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Opinión

El Juglar de la Red

Una zona muy caliente

La zona del desierto de Altar en Sonora, donde se ubican municipios como Caborca, Puerto Peñasco, Plutarco Elías Calles y San Luis Río Colorado, pasó de ser una zona exclusiva de trasiego de drogas para también convertirse en una región de alto tránsito de migrantes que buscan ingresar ilegalmente a los Estados Unidos

Rafael Cano Franco / Analista

sábado, 09 diciembre 2023 | 06:00

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Ciudad de México.- La zona del desierto de Altar en Sonora, donde se ubican municipios como Caborca, Puerto Peñasco, Plutarco Elías Calles y San Luis Río Colorado, pasó de ser una zona exclusiva de trasiego de drogas para también convertirse en una región de alto tránsito de migrantes que buscan ingresar ilegalmente a los Estados Unidos.

El problema es de extrema gravedad porque eso también genera enfrentamientos armados y tiene asolada la región; no hay estimaciones del impacto económico que tiene para los grupos criminales el tráfico de personas, pero el negocio es innegablemente jugoso dada la cantidad de personas que buscan pasar al lado americano.

Del lado mexicano, las autoridades de migración son rebasadas por las oleadas de migrantes que llegan a Sonoyta y que de inmediato son retenidas por las bandas criminales en bodegas donde los mantienen por un tiempo para luego intentar el cruce.

Los migrantes llegan en vuelos comerciales a Hermosillo y luego se trasladan por carretera, sea en camiones de línea comercial o en taxis; inician el recorrido desde la Capital de Sonora hasta el corazón del desierto de Altar, en el trayecto pasan retenes militares y policiacos, controles de migración, pero nadie los detiene a pesar de que muchos de ellos son africanos o asiáticos, no solamente caribeños o centroamericanos que ingresaron ilegalmente a México.

La zona que deben caminar a pie, sea en México o Estados Unidos, es agreste y son cientos de kilómetros donde no hay comunidades, es difícil vigilarla y por ello el cruce se facilita, el problema es que el desierto ofrece muchos peligros: un clima extremoso tanto de frío como calor; carencia de agua por largos tramos, es muy fácil perderse sobre todos quienes no están acostumbrados a esa orografía y además hay cientos de dispositivos distribuidos por la zona para que la Patrulla Fronteriza pueda detectar y ubicar grupos numerosos de migrantes.

En días predeterminados y con grupos de más de cien personas, los “polleros” sacan a los migrantes para llevarlos a una zona de cruce donde con toda calma, frente a las cámaras que tiene instaladas el gobierno de Estados Unidos en la franja fronteriza, cortan la lámina del muro y por esos boquetes ingresan las olas de migrantes para que casi de inmediato sean detenidos por la Patrulla Fronteriza de EU.

Pero el problema es tan grave y se volvió tan cotidiano que la Patrulla Fronteriza también se vio rebasada y le empezó a resultar muy difícil cuidar esos pasos, sobre todo cuando hay cero cooperación de las corporaciones en México, que con complicidad se hacen de la vista gorda y evitan molestar a las bandas criminales que los tienen en sus nóminas.

Ante esto, el gobierno de Estados Unidos determinó cerrar, el pasado fin de semana, la garita  en Lukeville, Arizona que hace frontera con Sonoyta; la idea es destinar el personal asignado a esa garita al operativo de vigilancia en el desierto; al mismo tiempo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus siglas en inglés) anunció que de no recibir apoyo del gobierno de México se verán obligados a cerrar las garitas I y II de San Luis Río Colorado, lo cual es un tremendo golpe para la economía regional.

Un antecedente inmediato de que el gobierno de Estados Unidos hubiera determinado cerrar un paso fronterizo con México y amagar con cerrar otros dos es el cierre de la garita en Eagle Pass, frontera con Coahuila, donde al verse desbordados por las oleadas de migrantes tomaron la decisión de clausurar el paso de México a Estados Unidos.

El problema es humanitario, pero también es de seguridad nacional para ambos países, de seguridad pública y de impacto económico, pero tratándose de un pequeño cruce fronterizo hay quienes lo minimizan como algo de muy poco impacto sin darse cuenta de que el cierre de cualquier cruce fronterizo de manera abrupta, como sucedió en Sonoyta, es un claro mensaje de que la situación se volvió intolerable.

Las autoridades migratorias en Estados Unidos detuvieron en los pasados tres meses a más de 48 mil indocumentados procedentes de Centroamérica, África, Asia y México. Durante los días que tiene cerrada la garita de Lukeville, suman más de siete mil los indocumentados quienes deben ser procesados por un centenar de agentes de la Border Patrol que se concentran en esa labor administrativa en lugar de las acciones de vigilancia de campo

Y al paso de los días, es momento de que del lado mexicano no atinan a reaccionar con acciones cuyo mensaje sea contundente en cuanto a atender el problema de manera integral y no solamente a generar lamentos que en nada ayudan.

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