Visión de género en el espacio público

Diseñar espacios con enfoque de género, siempre será una de las mejores prácticas que podemos hacer

Elvira Maycotte
Escritora
miércoles, 10 abril 2019 | 06:00

Es un tema actual y una necesidad inminente: el diseño de los espacios públicos seguros, en particular, para las mujeres. Por ello diseñar espacios con enfoque de género, siempre será una de las mejores prácticas que podemos hacer y más aún cuando se trata de espacios públicos. Esa es una verdad de la que yo misma no estuve consciente, sino hasta hace algunos años, cuando me invitaron a participar en una investigación que precisamente tenía como objetivo conocer hasta dónde los hombres y mujeres hacemos igual uso de los espacios públicos o si en la realidad existe una diferencia que pudiera repercutir en su diseño.

Existe la mala práctica entre los diseñadores de definir sus proyectos en base a personas “promedio”, cuando realmente el número de personas que caen en el rango considerado promedio son muy pocas. Con esto quiero decir que los diseños que se hacen en serie o sin un estudio que indique el perfil de los usuarios de los espacios, sólo serán adecuados para ese pequeñísimo grupo, los que caen en el estándar “promedio”; el resto, los muy pequeños o muy altos; los muy flacos o muy gordos, sufrirán por no poderse adaptar a él; también los niños y los adultos sufrirán porque la edad “promedio” siempre recaerá en los jóvenes. Igualmente sufrirán quienes tienen alguna discapacidad o aquellos que, aun cuando siempre gozan de cabal salud, por algún accidente o circunstancia fortuita dejan de ser parte del privilegiado grupo de los “promedio” para pasar temporalmente al grupo donde estamos la mayoría, los que estamos fuera del estándar.

Nos encontramos entonces ante un tema complejo y, precisamente que surge al menos de dos hechos importantes: el primero de ellos es que estamos en una ciudad que en el mejor de los casos está diseñada para personas promedio, es decir, para muy pocos, y el segundo es que se da por hecho que las necesidades y expectativas de los hombres y las mujeres son las mismas, cuando en realidad no lo son.

De viva voz, en un estudio realizado entre los residentes de fraccionamientos de vivienda social sobre los patrones de uso de los espacios públicos, se hizo evidente que casi no hacen uso de ellos y las razones que argumentan son por estar lejos de su domicilio, por falta de vigilancia o por no tener tiempo; si antes una de las razones más importantes era “porque sólo tienen tierra”, es decir, aludían a sus condiciones físicas. Hoy las razones de seguridad son el mayor obstáculo, tanto por cuestiones de vigilancia, como por estar localizadas en predios residuales, distantes. Las mujeres manifestaron que tienden a acudir con la familia, o bien, a caminar por las mañanas, preferentemente acompañadas y dijeron también que harían mayor uso de los espacios públicos a escala vecinal si pudieran vigilar a sus hijos desde su casa. Además, aunque las mujeres muestran mayor insatisfacción, ambos, hombres y mujeres, los consideran insuficientes y las mujeres son las que más insatisfechas se muestran respecto al mantenimiento, aunque son ellas las que se deslindan de esa responsabilidad y la adjudican a las autoridades, aun cuando consideran que los espacios públicos son muy importantes en su vida cotidiana.

Son los hombres quienes manifestaron acudir solos y en horarios vespertinos o nocturnos; eso seguramente responde a que son las mujeres quienes tienen una mayor percepción de inseguridad y, esta causa, las inhibe para hacer mayor uso de ellos. Las mujeres se sienten tan inseguras en los espacios públicos que, por cada hombre que se siente inseguro, son tres las que experimentan esa angustia. 

Pero ¿qué es lo que causa esa angustia? La falta de alumbrado es un problema que tanto hombres como mujeres enfrentan día a día y exacerba ese sentimiento, más aún en las mujeres. Y ¿qué es lo que deberían tener los espacios públicos para favorecer su uso? Además del alumbrado público y vigilancia, quieren lugares sombreados, con juegos infantiles y bancas. 

Pero retomemos aspectos básicos. Los espacios públicos con los que contamos en esta ciudad son oscuros, alejados o inseguros, son insuficientes y su diseño deja fuera a las personas que no cumplen con el perfil “promedio”, y mucho menos responden a cuestiones de género. Deseo llamar la atención sobre las voces no escuchadas: son las mujeres quienes demandan mayor vigilancia y también son ellas las que siguen sufriendo los estragos de ignorarlas... ahí mueren, ahí son arrojadas como un grito ante la indiferencia.