Médico hijo de jornaleros ofrece esperanza a campesinos indocumentados

Luis Bautista sabe que el camino no es fácil, pero que llegar a la meta vale la pena

Agencias
viernes, 24 mayo 2019 | 11:51
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Los Ángeles – Hijo de jornaleros mexicanos, que también tuvo que recoger frutas y verduras siendo niño para ayudar a su familia a sobrevivir, Luis Bautista estudió medicina por la insistencia de su madre y regresó a los campos de California para atender a miles de campesinos indocumentados, dio a conocer el Diario NY.

El médico, de 64 años especializado en medicina interna, lleva más de 30 años durante los que ha atendido alrededor de 30 mil consultas en sus tres clínicas en California, dos en el Valle de San Joaquín, y una en Oxnard, una zona cercana a Los Ángeles.

Estos centros se convierten en una especie de refugio donde no se pregunta a los pacientes por su estado migratorio, y aquellos que no cuentan con seguro médico tienen formas particulares de pagar.

En estos consultorios los pacientes llegan con huevos campesinos, verduras y otros productos del campo para canjearlas por la consulta o medicinas.

Bautista dice que lo importante es que tanto los inmigrantes como sus hijos cuiden de su salud y eviten llegar a la sala de emergencia, al ser consciente de que la hospitalización de un campesino impacta de sobremanera a toda la familia.

El personal de estas clínicas también cuenta con protocolos en caso de que agentes de Inmigración allanen los consultorios, pues en esta época es ‘mejor estar preparado’.

Pero en medio de las precauciones el doctor le repite a sus pacientes y a su personal que la actual dinámica antiinmigrante del gobierno del presidente Donald Trump pasará, tal y como sucedió en las décadas anteriores.

Incluso el médico menciona de memoria los artículos de la constitución que protegen a los inmigrantes y que establecen que no es obligación hablar inglés para vivir en el país.

Las duras políticas del mandatario contra la inmigración ilegal y la presencia de indocumentados en el país le recuerda a Bautista la historia de sus padres, que llegaron de México a trabajar en los campos en la década de 1950 a Fresno, California, donde su hermano mayor y él nacieron.

El doctor cuenta que él apenas caminaba cuando sus padres fueron víctimas de la Operación ‘Wetback’, por la que se ordenó la deportación masiva de inmigrantes mexicanos en 1954.

A los padres del galeno les hicieron escoger entre una salida voluntaria o la deportación, y la pareja optó por marcharse, en el camino nació el tercer hijo.

Así, Bautista creció en Mazatlan, en el estado de Sinaloa, y vivió allí hasta los doce años, cuando sus padres decidieron volver a buscar el ‘sueño americano’, está vez venían con diez hijos y se instalaron en Oxnard, una zona agrícola cercana a Los Ángeles.

“Aunque todos trabajábamos el dinero no alcanzaba. Ir al médico era un lujo y los remedios caseros eran nuestras medicinas”, recuerda.

En el campo, el médico tuvo que recoger limones, naranjas, chiles y tomates para ganar un dinero y así ayudar en su casa.

Aunque en la época los latinos no estaban destinados a ir a la universidad, la mamá del médico le insistió que la educación superior sería lo único que lo sacaría adelante.

Tras pasar por las universidades en Wisconsin y en Nevada, Bautista volvió a Fresno para cumplir la promesa de ayudar a su gente. “El indio siempre vuelve a su tierra”, dice con orgullo.

Así comenzó su ayuda a los inmigrantes que ha inspirado a sus hermanos y sus cuatro hijos, que están vinculados a las tres clínicas.

Su lección de esperanza no sólo es para los indocumentados, también se la da a las primeras generaciones a las que invita a estudiar, a superarse y a aprovechar los recursos que existen para estudiar como su madre hizo con él.

Bautista tiene una lista de recursos, desde becas hasta el servicio militar, gracias a los cuales los jóvenes pueden acceder a recursos para educarse.

“El ‘sueño americano’ existe, sólo hay que esforzarse y no sentirse menos, hay que resistir y luchar, esto va a pasar” afirmó Bautista.

Mientras tanto, sigue su tarea de curar a unos inmigrantes que realizan un duro, pero vital, trabajo para llevar a las mesas de todo el país productos frescos.

“Hablo mucho con mis pacientes sobre lo duro que es el trabajo del campo, pero también hablamos de las bendiciones que se reciben después de tanto doblar la espalda, y de la importancia de esa labor”, recuerda.