Opinión
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Uno de ellos puede relevar a la paloma de Palacio

Prueba de la corrupción es que, invariablemente en todas las obras, los plazos de terminación han sido incumplidos hasta rebasar el año

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 03 enero 2021 | 06:00

-Uno de ellos puede relevar a la paloma de Palacio

Uno entre los funcionarios de primero y segundo nivel del Gobierno estatal que radican temporalmente en la ciudad de Chihuahua expresó con asombro las condiciones “de plano chuecas” del nuevo puente que es construido en Francisco Villarreal y Teófilo Borunda.

Eso dijo al arribar a Juárez procedente Chihuahua. Tuvo expresiones nada educadas contra su compañero de gabinete, jefe de Obras Públicas, Gustavo Elizondo Aguilar, a quien no solamente le está quedando chueco ese puente, sino otros que pasaron también por su mano, el de la Arizona y el buñuelo llamado Gaza, de Villarreal Torres y Juan Pablo II.

Es consecuencia todo ello de los concursos y los acuerdos chuecos que han permitido a algunos empresarios constructores jugar a los puentecitos y embolsarse algo de dinero junto a los funcionarios estatales que lo han permitido.

Prueba de la corrupción es que, invariablemente en todas las obras, los plazos de terminación han sido incumplidos hasta rebasar el año. Solamente de palabra son amenazados con sanción los constructores. Ninguno ha pagado por el martirio vial a que han sido sometidos los conductores juarenses por la tardanza y la falta de señalética.

Todo ese lamentable estado de cosas debe empezar a cambiar si no hoy, sí el primer domingo de junio o en septiembre. Cuatro u ocho meses son muchos, es cierto, pero es el tiempo que le resta de gobierno a Javier Corral, el panista llamado la paloma de Palacio. Lleva cuatro años solo ensuciando la cantera del histórico edificio.

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Dijimos el pasado domingo en este mismo espacio que las decisiones internas tomadas días antes por Morena serían de trascendencia fundamental para Chihuahua. Designó su cúpula en la Ciudad de México a quien puede entrar justo al relevo de Corral, Juan Carlos Loera.

Es vital para el estado observar con rayos x a quienes traen ese propósito. Escribimos que serían insoportables seis años más de tumbos, mentiras y simulación que, al final del día, se han traducido en más de 10 mil asesinatos, las finanzas quebradas por una deuda bancaria que ya supera los 60 mil millones de pesos (de los cuales son pagados alrededor de 500 millones mensuales de puritos intereses), la salud y la educación por los suelos.

¿Loera puede con el desafío y no saldrá luego con la cobardía corralista de que heredó el estado en ruinas y no pudo hacer nada, aunque no dejara de pasear un solo día y menos de cobrar puntual su quincena por cerca de 100 mil pesos? La necesidad apremiante exige pegar con solidez comprobable la palabra a los hechos.

Ya saltó pues Loera por el lado de Morena. Hoy brincan con ímpetu a la escena dos correligionarios de Corral que han prometido diferencias sustanciales a los chihuahuenses para los siguientes años. En términos coloquiales, desean demostrar que una cosa es Juana y otra Chana aunque por sus venas corra la misma sangre blanquiazul.

La alcaldesa de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, arranca este tercer día del naciente 2021 su precampaña nada menos que en Juárez, el principal bastión electoral de la entidad por su apetitoso 40 por ciento del electorado.

La patología corralista del odio intrínseco a todo aquel que no se le arrodille, no le aplauda aun las ocurrencias más desastrosas para el servicio público o no se ría de sus chistes inapropiados cual sangre pesada en funeraria, se ha estrellado en la humanidad de la presidenta municipal de la capital estado.

Campos inicia su campaña entre los más de mil delegados panistas juarenses que votarán el 24 de enero (de ocho mil registrados en todo el estado) con esa relativa carga en contra, la animosidad imperdonable de Palacio.

Ha gritado en tono plañidero el gobernador su oposición a Maru buscando relacionarla con el antecesor, César Duarte, pero el análisis no resiste a la lógica más básica.

Duarte y todos sus sueños presidenciales fueron destrozados nada menos que por la alcaldesa y su equipo en la ciudad de Chihuahua. Los 100 mil votos que sacó ella de diferencia en el 2016 son los mismos que han permitido a la perezosa pandilla corralista disfrutar como nunca de la nómina y los privilegios de la administración pública. Ganaron la gubernatura con los votos de ella.

Entonces el coraje ha sido por envidia no únicamente originada en aquellas “proezas” electorales del 2016 y 2018 (Maru sostuvo para Corral y para el panismo una apretada pero mayoría legislativa en el Congreso del Estado) sino por su desempeño general al frente de la alcaldía.

No tiene el Gobierno del Estado un solo peso invertido en obra pública en la ciudad de Chihuahua. Podrán sus voceros decir lo contrario y podremos admitir que, en efecto, pero no llega ni a cualquier cosa. A los números nos remitimos. Gazas, puentes y pavimento han sido colocados por la administración municipal.

Más bien es por todo ello que pesa sobre María Eugenia la amenaza de cárcel que le han lanzado el gobernador y el fiscal Peniche. No la quieren en la competencia electoral aunque las encuestas digan que es la única garantía para que muchos panistas permanezcan cobijados en el presupuesto público.

Hoy empiezan 20 días de intensa campaña interna. Esa es la Maru de los panistas... y eventual gobernadora de los chihuahuenses.

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Campos compite contra el senador (con licencia) y pieza de Corral, Gustavo Madero Muñoz.

No aparece todavía entre los favoritos en las encuestas pero tiene bastante con qué dar la pelea al interior del PAN y sorprender también en la elección constitucional. Tampoco es recomendable quitarle la vista de encima. Por supuesto tiene posibilidades de levantar la mano como triunfador el primer domingo de junio.

¿Serviría a Juárez un corralista?

De entrada esa afirmación es tan incorrecta como decir que Maru es duartista. No es lo que parece.

Madero es un empresario muy fuerte en el norte del país pero hará unas tres décadas ese desempeño lo ha turnado exitosamente con el activismo político a través de Acción Nacional. Ha sido su presidente en el país.

No son pocos los desencuentros fuertes y hasta feroces entablados con Corral que, en ejemplos como este, ha revelado también otra faceta lamentable, su falta de congruencia y de verticalidad; su personalidad convenienciera y camaleónica.

Calificó de “ambicioso vulgar” a López Obrador cuando este andaba en campaña. Ya como presidente logró llevarlo a su residencia en Juárez, se puso el mandil y le preparó “frijoles de la olla”. Quiso mangonearlo. A Madero lo acusó de cómplice de Peña Nieto, pero regresó a su lado hasta conseguir su alianza a finales del 2015 y principios de 2016 para obtener la candidatura panista a gobernador.

La autonomía del precandidato frente a Palacio es comprobable en más historial que ese, pero hoy igual que el resto de sus homólogos en la búsqueda del mismo cargo, debe emplearse a fondo para dejar claro que no solo pondrá a un lado esos vínculos perniciosos, sino que goza de tablas que convenzan de su capacidad para gobernar en los hechos y no desde las palabras.

Tiene poco tiempo para hacer la esforzada tarea, igual que los demás.