Opinión

Violencia: la humanidad rota

Cada día presenciamos, en nuestra ciudad y en nuestro país, actos de violencia más atroz, más cruel

Lourdes Almada Mireles
Analista

viernes, 14 febrero 2020 | 06:00

Cada día presenciamos, en nuestra ciudad y en nuestro país, actos de violencia más atroz, más cruel. Ante cada acontecimiento, no puedo dejar de preguntarme cómo es que llegamos a estos extremos; cómo es que nuestra sociedad ha generado un nivel de sufrimiento y violencia tal en las personas que han desarrollado la capacidad de generar niveles tan grandes de dolor y sufrimiento a otros y a otras. Cuando pienso en la violencia y en sus impactos, en la sociedad que somos, aparecen muchas historias y muchos rostros. Revolotean las historias de abandono, las mujeres que duermen dos o tres horas diarias, las comunidades abandonadas o encerradas por la violencia, la falta de oportunidades para acceder y permanecer en la escuela, las condiciones de la vivienda y el hacinamiento… y así, se amontonan las violencias que hemos acumulado, las situaciones que claman por ser atendidas y ante las que seguimos siendo indiferentes.

De entre todas esas historias, hay dos que surgen hoy con mucha fuerza. La primera es la de un adolescente que fue asesinado en una tapia en una colonia del suroriente. Otro grupo de adolescentes empezó a cortarlo con vidrios. Cuentan los vecinos que mientras era lastimado, gritaba con fuerza: ¡Ya estuvo, ya estuvo! Ninguno de los otros jóvenes escuchó o atendió a su grito. Hubo vecinos que escucharon, pues así lo declararon, pero nadie quiso o nadie pudo intervenir. Quienes conocen la historia de los jóvenes agresores, saben que ellos mismos muchas veces pronunciaron ese mismo grito, muchas veces pidieron auxilio. Nadie escuchó, o nadie quiso o pudo auxiliarles.

La segunda no es precisamente una historia, sino una declaración de un adolescente. En una investigación que realizamos como parte de un proyecto de Techo Comunitario A.C., realizamos entrevistas grupales a niñas, niños y adolescentes, a través de las cuales exploramos la presencia de la violencia y el significado que le daban. Se llevaron a cabo diversos grupos, en diversas zonas de la ciudad. Un chico de primero de secundaria, en un barrio del poniente, ante la pregunta: ¿qué es para la ti la violencia? Respondió: “es algo que está bien gacho que te hagan, pero que está bien chido hacer”.

Sus palabras pueden darnos una pista para empezar a abordar y revertir la realidad que tenemos. Vivimos en una sociedad en la que la violencia se reproduce a través de esa división en víctimas y agresores. Mientras me encuentro en una situación de desventaja soy víctima y en cuanto estoy en una relación con más poder, me convierto en el agresor. Si no generamos intervenciones que desvanezcan esa idea y desarrolle otras formas de relación, los ciclos de violencia seguirán reproduciéndose, cada vez con mayor profundidad y crudeza. Es urgente desarrollar políticas públicas y acciones en todos los órdenes posibles que lleven a las personas, las familias y las comunidades a tener las condiciones mínimas para su desarrollo y a sanar los impactos de la violencia, a procesar la rabia, el miedo y la tristeza que siguen acumulándose y que, instalados en el seno de nuestras familias y comunidades, hacen que las rupturas sean cada vez más profundas. Mientras más nos tardemos, más difícil será revertir el estado de las cosas; más difícil será reparar la humanidad rota que se expresa en tantas formas de violencia.

Tenemos que preguntarnos en serio qué es lo que está roto en nuestras comunidades y en nuestras familias, qué es lo que se va rompiendo en nuestros niños y jóvenes. Estamos obligados a preguntaros qué estamos haciendo mal y qué no estamos haciendo. Es indiscutible que tenemos que cambiar de rumbo, es necesario entonces preguntarnos hacia dónde tendríamos que dirigir el timón para llegar a un puerto en el que podamos vivir en paz, en el que haya oportunidades de desarrollo para todas y todos, en el que cada persona tenga la posibilidad de ser plenamente humana y avance hacia la propia realización. Sé que no hay respuestas fáciles. Nos ha tocado vivir en un mundo convulso y muy complicado. Pero también sé que construir otras realidades es posible.

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