De niña inmigrante, a defensora y jueza en Los Ángeles

Teresa Sánchez-Gordon cuenta su experiencia desde que llegó a Estados Unidos, hasta que decidió dejar la Corte Superior de California y unirse a una firma legal

Agencias
miércoles, 24 julio 2019 | 13:15
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Los Ángeles – Cuando Teresa Sánchez-Gordon crecía en el Este de Los Ángeles nunca soñó con que un día llegaría a ser abogada y mucho menos jueza en la Corte Superior de Los Ángeles por más de dos décadas, publicó La Opinión.

Estudió para ser maestra, y cuando ya ejercía la profesión, se fue interesado en la práctica del derecho cuando escuchaba a su esposo, el abogado Walter L. Gordón III hablar con su padre también abogado acerca de leyes.

“Todas las mañanas mientras nos preparábamos para ir al trabajo, ellos hablaban de los tipos de casos que llevaban, sus clientes, defensores, jueces, sus calendarios de trabajo, y me fui interesando mucho”, relata.

Así un día, decidió inscribirse en la escuela de leyes People’s College of Law en Los Ángeles. “Por las mañanas trabajaba como maestra de primaria. Por la tarde estaba con mi hija y en la noche me iba a la escuela a estudiar para abogada”, dice.

Teresa fue nueve años maestra en la Escuela Elemental Malabar. Y durante cuatro años combinó el magisterio con sus estudios de derecho.

En la escuela de leyes tuvo como compañeros de generación a Antonio Villaraigosa quien después se convertiría en alcalde de Los Ángeles, a Gil Cedillo, concejal de Los Ángeles y a la ahora senadora María Elena Durazo.

“Cuando me gradué cuatro años más tarde,  – en 1988 – fui a trabajar a la Federación del Trabajo del Condado de Los Ángeles y fui directora de un programa migratorio donde ayudamos a miles de personas a legalizarse bajo IRCA (Immigration Reform and Control Act) – la reforma migratoria del presidente Reagan -. Nuestro trabajo era legalizar a los inmigrantes y organizarlos”, explica. 

Trabajar con inmigrantes fue algo que a Teresa le tocó muy de cerca por su origen como una niña inmigrante.

Nació en los Altos de Jalisco, México y a los tres años fue traía por sus padres al sur de California. Es la mayor de 11 hermanos.

“Mi padre José Sánchez fue bracero. Trabajó por todo California. Ahora tiene 92 años”, platica.

Después de recorrer el estado trabajando, el padre de Teresa se asentó en el Este de Los Ángeles y trabajó durante años como carnicero en un matadero y fábrica de carne en Vernon. Fue miembro del Sindicato de Empacadores de Carne.

Sus padres José y María de Jesús Sánchez querían que sus hijos tuvieran mejores oportunidades. Por eso vinieron a Estados Unidos.

“Ellos deseaban que yo me casara y fuera ama de casa. Yo también, pero quería algo más. Cuando le dije a mi esposo que quería ser abogada como él, me impulsó mucho”, recuerda.

En 1988, fue admitida a la Barra de Abogados de California.

Después de varios años de laborar para la Federación del Trabajo del condado de Los Ángeles, prácticamente como un activista proinmigrante, decidió que era tiempo de realmente trabajar como abogada.

“Empecé como defensora pública – en 1990 – en una corte federal de acusados de delitos federales graves. Después de cinco años, decidí lanzarme como candidata para juez por el Este de Los Ángeles”, dice. Se lanzó por una corte municipal que en 2000 fue elevada a Corte Superior mediante un proceso de unificación.

Su madre fue su fan número uno, recuerda. “Recibí mucho apoyo. La gente en el Este de Los Ángeles me decía tú puedes, eres mexicana, hablas español, eres mujer y querían un cambio”, sostiene.

Sus dos oponentes quienes no le veían ninguna posibilidad de ganar se le pasaron peleando entre sí durante la campaña, y se llevaron tremenda sorpresa, cuando en 1996, Teresa se alzó con el triunfo al ser electa la primera mexicoamericana jueza de la Corte Superior de Los Ángeles.

Así durante más de 20 años, atendió como jueza en una corte civil donde le tocó decidir sobre una variedad de casos relacionados con la responsabilidad legal en accidentes catastróficos y de muerte, compensaciones por daños, entre otros temas relacionados. “Tuve que impartir justicia con ojos neutrales”, dice.

Como jueza, afirma que aprendió como el poder que los jueces detentan, afecta la vida de todos los que entran a un tribunal. “Tienes que ver toda la película para hacer justicia. En mi caso aplicarla con mi experiencia como mujer, inmigrante y mexicana”, sostiene.

La jueza Sánchez Gordon se jubiló en 2017 y acaba de anunciar que se ha hecho socia de la firma legal Bond Sánchez-Gordon, especializada en ayudar a personas que se han lastimado en accidentes de vehículos.

“ Sentí que era tiempo de dejar mi posición en el tribunal a otra persona. Me siento muy bendecida. He tenido oportunidades que nunca espere. La ética, la familia y la cultura junto a una educación y las ganas me han abierto las puertas para llegar donde estoy ahora”, dice.