Refugiados centroamericanos y mexicanos escapan por temor a la muerte

La violencia por la que huyen las familias en México es igual a la que hace huir a las familias de Centroamérica

Agencias
jueves, 05 septiembre 2019 | 11:19
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San Diego – Felipe ha comenzado a vender chicles esta semana para tratar de sostener a su familia, a un mes de esperar un turno para pasar a San Diego a solicitar asilo, publicó La Opinión.

“Yo les pido un peso por cada paquetito, pero hay personas que me dan más si les platico la necesidad”, dice el padre de cuatro hijas, todas menores de edad, que huyó de Michoacán con su familia, todos amenazados de muerte.

La familia espera cerca de la entrada del paso peatonal El Chaparral, que al cruzar a San Diego se convierte en paso peatonal del oeste o PedWest, porque ahí se enterará si les toca el turno de cruzar a pedir refugio.

Familias mexicanas y de Camerún esperan en la zona denominada El Chaparral en Tijuana

Felipe dice que “trabajaba alfarería con mi papá, pero comenzaron a llegar unas personas armadas que nos exigían pagarles cada semana hasta que el negocio ya no dio para más; hasta que me dijeron que me daban una hora para que me fuera y ya no regresara, que donde nos encontraran, ahí nos iban a acabar”, explica con nerviosismo.

La esposa de Felipe dice desde una distancia de unos 30 pies que “no hables con periodistas, no sabes qué pueda pasar”.

El padre de familia reconoce que su esposa “tiene miedo; es que hasta aquí nos pueden buscar si saben que vamos a hablar”.

Además, la espera puede ser muy prolongada; hay familias que han aguardado cinco meses sin pasar a entrevista de asilo, otros ya tienen cita para audiencia en San Diego, pero para diciembre o enero.

Felipe es refugiado de Michoacán y padre de cuatro hijas

Felipe espera encontrar trabajo como ayudante de albañilería a unas calles de distancia, pero mientras le confirman, vende los chicles para apenas ajustar para algunos alimentos.

El gobierno federal está por abrir en estas fechas un albergue con capacidad para cinco mil migrantes, donde espera reunir a los centroamericanos, africanos y migrantes de otras nacionalidades ahora en Tijuana.

Pero José María “Chema” García Lara, quien dirige el refugio Movimiento Juventud 2000, dice que al enfocarse en el acuerdo con Estados Unidos, de contener el flujo de migrantes extranjeros que quisieran recorrer México de una a otra frontera para pedir asilo en Estados Unidos, las autoridades se olvidan de una comunidad mexicana importante.

“El sufrimiento por el que huyen las familias de Centroamérica no es distinto al sufrimiento por el que huyen las familias mexicanas”, dice categórico García Lara.

“Pero ¿qué pasa? Sea por el acuerdo con Estados Unidos o por otras razones, el esfuerzo oficial mexicano es por ayudar a los centroamericanos, ayudarles con servicios de salud, a conseguir trabajo, a que estén bien”, comenta Chema García.

José María Chema García es director del refugio Movimiento Juventud 2000

El propio delegado del gobierno federal en Baja California, Alejandro Ruíz Uribe, dice que “los mexicanos como quiera que sea están en su país y les ayudan sus familiares y conocidos; mientras que a los centroamericanos nadie les ayuda y no conocen a nadie”.

“No, pues; eso le hemos pedido a Dios, que ojalá nos ayuden, pero qué va, no se puede”, dice Felipe.

Este mes el 60 por ciento de las familias refugiadas en el albergue de Chema García son mexicanas; el otro 40 por ciento son centroamericanas.

“Yo te invito a que platiques con algunas de ellas, verás que los motivos por los que huyen son iguales; tal vez cambian algunos protagonistas, en un lado son pandillas y en el otro el crimen organizado, pero es el mismo temor, las mismas amenazas de muerte, todos dejan por igual lo que tienen y huyen”, dice Chema.

El gobierno de Estados Unidos evalúa este jueves 5 de septiembre el cumplimiento del gobierno de México al acuerdo de detener a los migrantes centroamericanos y de otras nacionalidades que quisieran llegar a la frontera estadunidense.

El acuerdo sin embargo ignora que en la frontera hay cientos de familias, especialmente de los estados de Guerrero, Michoacán y Jalisco que huyen de la violencia y buscan refugio en Estados Unidos.