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¿Votar o no votar? Aquí no hay dilema

A lo largo de nuestra vida ya hemos votado muchas veces, pero ahora, ¿vale la pena hacerlo una vez más? ¿Hay alguna diferencia?

Archivo / Agencia Reforma

Janine M. Otálora Malassis
Magistrada del TEPJF

domingo, 30 mayo 2021 | 11:10

Traslado hacia las casillas, tiempo de espera en la fila, encuentros con los vecinos y muchas expectativas. En cada elección se dice que votar es fundamental, indispensable, necesario y esencial, pero en las ocasiones anteriores no había una pandemia como hoy en día sí la hay. A lo largo de nuestra vida ya hemos votado muchas veces, pero ahora, ¿vale la pena hacerlo una vez más? ¿Hay alguna diferencia?

Algunas personas prefieren votar para "cambiar las cosas" o "para mantenerlas", y otras prefieren no hacerlo, pues aseguran que "nada cambia nunca". Independientemente de los motivos que subyacen a tales posturas, resulta notorio que la votación ha sido entendida como si se tratase cada vez menos de un derecho y cada vez más de una preferencia personal.

Tan es así que hay gente que sólo asiste a la casilla para anular su voto o para postular a algún personaje de la farándula. Claro que cada persona tiene la libertad de elegir la candidatura, el partido o la ideología que mejor considere a sus intereses. Ese tipo de preferencias sí son personales; por el contrario, entre la decisión de votar o no hacerlo hay un margen de diferencia, cuyo efecto trasciende la frontera de las preferencias personales e impacta en nuestra vida colectiva.

Podemos vivir en distintos municipios, en diferentes entidades federativas y tener diversas preferencias políticas, pero todos esos matices que individualmente nos caracterizan terminan conjuntándose para formar un rumbo común, un futuro político colectivo. Preferencia a preferencia, todas se suman y son el fundamento del contexto político que tenemos y tendremos.

Son pocos los minutos que pasamos adentro de la casilla electoral, pero mucho es su grado de impacto, ya que terminan definiendo por años nuestro futuro gubernamental. De esta manera, votar nos da el derecho de elegir a las candidaturas que queramos, pero en cierto modo también es el derecho de escoger algunas de las posibilidades de nuestro porvenir.

Cada elección es un recordatorio de la fuerza social que tenemos en conjunto como ciudadanía. Recordemos que quienes nos gobiernan ocupan ese cargo porque nosotros y nosotras les elegimos. Vale la pena votar cada vez porque es la oportunidad de escoger el gobierno que queremos tener. Esta fuerza ciudadana es un derecho, no una preferencia. Para el voto no hay pausa.

Este año no sólo se trata de las elecciones más grandes en la historia del país, sino que también serán las más diversas. Nuestras opciones para elegir serán más amplias y no sólo porque haya más partidos por los cuales votar, sino porque gracias a las demandas de justicia de la ciudadanía se alcanzaron innovaciones que optimizaron la dinámica democrática.

Me refiero a que los reclamos de justicia planteados ante los órganos de justicia electoral resultaron en sentencias que reinterpretaron las dinámicas de participación político electoral a la luz de nuestra actualidad, del pluriculturalismo, los feminismos y los derechos humanos, para así abrir la puerta a candidaturas más representativas de los entramados socioculturales de nuestro país.

El derecho electoral se actualizó a las necesidades de nuestro presente al interpretarse mediante la perspectiva de género, la perspectiva intercultural y, recientemente, la perspectiva interseccional. Esto significa que las reglas del juego democrático se ajustaron para que grupos sociales históricamente marginados de la participación política pudieran tener representación gubernamental.

En estas elecciones, la gente que vive en alguno de los 21 distritos con mayor población indígena encontrará que las candidaturas a elegir son conformadas por personas pertenecientes a sus pueblos y comunidades, que los representarán de manera auténtica.

Pero también personas pertenecientes a otros colectivos invisibilizados y subrepresentados tendrán la oportunidad de contar con legisladoras y legisladores que velen por sus agendas, intereses y necesidades en el Congreso de la Unión, a partir de las acciones afirmativas que se establecieron en las listas de candidatas y candidatos a diputaciones federales por el principio de representación proporcional.

Justamente con la ratificación de la Convención Interamericana contra toda Forma de Discriminación e Intolerancia de la Organización de los Estados Americanos (la OEA) que realizó nuestro país en 2019, se adoptó la obligación de implementar acciones afirmativas para reflejar la diversidad de la sociedad en nuestro sistema político, con lo cual, en este 2021 el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación pudo contribuir a dicho compromiso mediante los recursos de Apelación 121 de 2020, así como el 21 y el 47 de 2021, asuntos que tuvieron como resultado que ahora veamos candidaturas de personas indígenas -como ya mencioné- pero también de personas afromexicanas, de la diversidad sexual, con discapacidad o residentes en el extranjero.

Además, de que se renuevan poco más de 21 mil cargos públicos a nivel nacional, nuestro voto será histórico porque será la primera vez en que las mujeres participan en condiciones más paritarias y porque quienes hayan cometido violencia política contra ellas no tendrán derecho a ser electos o electas.

En México, desde 1953, en el cargo de gubernaturas, han existido 344 gobernadores y sólo 9 gobernadoras (considerando una gobernadora interina y otra sustituta). Hasta ahora, en 25 estados de la República nunca ha gobernado una mujer, pero en este 2021 la ciudadanía elegirá 15 gubernaturas, para las cuales el Tribunal Electoral y el INE determinaron que cada partido político debía postular al menos 7 candidatas. Por ello, este 6 de junio la votación podrá definir una transición que será política, no sólo hablando en términos partidistas, sino también en términos feministas.

En suma, estas elecciones de 2021 son distintas a todas en las que previamente hayamos participado, porque habrá candidatos y candidatas de grupos sociales que habían sido relegados de figurar como representantes de los intereses de sus respectivas comunidades. También porque se sanciona a quien ejerce violencia política y nuestros votos podrán decidir si estaremos ante el principio del fin de la antigua política patriarcal.

Ahora bien ¿votar o no votar?

El futuro político es aquel que nace a partir de la suma de los votos de la ciudadania; ese futuro depende totalmente de ti, de mí y de quienes integramos el padrón electoral.

En nuestro régimen democrático somos libres para escoger quien ocupa los cargos que nos gobiernan, quienes tomas las decisiones que impactan en nuestro cotidiano. Para ejercer esta libertad no necesitamos nada más que querer elegir, que asumir nuestra responsabilidad en la consolidación de nuestra democracia. Así que, entre votar o no votar aquí no hay dilema. ¡Hay que salir a votar en paz y en orden! ¡Nos vemos en las urnas!