Elizabeth Warren actúa como Teddy Roosevelt

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Paul Krugman/The New York Times
miércoles, 30 enero 2019 | 06:00

Nueva York – Estados Unidos inventó la tributación progresiva. En cierta época, los principales políticos estadounidenses proclamaban con orgullo sus planes de gravar impuestos a los más ricos, no solo por la recaudación en sí, sino para limitar la concentración excesiva del poder económico.

Theodore Roosevelt dijo en 1906: “Es importante combatir los problemas relacionados con las enormes fortunas que se han amasado”, algunas de las cuales, declaró, “han superado los límites saludables”.

En la actualidad, de nuevo nos encontramos en una era de riqueza extraordinaria concentrada en las manos de unas cuantas personas: el valor neto del 0,1 por ciento de los estadounidenses más ricos es casi igual al valor combinado del 90 por ciento de los más pobres. Peor aún, esta concentración de riqueza va en aumento; como sugirió Thomas Piketty en la célebre cita de su libro “Capital in the 21st Century”, parece que nuestro destino es una sociedad dominada por fortunas inmensas, en muchos casos, heredadas.

¿Los políticos actuales podrán enfrentar este reto? Pues bien, Elizabeth Warren dio a conocer una propuesta impresionante para gravar impuestos a quienes poseen una riqueza extrema. Independientemente de que se convierta en la nominada demócrata para la contienda presidencial, es positivo para el partido que un plan tan brillante y atrevido genere opiniones.

La propuesta de Warren contempla un impuesto anual del dos por ciento al valor neto de cada hogar por encima de los 50 millones de dólares, más un uno por ciento adicional al patrimonio que supere los mil millones de dólares. Esta propuesta se divulgó junto con un análisis de Emmanuel Saez y Gabriel Zucman de Berkeley, dos de los expertos en inequidad más destacados del mundo.

Saez y Zucman calculan que este impuesto afectaría solo a un número pequeño de personas muy ricas, alrededor de 75.000 hogares. Sin embargo, como estos hogares son tan ricos, representaría una enorme cantidad para la recaudación, alrededor de 2,75 billones de dólares en la siguiente década.

Que nadie se engañe: se trata de un plan muy radical.

Le pregunté a Saez cuánto recaudaría la proporción de la renta (en vez del patrimonio) que la élite económica paga en impuestos. De acuerdo con las cifras que obtuvo, elevaría la tasa de impuestos promedio para el 0,1 por ciento más rico del 36 al 48 por ciento, y colocaría el promedio de impuestos gravados al 0,01 por ciento más rico en el 57 por ciento. Son números muy altos, aunque son comparables, en general, con las tasas de impuestos promedio de los años cincuenta.

¿Sería posible aplicar este plan? ¿Los ricos no encontrarían la forma de darle la vuelta? Saez y Zucman opinan, con base en evidencia de Dinamarca y Suecia, países que solían tener impuestos al patrimonio significativos, que no provocaría una evasión a gran escala si se aplicara a todos los activos y se hiciera cumplir de manera efectiva.

¿Afectaría los incentivos? Tal vez no mucho. Si lo pensamos bien, ¿cuán desalentados se sentirían algunos inversionistas si sus grandes ideas tuvieran éxito, y entonces debieran pagar impuestos adicionales sobre sus segundos 50 millones?

Es verdad que el plan de Warren les dificultaría a quienes ya son increíblemente ricos hacer sus fortunas todavía más grandes y dejárselas a sus herederos. No obstante, bajar el ritmo al que nos dirigimos hacia una sociedad regida por dinastías oligárquicas, o incluso cambiar por completo de dirección, es más bien una característica, no un error.

También me impresionaron las reacciones de expertos en cuestiones fiscales como Lily Batchelder y David Kamin. No voy a decir que respaldan el plan de Warren, pero sí es muy claro que piensan que es serio y consideran que vale la pena analizarlo. Kamin escribió que “se ocupa de un problema real” y “no se anda con pequeñeces, como debe ser”. The New York Times señala que Warren ha estudiado el tema a conciencia; por lo tanto, hasta los más concienzudos están impresionados.

Con todo, hay que preguntarse si ideas tan atrevidas tienen futuro en la política estadounidense del siglo XXI. Por supuesto, los aguafiestas habituales ya están comparando a Warren con Nicolás Maduro e incluso con Iósif Stalin, a pesar de que en realidad es más parecida a Teddy Roosevelt o, en todo caso, a Dwight Eisenhower. Un aspecto todavía más importante es, me parece, que gran parte de la sabiduría política convencional todavía supone que las propuestas para aumentar los impuestos cobrados a los ricos de manera considerable son demasiado de izquierda para los electores estadounidenses.

Sin embargo, algunas encuestas de opinión pública demuestran un increíble apoyo a la idea de aumentarles los impuestos a los ricos. Una encuesta reciente incluso reveló que el 45 por ciento de quienes se identifican como republicanos respaldan la propuesta de Alexandria Ocasio-Cortez de fijar una tasa máxima del 70 por ciento.

Por cierto, las encuestas también demuestran un tremendo apoyo del público a la propuesta de aumentar, en vez de recortar, el gasto destinado a Medicare y la seguridad social. No obstante, suena extraño que rara vez se tache a los políticos que apoyan la “reforma de los programas sociales del gobierno estadounidense” de demasiado alineados a la derecha para tomarlos en serio.

Las encuestas tampoco son la única fuente que sugiere que combatir decididamente la desigualdad económica podría ser una opción viable para los políticos. Algunos politólogos que han estudiado el comportamiento de los multimillonarios señalan que, aunque muchos de ellos quieren menos impuestos, solo lo expresan en secreto, quizá porque saben bien cuán impopular es en realidad su postura. Esta “política sigilosa”, por cierto, es una de las razones por las que los multimillonarios pueden parecer mucho más liberales de lo que son en realidad, pues solo los contados liberales se expresan en público.

En conclusión, quizá sea posible proponer muchas más ideas progresistas y atrevidas de lo que hubieran soñado la mayoría de los expertos en política. Elizabeth Warren acaba de dar un paso importante para explorar ese territorio, con lo que promueve en su partido la actitud de tomar verdaderos riesgos. Esperemos que sus rivales, algunos de los cuales también son muy impresionantes, sigan su ejemplo.