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Salud

Virus Respiratorio Sincitial

Enciende las alarmas

Se han elevado la cantidad de casos de VRS, una enfermedad respiratoria que supone un serio riesgo para niños y adultos mayores de 65 años

Staff
El Diario

miércoles, 16 noviembre 2022 | 18:13

Tomada de Internet

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En las últimas semanas, los hospitales infantiles de todo Estados Unidos han encendido las alarmas: sus camas se han poblado de jóvenes pacientes que luchan por respirar y necesitan urgentemente oxígeno. Este año, el culpable no es el coronavirus, sino el virus respiratorio sincitial, más conocido como VRS.

El VRS no es un patógeno nuevo. El virus infecta a unos 64 millones de personas al año en todo el mundo. Pero supone un riesgo especialmente elevado para los adultos mayores de 65 años y los niños, quienes tienen más probabilidades de requerir hospitalización. 

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En todo el mundo, el VRS causa unas 160 mil muertes al año, entre ellas más de 100 mil niños menores de cinco años. Todavía no hay una vacuna para la enfermedad ni ningún tratamiento disponible para uso general.

Pero hay soluciones en camino. Los expertos afirman que a finales de año podría aprobarse un tratamiento con anticuerpos monoclonales contra el VRS, y que podría lanzarse una vacuna a tiempo para la temporada de VRS de 2023. Pfizer dijo el primero de noviembre que su vacuna tiene una eficiencia del 81por ciento en los primeros 90 días de los recién nacidos y un 69 por ciento en los primeros seis meses de vida. La empresa pedirá la aprobación de su protocolo de vacuna del VRS a finales de 2022.

“Esto podría suponer un enorme cambio a nivel mundial”, expresa Keith Klugman, director del programa de neumonía de la Fundación Bill y Melinda Gates, que financia la vacuna materna candidata de Pfizer.

¿Qué es el VRS?

Es un virus respiratorio que se propaga a través de la tos, los estornudos y otras formas de contacto cercano. También es estacional: alcanza su punto álgido en los meses de invierno. Cualquiera puede contraer o contagiar el VRS, pero las personas con sistemas inmunitarios sanos suelen sufrir solo síntomas leves similares a los del resfriado.

Los adultos mayores con sistemas inmunitarios debilitados tienen más dificultades para evitar el virus, al igual que los niños pequeños, cuyos sistemas inmunitarios aún en desarrollo nunca han estado expuestos al patógeno. Así, estos grupos etarios son más propensos a sufrir infecciones graves por VRS, que pueden incluir síntomas dificultad para respirar. “El VRS era inequívocamente la causa más importante de enfermedades respiratorias graves en bebés y niños pequeños” antes de la aparición de la COVID-19, afirma Kathleen Neuzil, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland. 

¿Por qué aumentan los casos?

No es inusual que en se produzcan tantos casos en una temporada de VRS, pero sí lo es que el VRS aumente tan pronto en el año. Neuzil sospecha que la culpa la tiene la COVID-19: “Ha causado verdaderos estragos en la estacionalidad de nuestros virus respiratorios”. Ahora que muchas personas ya no utilizan habitualmente mascarillas, los expertos plantean la hipótesis de que los virus han empezado a circular fuera de temporada simplemente porque las personas son más vulnerables a la infección después de dos años sin enfermar.

Neuzil dice que no está claro si este cambio es permanente o si el VRS acabará volviendo a su patrón estacional normal, que comienza a mediados de septiembre pero alcanza su punto máximo desde finales de diciembre hasta mediados de febrero. 

¿Por qué no tenemos vacuna contra el VRS?

Los investigadores llevan décadas intentando prevenir las muertes por VRS. Un esfuerzo en concreto por desarrollar una vacuna durante la década de 1960 fue un fracaso colosal: enfermó a los niños en lugar de protegerlos.

Bill Gruber, vicepresidente senior de investigación y desarrollo clínico de vacunas en Pfizer, señala que entonces estaba claro que el objetivo era “atacar la parte comercial del virus”, o la proteína que permite que el virus se fusione con la membrana de una célula pulmonar humana.

Pero el avance fundamental llegó en 2013, sostiene Gruber, cuando los científicos descubrieron que necesitaban estabilizar la proteína viral utilizada en la vacuna para mantenerla en su forma previa a la fusión. 

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