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Opinión

Vencer la herencia patrimonialista, el reto de Morena

El próximo fin de semana será crucial para el partido gobernante de México, Morena, pues se celebrarán las asambleas distritales en las que se elegirán a los consejeros-delegados de Morena

Luis Javier Valero Flores
Analista

domingo, 24 julio 2022 | 06:00

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Patrimonialismo, “… un tipo de regla en la que el gobernante no distingue entre patrimonio personal y público y trata los asuntos y recursos del Estado como su asunto personal”: Nathan Quimpo.

Su naturaleza esencial radica en que los bienes o recursos públicos son tratados como propiedad del gobierno y de quienes gobiernan y sus partidos. Es una manera de entender que todos los recursos públicos son manejados y administrados por los gobernantes sin necesidad de rendición de cuentas.

El próximo fin de semana será crucial para el partido gobernante de México, Morena, pues se celebrarán las asambleas distritales en las que se elegirán a los consejeros-delegados de Morena, que integrarán los Consejos Estatales, el Congreso Nacional y a una parte importante del Consejo Nacional.

Esos días se realizarán las 300 asambleas distritales en todo el país. En Chihuahua se efectuarán el domingo 31, simultáneamente en los 9 distritos electorales federales, cuya cabezas se ubican, 4 en Juárez, 2 en Chihuahua y las de Cuauhtémoc, Delicias y Parral, ahí habrán de elegirse 90 consejeros estatales, quienes, en asamblea estatal posterior (agosto 7), elegirán presidente del Consejo, dirigente y secretarías ejecutivas del Comité Estatal.

 No es una exageración asentar que se juegan el futuro mediato e inmediato. Ya no tendrán tiempo para realizar una nueva elección de dirigentes durante el gobierno de López Obrador, sin duda alguna el factótum de este partido. La siguiente será ya con el tabasqueño como expresidente y bajo el mandato presidencial de otro político.

Luchar contra el patrimonialismo, que parece haber encontrado una inmensa apertura en el partido gobernante de México, será el inconmensurable reto de los morenistas.

No es cualquier cosa hacerlo, máxime si sopesamos que en la conformación actual de MORENA participan muy activamente, y de manera decisiva en muchos puestos de la administración pública federal y estatal, quienes formaron parte de los partidos del antiguo régimen, sobre todo quienes vienen del fundador de ese régimen, el PRI, cuya cultura política, por desgracia, ha permeado en el total de los partidos políticos existentes.

Muchos años atrás, para referirse al cambio de las tendencias culturales, el ex rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Jorge Medina Viedas, afirmó que quienes buscaron afanosamente un cambio en los patrones culturales, por hacer que predominaran otras formas y otros gustos culturales, y no solo la predominancia del “gusto por la música de banda y el cinto pitiado”, fuimos derrotados, dijo; la cultura de la banda, ensalzando los supuestos triunfos de los narcotraficantes y el uso de los cintos pitiados se hizo hegemónica entre los jóvenes sinaloenses.

Así, también en los círculos dirigentes y en una buena parte de la base de Morena, la antigua cultura patrimonialista del priismo se asentó firmemente y puede encontrar una inmejorable oportunidad en los procesos eleccionarios del próximo fin de semana.

El acarreo de votantes, el condicionamiento económico a que voten, el “facilitamiento” a las personas, para que sufraguen en favor de quienes aspiran a formar parte de la élite del morenismo, pueden ser fenómenos generalizados.

Y es que el método aprobado para elegir a sus dirigentes, el del voto de todos los ciudadanos que se acerquen a las mesas de votación, y afiliarse en ese momento, posibilitará todo el acarreo imaginable de votantes. 

Quien “movilice” más personas podrá acceder (o “facilitar” que sus compañeros-amigos-subordinados-) lleguen a ocupar uno de los 10 lugares que por distrito estarán en disputa.

Las tentaciones estarán a la orden del día, sujetas a ese pasado patrimonialista en el que los funcionarios usaban la estructura del gobierno para acceder -o hacer que sus allegados lo hicieran- a los puestos del poder público.

Es que la mayoría de los delegados del gobierno federal no se comportan exclusivamente como funcionarios públicos, (de esos cargos han emergido no pocos candidatos a las gubernaturas estatales de Morena) sino que actúan bajo el impulso del activismo político, ya fuere “en función de la causa” o, como lo es en la mayoría de los casos, por “motivaciones personales”.

