Vamos

En la línea de frente

Para los esposos María y Eduardo trabajar en el sector salud es vivir con el riesgo de contraer el Covid-19 y una batalla sin tregua que libraran en familia a puerta cerrada

Leticia Solares / El Diario

lunes, 22 junio 2020 | 17:09

Fotos: Marco Tapia/El Diario

Pie

María y Eduardo se mantienen dispuestos en todo momento para hacer frente desde la primera línea y lo toman como una prueba personal

“Me da mucha tristeza no poder consolar a los familiares de las personas que han fallecido, no poder acercarme, tratamos de ser lo más serviciales, atentos, amables, pero tenemos que guardar la distancia, no podemos tener contactos prolongados o de varios minutos con ellos, todo debe ser muy breve”

María

Trabajadora Social

Leticia Solares / El Diario

Volver al hogar para besar, al menos, las rodillas de su hijo es para María y Eduardo la vacuna que los mantiene inmunes ante la angustia que genera trabajar en el sector salud.

Tras un largo día de jornada, después de los rituales extremos de limpieza y desinfección, antes de entrar a su domicilio María y Eduardo recuperan en aliento al escuchar la voz de su único hijo –Kenneth— cuando a puerta cerrada desde su habitación, los saluda a manera de bienvenida. 

Con 16 años de casados y un hijo de 15, para María de 48 años y su esposo Eduardo de 40, la pandemia por Covid-16 resulta ser no sólo un momento de emergencia mundial, también un crisis personal. 

Desde 2007 ella es trabajadora social del área de urgencias en el Hospital General de Ciudad Juárez; él es técnico de herramientas y desde 2014 está a cargo del área de mantenimiento del hospital. 

María y su esposo están sometidos a un enorme volumen de trabajo en situaciones traumáticas, pero además deben lidiar con el temor a contraer la enfermedad o propagarla entre sus familiares y allegados. 

“Desde hace tres meses hacen las salidas estrictamente necesarias y sin recibir visitas. El aislamiento no es opcional. La distancia que guardamos con familiares,vecinos y amigos también es regla al interior de su hogar”, asegura María, quien se mantiene en alerta con la estricta sanitización de su persona y de su hogar para mantener a su familia lejos del radar del virus.

La pandemia por Covid-19 sitúa al personal sanitario en situaciones de exigencia excepcional y bajo una circunstancia de vida inédita en la que un enemigo sin rostro se ha colado por la puerta de su casa; está en los muros de su hogar, sobre su mesa, al asecho de sus charlas, duerme entre sus sábanas y resulta tan patológico, que transgrede hasta sus más profundos anhelos.

“Genera desconcierto y hasta malestar entre nuestros familiares que no saben si agradecer, reclamar o llorar cada que podemos hablar con ellos o verlos de lejos. Mi hijo me pregunta que hasta cuándo vamos a estar así, sin poder darnos un beso, un abrazo, sentados lejos unos de otros para comer y sin poder ver a sus primos y tías”, asevera María, quien en una prueba rápida que se realizó de manera obligatoria por parte de la institución donde labora, resultó negativa, gracias a su escrupuloso cuidado con las medidas de seguridad que demanda la contingencia.

Adiós viernes de tostadas

Los viernes de tostadas con 6 de sus 12 hermanas son pasado, y mucho menos pensar en invitar a sus sobrinos a pasar el fin de semana en casa con Kenneth, como era costumbre, para celebrar un cumpleaños o jugar videojuegos.

“Murió un primo nuestro y mis hermanas querían que fuera con ellas a visitar a la familia y me negué, ellas se sintieron conmigo, pero lo siento mucho, no fue porque no quisiera ir y estar en familia, es por el temor que tengo de contagiarlas”. 

Para Eduardo y María al igual que el temor, la tristeza profunda ante esta situación a menudo se disfraza de irritabilidad, no obstante, desde que inició la pandemia dejar a un lado las riñas insignificantes es un alivio y apoyarse entre sí es parte de su nueva normalidad. 

“No hay día que no nos sintamos en peligro. Yo soy el primer filtro al recibir a lo pacientes y a sus familiares, mi marido sube casi a diario al área Covid—19 para reparar alguna cama, cambiar un foco o lo que se requiera y pues, lo que finalmente más nos preocupa a los dos, es contagiarnos y contaminar a nuestro hijo”, dice María. 

Sin embargo, no todo es tragedia, esta realidad ha sido un ejercicio para priorizar las necesidades, los afectos y no los deseos. 

“Los zapatos, la ropa, el maquillaje, las comidas en la calle han pasado a segundo plano. Estoy haciendo despensas con mis hermanas, para ayudarnos unas a otras, sus esposos han perdido trabajos, y ayudar a quien lo necesite; en mi balanza la prioridad son las personas, mis afectos y estar vivos”.

Para la familia de María y Eduardo, el riesgo de contagiarse del coronavirus no sólo es cuando alguien se acerca a menos de dos metros de distancia. Comienza tan pronto ingresan a su centro de trabajo, donde a diario respiran dolor, muerte y la angustia de ser blanco del contagio. 

“Me da mucha tristeza no poder consolar a los familiares de las personas que han fallecido, no poder acercarme, tratamos de ser lo más serviciales, atentos, amables, pero tenemos que guardar la distancia, no podemos tener contactos prolongados o de varios minutos con ellos, todo debe ser muy breve”, afirma María.

Aunque ambos, tanto como su hijo y sus familiares, María y Eduardo tienen el anhelo de “recuperar” su vida y sus rutinas de convivencia, de tomarse unas cervezas con amigos, abrazar de nuevo a los suyos, salir a dar un paseo o disfrutar de unos días en la libertad de estar juntos, sin metros de distancia. 

“Lo que siempre hemos considerado que formaba parte de nuestra vida y ahora lo vemos tan difícil de alcanzar”.

  A pesar de la contaminación que todo esto ha significado en sus vidas, María y Eduardo se mantienen dispuestos en todo momento para hacer frente desde la primera línea y lo toman como una prueba personal, ya que cuidar a sus seres queridos significa renunciar a ellos por un tiempo.

“Cuando la seguridad de los tuyos está en riesgo, lo haces con amor, desempeñarse en una profesión en el sector salud implica, además de largas jornadas de trabajo, enfrentar situaciones inéditas como en un tiempo fue aquí la violencia y ahora la pandemia de Covid-19”.

“No puedes derrumbarte es difícil, pero siempre lo hace uno pensando que esto es temporal y mantener la esperanza de que esto va a pasar, porque los científicos encontrarán la manera de mantener bajo control la enfermedad”.

Inculcada por su madre, la fe cristiana es sostén para María quien confía que en algún punto de esta circunstancia la ciencia encontrará la forma de mantener bajo control la enfermedad y aunque,  ya nada volverá a ser igual, por lo menos ella confía en que habrá menos contagios y más esperanza de sobrevivencia“

“Pasó por la capilla del hospital y mi corazón me dice que esto va a pasar, que no puede ser tanto dolor, tanto temor y que la Ciencia acertará”.

Llegara el día en que los médicos puedan atender a todos los que lo requieran sin desbordar la capacidad de los hospitales.