Opinión

Ya basta

La igualdad entre hombres y mujeres no debe ser una utopía a la que ociosamente se aspire

Daniela González Lara
Analista
sábado, 09 marzo 2019 | 06:00

La igualdad entre hombres y mujeres no debe ser una utopía a la que ociosamente se aspire cuando en realidad es un derecho social que merecemos todos que sea real, necesitamos la igualdad porque de esa forma tendremos un mundo más justo y más libre para el momento presente y las próximas generaciones. Es increíble que en pleno siglo XXI continuemos exigiendo derechos tan básicos como que las leyes emanadas del sistema heteropatriarcal no se metan en la decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo y se nos siga discriminando y negando el acceso y ejercicio pleno a todos los derechos por el hecho de haber nacido hembras.

El 8 de Marzo es un llamado de lucha a quien pueda comprender que no se debe felicitar por haber nacido mujeres, nosotras escogemos la libertad del ser a que nos pongan en un pedestal de sufridas, santas y benditas, nosotras preferimos igualdad salarial a que nos digan que somos “la creación más bella de Dios sobre la tierra” cuando en México las mujeres ganamos un 34 por ciento menos que los hombres aun cuando empleo y educación son similares. Tampoco queremos que se diga que no se nos debe tocar “ni con el pétalo de una rosa”, como diciendo que somos débiles, cuando en realidad no nos deberían tocar, masacrar o matar sólo por el hecho de ser personas, pues en este país cada día suceden nueve muertes de mujeres por homicidio.

Las estadísticas en este país hablan por sí mismas, y son urgentes las políticas públicas que requerimos para que dejen de hacernos daño, no solamente para ser atendidas cuando la agresión ya está hecha.  Parece increíble que sigamos culpando a las mujeres cuando a manos masculinas somos nosotras las víctimas violentadas que sufren la agresión, es inaudito que mantengan en puestos judiciales o gubernamentales a quien justifica el daño físico y psicológico que significa una violación sexual con la excusa de que no debieron andar caminando solas o vestidas de tal o cual forma, pues el solo hecho de pensarlo los convierte en cómplices de los depredadores y pervertidos sexuales que andan sueltos y campantes gracias al sistema patriarcal que históricamente nos ha inculcado que las mujeres debemos aprender a defendernos de los violadores, en lugar de enseñarle a los hombres a no violar.

Ya basta de tomar a chiste el movimiento feminista que exige desde la más noble de las protestas que a una mujer se le respete su derecho a ser diferente del hombre, como también lucha el movimiento por la liberación de las mujeres de un sistema normativo que nos ha oprimido y nos ha puesto en segundo lugar en la escala de seres humanos en el mundo. Erradiquen de su vocabulario motes ridículos como el de “feminazi” cuando según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), quienes matan a las mujeres son los hombres y para muestra el dato del 43.1 por ciento de las mexicanas que han sufrido humillaciones, menosprecios, encierros, la destrucción de sus cosas o del hogar, vigilancia, amenazas de que su pareja se vaya, de ser echadas de su casa o de ser separadas de sus hijos, y amenazas con algún arma o con la muerte o con el suicidio de la pareja.

Yo agradezco y reconozco desde este espacio a las mujeres valientes de mi bendita frontera, que aun siendo Juárez estigmatizada por el homicidio y la violencia contra de las mujeres, también es un estandarte de fuerza y un escudo que nos ha enseñado a educar al mundo de la fortaleza de quienes seguimos vivas y que también hemos sido agredidas de una forma o de otra en una ciudad dolorosamente desigual con las mujeres, en un país que con atortugados pasos legislativos muy poquito a poco avanza en los temas de igualdad de género, en un mundo que nos separa a nosotras mismas cuando en Dinamarca una mujer puede caminar por la noche tranquila de regreso a su casa y en México no.

Por eso, es toda nuestra responsabilidad alzar la voz, aunque nos quieran callar, ser diferentes aunque nos hayan dicho que no nos lo merecemos, brillar y volvernos fuego alto aunque insistan en apagarnos, mostrarle al mundo entero que somos un movimiento, que estamos juntas y que no vamos a parar hasta tumbar al patriarcado, porque queremos estar vivas, ser libres,  y además merecemos un mundo más justo, incluso para los hombres. Gracias por leer, ¡que vivan las mujeres! Yo soy Daniela González Lara.