Y lo mismo se podrá asentar en el caso de la mayoría de los gobernadores, cuyo pasado se ancla en los partidos del viejo régimen y a quienes las prácticas patrimonialistas no les son ajenas; como ahora lo demuestran, desde la dirigencia nacional, hasta los funcionarios federales  más elevados, provengan de la izquierda o del PRIAN, con absoluto desprecio hacia el marco legal-electoral al que tanto contribuyeron a construir,  como lo han demostrado en los más recientes actos claramente preelectorales.

Asimismo, la evolución de los cuadros dirigentes medios y bases de Morena evidencia el modo en que se ha comportado la correlación entre los que provienen de la izquierda y los que vienen del PRI. El priismo, como cultura política, goza de cabal salud entre cuadros y dirigentes de Morena, pues de ahí proviene la mayoría de los nuevos integrantes, funcionarios públicos y dirigentes.

La izquierda ha sido derrotada en Morena. Si ya había una tendencia prevaleciente en la designación de candidaturas y funcionarios públicos, hoy es una realidad incontrastable.

Esa es una diferencia fundamental entre Morena y el PRD de los orígenes, su inmediato antecesor como partido de izquierda. 

En tanto que en el PRD de los 90’s y la primera década del presente siglo, quienes provenían de la izquierda (de todos sus afluentes, la electoral, la social, la procedente de las guerrillas, la abstencionista) eran la parte mayoritaria del perredismo; en Morena, conforme se acercaba la elección presidencial del 2018 -luego de la elección intermedia del 2015- crecía el número de militantes con antecedentes priistas.

Eso se potenció después de la elección del 2018 con la postulación de un importante número de candidatos a las gubernaturas con prolongadas militancias en el priismo. Hoy es un fenómeno casi general, tanto en el partido, como en el gobierno.

La demagogia, la corrupción, el uso político de la ley, la defraudación electoral, la manipulación, la corrupción y la impunidad están presentes en este partido, aunque sus millones de seguidores no quieran verlo.

A diferencia de la fundación del antecedente del viejo PRI, el Partido Nacional Revolucionario (PNR), Morena no tiene un proceso de institucionalización de la vida partidaria, debido a que su nacimiento fue resultado de la fuerza personal de su fundador, López Obrador, y de él depende, exclusivamente, la viabilidad de lo que ha sido, hasta ahora, el mayor partido de izquierda mexicano, así en el camino haya perdido esa categorización.

Sí, el PNR nació a convocatoria de Plutarco Elías Calles, pero fue el resultado de la conjunción de numerosos liderazgos sociales y militares, que todavía a fines de los 20’s obedecían a un reflujo de la Revolución Mexicana, y de la interacción entre todos ellos (así como la participación decidida del presidente, cualquiera que haya sido) surgió una estructura partidaria más sólida que la de Morena actualmente.

De ahí que lo más probable es que al irse AMLO de la escena política, Morena sufra divisiones y resquebrajamientos, al grado, incluso,  de desplomarse. Y es que está formado por militantes con ideología diversa y confrontada, además de las consecuencias políticas generadas por la definición de la candidatura presidencial.

A su vez, la competencia entre los grupos locales puede llevar a una agudización de la confrontación interna en Chihuahua. 

No es novedoso asentar que los proyectos políticos de los dos principales liderazgos -el de Cruz Pérez Cuéllar, el alcalde juarense, y el de Juan Carlos Loera, el delegado federal- encontrarán una inmejorable oportunidad en la elección del próximo domingo para acentuar sus crecientes e inocultables diferencias.

Una vez superada la etapa distrital, si lo hicieran, la dirigencia estatal podría definirse, el domingo 7 de agosto, entre Omar Holguín, presidente del consejo estatal de Morena, impulsado por el alcalde juarense; José Sarmiento, (a quien, se le ubica como allegado a la Secretaria del Bienestar, Ariadna Montiel, hasta ahora cercana a Loera), a quien se le achaca ser el principal referente político del exdiputado federal, Ulises García Soto; el regidor de Chihuahua, Eliel García; el exdiputado local, Miguel Ángel Colunga Martínez, ligado al ex presidente estatal y ex secretario de Desarrollo Social de Javier Corral y hoy Jefe de asesores de los diputados locales morenistas, Víctor Quintana; Juan Pablo Delgado, delegado del Trabajo en el estado; Zyanya Sandoval, vocera de los diputados locales de  la pasada legislatura y Elena Rojo Almaraz, antigua militante e integrante de la dirigencia estatal del PRD.

asertodechihuahua@yahoo.com.mx; Blog: luisjaviervalero.blogspot.com; Twitter: /LJValeroF

Fuente de citas hemerográficas recientes: Información Procesada (INPRO)

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