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Escucha la voz de los expertos

Acatar las recomendaciones que el personal de salud hace continuamente puede marcar la diferencia entre enfermarse y llegar a fallecer, señala la doctora Roxana Ovalle quien ha visto morir personas jóvenes y sin condiciones de riesgo

Natalia Piña / El Diario

lunes, 22 junio 2020 | 17:03

CITA

“Yo creo que puedes decirles a mil personas lo que está pasando, cómo está pasando y lo que tienen que hacer, y a lo mejor no te van a escuchar esas mil personas, pero con una que me escuche, con eso ya me doy por bien servida”,

Roxana Ovalle Terrazas,

Médico General

Natalia Piña / El Diario

Todos los días seguimos aprendiendo algo nuevo acerca del Covid-19, una enfermedad que, hasta el momento, sabemos que no tiene piedad y que afecta gravemente a niños, jóvenes, adultos y adultos mayores con muy pocos factores de riesgo en común.

Si bien, la mayoría de las personas conocen todas las medidas de prevención que se deben de tomar a diario para evitar contagiarse y no ponerse a sí mismos en una situación de vida o muerte, hay un consejo que podría salvar más vidas: escuchar. 

“Tenemos un gran problema. No escuchamos”, afirma Roxana Ovalle Terrazas, médico general del Hospital General, a El Diario de Juárez y agrega: “Aunque vea mil consejos y mil recomendaciones, la población no escucha. Ese es el problema que tenemos ahorita. Necesitan escuchar. Esa es mi principal recomendación, que escuchen para poder salir adelante”.

La doctora explica que no se trata de sólo conocer las medidas para frenar los contagios de coronavirus en la región, sino de realmente escuchar a los expertos y seguir al pie de la letra sus recomendaciones para evitar enfermarse o enfermar a otros porque, como cuenta, nadie está exento de convertirse en un caso grave de Covid-19.

“(Al principio) No sabías si realmente ibas a salir adelante o no con la poca información de la patología y veías como pacientes se iban tan rápido, de un día para otro. Los internabas hoy y al día siguiente ya no estaban”.

“Era un estrés y una preocupación constante ver como se deterioraban, ver como decías: ‘Bueno esta gente no es diabética e hipertensa y de todos modos se está yendo, ¿por qué?, ¿por qué se van? Están jóvenes, no están en el cuadro que todo mundo dice que son pacientes adultos de 60 años, no lo son, ¿por qué se van?, ¿por qué están muriendo?, ¿por qué mueren tan rápido?’”, plática.

Desde su perspectiva, el mayor reto al que se enfrenta la población en estos momentos es el de crear nuevos hábitos para vivir de manera ‘normal’, prácticas que incluyan el quedarse en casa lo máximo posible, mantener siempre el distanciamiento social, lavarse las manos con frecuencia, toser cubriéndose con el codo y desinfectarse llegando a casa si se tuvo la necesidad de salir.

“En lo personal ya no le tengo miedo a la enfermedad, ya no. Lo que si me preocupa es la forma en la que las personas siguen sin tomar conciencia. Esto va a seguir por un largo tiempo”, dice.

Una última oportunidad

Como madre de dos pequeñitos, el mayor miedo de Roxana, de 35 años, es enfermarse y dejarlos prácticamente desprotegidos, además de ni siquiera tener la oportunidad de despedirse de ellos si es que se contagia y se pone grave.

Esta es la preocupación que día con día carga la doctora al ir a trabajar al área de urgencias, porque tiene que cuidarse a ella, a su familia y a los pacientes que entran a su consultorio, pues expone que el equipo de protección que utilizan los médicos no es únicamente para cuidarse a sí mismos, sino también a las personas que van a consulta y que puede que se encuentren sanas. 

Es también por estas razones, que giran en torno a la difícil situación de enfermarse, fallecer y no poder despedirte de tus familiares, que Ovalle tomó la difícil decisión de decirle a cada uno de sus pacientes que se despidiera de sus seres queridos, sin importar que tan grave fuese el caso o no. 

“Un caso que me dejó muy triste, de los primeros casos, fue el del papá de uno de mis compañeros (…) Ver que está ahí y al día siguiente ya no está, ver que no tienen ni siquiera la oportunidad de despedirse, de darse un adiós, de nada porque así es el protocolo tan rápido, eso me causó mucha tristeza. Me quedó muy, muy marcado”.

“Después de eso dije: ‘Tenemos que hablar con los familiares y decirles pues, que como no sabemos cómo va a evolucionar la enfermedad, se tienen que despedir’. Si sale adelante bien, va a quedar como una mala experiencia y a lo mejor quedo como una mala persona porque les dije que se despidieran, pero nada más eso. Pero si el paciente no sale adelante, de perdida tuvieron la oportunidad de darle un adiós a su familiar”, relata. 

Acostumbrarse a enfrentar este tipo de situaciones y a vivir en una ‘nueva normalidad’ no ha sido nada fácil, asegura Ovalle. Sin embargo, es algo que ella considera necesario para salvar vidas y ayudar a las personas, aún y cuando en veces se siente desalentada al ver que parte de la población no se toma enserio la pandemia.

“En un principio si se me hacía muy, muy complejo. Ahorita ya estoy en una etapa de resignación. Ahorita ya es algo habitual”, concluye la profesional de la salud que tiene seis años de carrera médica y cinco trabajando en el Hospital General de Ciudad Juárez.