Muestra el mundo espiritual de las comunidades indígenas de México

Yael Martínez se propuso documentar los rituales, y en colaboración con un pequeño equipo, produjo 'La sangre y la lluvia'

The New York Times
jueves, 09 mayo 2019 | 10:49
The New York Times

Nueva York – El agua es vida. Al igual que la sangre. Y para las comunidades indígenas del estado de Guerrero en México, ambas están profundamente entrelazadas con sus creencias. Para ellos, una gota de sangre derramada en un combate ritual se convierte en una gota de lluvia.

Estas creencias (de que los espíritus habitan nuestro entorno y hay que hacer ofrendas para agradecer o suplicar a la naturaleza) existen desde antes de la conquista española y han perdurado hasta el día de hoy, incluso muchas de esas creencias se han sincretizado con el catolicismo. Originalmente desechados por los cristianos como mera idolatría, los rituales reafirman un principio básico que Yael Martínez escuchó al explorar la religión indígena de la región. “Su filosofía es holística”, dijo Martínez. “Cuando hablas con los campesinos, te dicen: ‘Comemos de la tierra y la tierra nos come a nosotros’. Todo es cíclico”.

Un tigre —un guerrero ritual— dentro de una cueva en el cerro del Cruzco

En las montañas de Guerrero, las comunidades realizan ritos para que llueva en el río, en cuevas o en la cima de una montaña

Esta imagen representa cuando los vientos, en forma de buitres, traen nubes cargadas de lluvia. En esta fotoilustración se ven los fuegos artificiales que se detonan para pedir lluvia

Esta imagen representa parte del mito cosmogónico de los aztecas según el cual Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, que asumieron la forma de serpientes cósmicas, atraparon el cuerpo de Tlaltecuhtli y lo dividieron en dos, creando de esta manera el cielo y la tierra. En esta fotoilustración, un hombre prepara los fuegos artificiales para un ritual

Martínez se propuso documentar los rituales y en colaboración con un pequeño equipo produjo La sangre y la lluvia. Auspiciado por la Fundación Magnum, el proyecto usa fotografías que en ocasiones se combinan con ilustraciones de Orlando Velázquez, el hermano de Martínez, y comentarios de Julio Glockner, un antropólogo que ha estudiado a profundidad los ritos indígenas. También solicitó el apoyo de René Tlacotempa, un lugareño que ha participado en combates rituales, quien fungió como guía.

Antes de emprender esta travesía, Martínez había trabajado, entre otros proyectos, en una serie profundamente personal que indagaba sobre el asesinato o la desaparición de varios parientes suyos en Iguala, el mismo pueblo donde 43 estudiantes mexicanos más tarde serían secuestrados y presuntamente asesinados. Para él, explorar las creencias indígenas era una manera de centrar sus emociones.

“Estuve trabajando en las montañas con las familias de los desaparecidos”, recordó. “Ya conocía algunos de los rituales. Intentaba hacerme una limpieza espiritual después de trabajar con las desapariciones forzadas”.

Un grupo de tigres de Zitlala danzan en la colina para pedir lluvia

Un pavo es sacrificado como ofrenda. De acuerdo con las creencias de las comunidades nahuas, el dios del viento llega asumiendo la forma de un buitre y trae consigo nubes de lluvia

Un grupo de mujeres en Zitlala hace tamales de frijol para darlos en ofrenda

A pesar de que los mundos espiritual y natural están entremezclados, fotografiar los aspectos duales de su cosmología puede ser difícil. Él había logrado observar algunos rituales, pero no siempre se le daba permiso para que los documentara. Además, estaba la cuestión básica de cómo fotografiar aquello que se siente, pero no se ve.

“Lo que quería era crear una imagen sobre vivir entre lo físico y lo invisible”, dijo Martínez. “Intenté encontrar imágenes que fueran más simbólicas, de manera que luego pudiéramos recrearlas con fotos y diseños gráficos. Junto con un antropólogo, documentamos cada uno de los símbolos del ritual. De alguna manera, intentábamos conceptualizar las imágenes”.

Él y su hermano también aumentaron su conocimiento del tema participando —aunque en algunos casos no los dejaron fotografiar— en diversas ceremonias, como una que duró toda una semana e incluía ayuno, la subida peligrosa a una cueva montañosa y ofrendas de comida y bebida con la esperanza de que lloviera para que hubiera una buena cosecha. Después, hombres que usaban máscaras de tigre participaban en peleas rituales, con las que representaban una batalla mítica cuyo resultado fue que los dioses les dieron el maíz a la humanidad.

Comunidades que piden lluvia prenden fuegos artificiales, pues el fuego representa al sol y el agua a la luna

Un paisaje con plumas, hombres, músicos y raíces de árboles. Esta fotoilustración representa la conexión entre el hombre y la tierra. La imagen muestra cómo un grupo de hombres se vuelve uno con las raíces de la tierra esperando que haya buenas lluvia

En esta fotoilustración, un hombre en el cerro del Xomislo hace una ofrenda a cambio de lluvia

Todos los años el 5 de mayo, los tigres de Zitlala luchan entre sí como parte de un ritual ancestral para pedir lluvia. Los creyentes ofrecen su sangre y dolor a los dioses, mientras dicen que una gota de sangre es igual a una gota de agua

La subida puede ser físicamente peligrosa, pero incluso los percances son parte del plan. En un punto, Martínez se tropezó con unas rocas, se rompió varias costillas e hirió a otro hombre que recibió un golpe en la cara y quedó inconsciente debido a una roca que se desprendió.

“Estaba bañado en sangre”, recuerda el fotógrafo. “Su rostro estaba muy pálido. Le dije que tenía que regresar, pero se rehusó. Tenía que terminar el ritual”.

Esa disciplina y sacrificio lo ayudaron a seguir, no a pesar del peligro, sino debido a él.

“Hace dos años, René me dijo que se había fracturado unos huesos y estaba arriesgando su vida”, dijo Martínez. “Le pregunté que si ya sabía que era peligroso, por qué se había ido por ahí. Dijo que tenía que ponerse en peligro para darle significado al ritual”.

Después de caminar 40 kilómetros, un grupo de tigres de Zitlala entonan cánticos dentro de una cueva en la cima del Cruzco, el cual se considera sagrado porque tiene una cueva natural en su interior que siempre está mojada. El corazón de la montaña siempre les da agua

Vísceras de animales ofrecidos en el cerro del Cruzco