluida la “disuasión extendida” que los gobiernos republicanos y demócratas proporcionaron a nuestros aliados durante más de 70 años. Sin embargo, esa lógica depende del mantenimiento de un arsenal grande, moderno y calibrado al que no le falte nada en caso de que haya un ciclo de escalada. 

En este momento, el arsenal de Estados Unidos tiene deficiencias —gracias a las violaciones a los tratados cometidas por los rusos—, cada vez es más decrépito —gracias a la modernización retrasada— y podría no tener el tamaño necesario para enfrentar no solo a uno, sino a dos grandes adversarios nucleares.

Comencé esta columna con Jimmy Carter para dejar claros dos puntos sencillos: Estados Unidos ha superado desafíos similares en el pasado y los presidentes liberales han entendido la necesidad de tener una amplia variedad de armas nucleares. Añadiré un tercero: la difícil decisión de Carter de desplegar misiles en Europa hizo más para ganar la Guerra Fría que la decisión alabada de Reagan de quitarlos.