Utiliza su pasado para educar estudiantes y reos

Xavier Pérez ofrece clases de ciencia política, estudios religiosos, servicio comunitario, teatro y otros temas en la prisión del condado de Cook y en la correccional de Stateville

Agencias
jueves, 15 agosto 2019 | 12:57
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Chicago – Cuando tenía 15 años, Xavier Pérez, profesor de criminología en la Universidad de DePaul, contemplaba el grafiti improvisado que decoraba su celda en la correccional de menores.

Pérez recuerda estar lleno de orgullo en ese momento, pensando que, si continuaba por ese camino, por fin conocería a los jefes de sus pandillas.

Pero en el fondo de su mente, un pensamiento inoportuno apareció.

“Al mismo tiempo, algo sucedió, algo que nunca pensé fuera a permitir. Este pensamiento de, ‘¿eso es todo?’ ‘¿qué sigue después de ir a la cárcel y conocer a la gente que quiero conocer?’ Y no tuve respuesta para eso,” reveló Pérez.

Cuando empezó a hacerse esas preguntas, estas nunca salieron de su cabeza. Aún así, Pérez no se convirtió en un ángel de la noche a la mañana. Él cuenta que le tomó dos o tres años para convertir las preguntas en metas y, luego, en realidad.

Durante esos años, Pérez siguió “buscando problemas” en las calles. Fue herido de bala y terminó en comisaría seis veces por delitos desde actividades relacionadas con pandillas hasta paseos en auto ajeno. Solamente fue encarcelado una vez y cada vez que se metía en problemas de ahí en adelante, Pérez dice que pensaba cada vez más en las consecuencias.

Años después, Pérez empezó a escuchar a sus maestros y consejeros de cara al futuro. Fue admitido en varias universidades, pero decidió irse a estudiar fuera de la ciudad ante la “tentación” de la vida callejera si se quedaba.

“La clave siempre ha sido la educación,” dijo Pérez, de 44 años.

Pérez es el único de sus hermanos vivos -todas mujeres- en graduarse de la preparatoria. Su hermano fue asesinado en 1995 durante un robo.

Hoy, Pérez ostenta tres diplomas: una licenciatura en sociología de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, una maestría y un doctorado en criminología, ambos de la Universidad de Illinois en Chicago.

Pérez usa su pasado en sus enseñanzas como codirector del programa de intercambio carcelario Inside-Out de DePaul. El programa, que comenzó en la Universidad de Temple en 1997 para abrir el diálogo sobre el crimen, la justicia y otros asuntos entre estudiantes encarcelados y no encarcelados, junta a estudiantes con reos para tomar clases juntos tras las rejas.

DePaul ofrece clases de ciencia política, estudios religiosos, servicio comunitario, teatro y otros temas en la prisión del condado de Cook y en la correccional de Stateville.

Pérez cuenta que, a pesar del estigma de ser clases menos rigurosas, estas son tomadas como cualquier otra ofrecida por DePaul y sus estudiantes trabajan con igual rigurosidad.

“En mi experiencia, he descubierto que las personas que toman clases desde adentro están muy comprometidas,” dijo Pérez.

“En cierta manera es parte de su camino a la redención”.

Los estudiantes realizan el trabajo de curso, pero gran parte del valor de la clase viene de la dinámica de salón, algo que, según estudiantes que han participado en el programa, es transformativo.

“Un ejercicio muy poderoso que tuve que hacer en mi primera clase en Stateville fue mirarnos a los ojos con mi compañero,” explicó Shelby Klingberg, graduada de DePaul con una licenciatura en estudios de paz, justicia y conflicto que tomó las clases como estudiante y asistente de maestro.

“Se trataba de ver a la persona en frente tuyo por lo que es. Todos hemos cometido errores”.

Para Pérez y sus estudiantes, el tomar clases con los reos les ofreció una perspectiva personal del sistema de justicia criminal.

“Pienso que una de las preocupaciones que tengo con el sistema es que es muy retributivo,” dijo Pérez.

“Cuando preguntas ‘¿qué es justicia?’ escuchas comentarios como ‘vamos a aplicar nuestra justicia’, ‘ellos merecen justicia’. De alguna manera, puedes reemplazar la palabra ‘justicia’ con ‘venganza’”.

Klingberg cuenta que ella, junto con otros estudiantes, fueron testigos de esta mentalidad cada semana al ver oficiales regañando a los reos estudiantes mientras ellos esperaban entrar a clase.

“Otro momento emotivo fue cuan dispuestos estaban los muchachos a compartir sus experiencias, sus problemas, las injusticias que enfrentan al estar adentro,” dijo Klingberg.

“Y ver el trato que los oficiales dan. Muchas veces escuchamos, ‘ellos no saben leer, ¿por qué estás aquí? Ellos no están aquí para aprender’”.

Pero Pérez dice que está agradecido por haber podido abrir estas conversaciones y está optimista sobre el futuro del programa.

“Mira mi experiencia. Si alguien me juzgase cuando tenía 15 o 17 años, no creo que pensarían en donde me encuentro hoy,” explicó Pérez.

“Si me siento feliz por algo, es el poder honrar a la gente que apostó por mí.”