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Opinión

Ya nadie leerá esto

Seamos sinceros, en la actualidad hay una gran brecha generacional entre quien lee el periódico y la juventud que de forma rara va a leer uno en su vida

Hernani Herrera
Analista

lunes, 05 septiembre 2022 | 06:00

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Seamos sinceros, en la actualidad hay una gran brecha generacional entre quien lee el periódico y la juventud que de forma rara va a leer uno en su vida. Es así que el periódico impreso parece acercarse cada vez más al destino de sus primos que son los telegramas, las cartas, postales y en cierta medida la radio. 

Es irónico que escriba esto para ser impreso en esa tinta que remoja la finura del papel, no obstante tendrá su réplica en el Internet, lo cual casi asegura la perpetuidad de su contenido. No sucede así con la ingente cantidad de periódicos que han pasado por las manos juarenses desde el siglo XIX.

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Seré realista, el público que puede llegar a leer esto en papel se reduce a una población que supera los 40 años. Y es que en las nuevas generaciones tomar un periódico puede resultar un acto del pasado, propio de nuestros abuelos cuando iban a la peluquería o con un café. 

Es así que el periódico puede parecer un fósil, pero la realidad es que su función sigue activa, solo que ahora en formatos más modernos. La historia de los periódicos en nuestra región se remonta a finales del siglo XIX, cuando sus nombres hacían clara referencia a su pertinencia en la sociedad. Así tenemos títulos como “El Centinela” o “El Agricultor Mexicano”, los cuales tuvieron vida en el siglo antepasado.

Luego llegaron títulos que aún son familiares para los adultos como “El Fronterizo”, “El Correo” o este mismo. Y es que la actividad periodística ha sido algo fundamental en la vida social de esta ciudad. Desde ser órganos de información estatal a ser verdaderos “influencers” dentro de la opinión pública.

Y esta ciudad fronteriza no se quedó atrás en la publicación periódica. Fueron personajes como Espiridión Provencio quienes impulsaron este medio de comunicación, así en el último tercio del siglo XIX realizó la “Revista Internacional”, donde se recogieron los principales sucesos de esta frontera. 

Para los habitantes de esta región durante el Porfiriato, alejada de la Capital de la República, era muy importante el papel impreso para estar al día de los acontecimientos en otros lugares. Es así que la llegada del ferrocarril también influyó mucho en la comunicación con la región centro y sur del país e incluso del mismo Estados Unidos. Igualmente se agilizo el intercambio de información, como pudieron ser los periódicos, las revistas, cartas y las postales que iban y venían desde la oficina de Correos. 

Actualmente, imaginar que hubo un tiempo donde las noticias no eran instantáneas e incluso podía pasar un mes esperando una respuesta es impensable. Las cartas son otro objeto de la cotidianeidad que eran todo un ritual en sí y que ahora solo conocemos por los recibos de banco que llegan a nuestras casas de vez en vez. 

Por lo que, la oficina de correos, primero ubicada a un costado de la Misión de Guadalupe y después sobre la Lerdo, era toda una central de comunicaciones con todo el país y otros lugares del mundo. 

La comunicación se ha visto profundamente modificada en las últimas décadas, tanto así que ahora parece impensable algo fuera de lo digital. Sin embargo, recorrer las hojas grises del periódico parece un acto de resistencia ante la inmediatez del mundo. Más radical aún sería mandar una carta desde Ciudad Juárez a otra ciudad, pero vaya, se puede intentar todavía. 

Ahora el título puede llegar a cobrar sentido, aunque pensándolo bien sería bueno agregar un “casi”, demostrando que todavía hay una parte que sigue con ese bendito ritual en las mañanas. Basta acudir a algún café, como la Nueva Central de la 16, para comprobarlo. Y de las cartas, pues sería bueno precisar que todavía hay quienes enamorados las siguen escribiendo, reproduciendo una práctica de hace siglos. 

Postdata: Quien lea esto puede animarse a enviar alguna carta, incluso entablar conversación de eso con algún adulto mayor o compartir esta columna quincenal con sus amistades.

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