Opinión

Vacunas a médicos

Este sábado 3 de abril recibí la primera dosis de la vacuna de AstraZeneca

Sergio Sarmiento
Periodista

lunes, 05 abril 2021 | 06:00

Ciudad de México—Este sábado 3 de abril recibí la primera dosis de la vacuna de AstraZeneca. El escenario fue la hermosa escuela primaria Benito Juárez en la colonia Roma de la Ciudad de México, construida en 1924 por el arquitecto Carlos Obregón Santacilia en un equilibrado estilo neocolonial por instrucciones del entonces secretario de educación José Vasconcelos. La organización fue perfecta. Tenía mi cita a las 15 horas, llegué a las 14:30, y a las 15 ya estaba vacunado y en observación. 

No pude, sin embargo, evitar sentirme un poco avergonzado. Mi trabajo como periodista, que no he suspendido ni un día en la pandemia, no me somete a riesgos excesivos de contagio. En cambio, decenas de miles de médicos, enfermeros y personal de salud siguen sin recibir la vacuna, a pesar de que los protocolos internacionales, y el sentido común, señalan que deberían ser vacunados con prioridad. 

El jueves 1ro de abril cientos, quizá miles, de médicos privados protestaron en las instalaciones de la Escuela Médico Naval. Se les aplicaron unas 250 vacunas, pero después algún político dio instrucciones de que se les rechazara. “Para los privados no hay vacunas, ni hoy ni mañana”, gritaban los encargados a través de altavoces, en un nuevo ejemplo de la discriminación del gobierno al personal médico privado. 

El propio presidente Andrés Manuel López Obrador ha manifestado en varias ocasiones su desdén por las actividades del sector privado. En el caso de los médicos, el 8 de mayo de 2020 contrastó la supuesta dedicación de su secretario de salud, Jorge Alcocer, y de su subsecretario Hugo López-Gatell con el “mercantilismo” de los médicos privados. “Antes los médicos solo buscaban enriquecerse"”, afirmó y añadió un chascarrillo: “Llegaba el paciente. ¿Qué tienes?, le preguntaban. Me duele acá, doctor, respondía. No, qué tienes de bienes”. 

La verdad es que los médicos, tanto del sector público como del privado, corren los mayores riesgos de infección. Es falsa la idea de que solo el personal en primera línea de tratamiento para el covid está en riesgo. Los médicos generales hacen las primeras revisiones de los pacientes y los remiten, en caso de covid o de cualquier otra enfermedad, a tratamientos más especializados. Con el desplome del servicio en las clínicas del IMSS, del ISSSTE y del ya desaparecido Seguro Popular, los médicos de las farmacias privadas se han convertido en la primera línea de contacto para la gente de escasos recursos. Son médicos que rara vez tienen seguro médico. Los dentistas, por otra parte, corren riesgos enormes. El coronavirus no verifica los papeles laborales de un médico o enfermera para ver si trabaja en el sector público o el privado antes de infectarlo. 

En la mayoría de los países de los que tengo información, los médicos y el personal de apoyo han sido los primeros en recibir vacunas. En México se dio prioridad al personal de primera línea, lo cual se entiende, y al del sector público, lo cual no tiene más lógica que un ánimo de discriminación. Aquí ya se ha vacunado a maestros en Campeche, pese a que la entidad tiene una tasa muy baja de contagio, y se ha procedido a aplicar la vacuna a personas de más de 60 años con riesgo bajo de contagio. 

Yo agradezco estar vacunado, pero gustoso habría cedido mi dosis a esos médicos, dentistas, enfermeros, camilleros, afanadores y demás que el gobierno discrimina porque no trabajan en el sector público. Son héroes que cuidan de los demás, pero a los que los políticos desprecian.