Opinión

Una película de policías

Recientemente se estrenó en Netflix el título 'Una Película de Policías', que es una propuesta innovadora de documental

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 28 noviembre 2021 | 06:00

Recientemente se estrenó en Netflix el título “Una Película de Policías”, que es una propuesta innovadora de documental dirigido por un equipo de cineastas mexicanos, que han sido laureados a nivel internacional por su autenticidad. La temática se trata de una historia que se narra desde dos voces, un hombre y una mujer que tienen una relación sentimental y que, además, son una pareja de policías de la Ciudad de México. La película, a pesar de hablar sobre temas ampliamente conocidos, muestra una mirada disruptiva de esta problemática.

Las nuevas generaciones le llaman “spoilers” a revelar los secretos de una historia; la peor forma es adelantar el final puesto que eso le quita el chiste a la narrativa. Es por eso que no hablaré sobre los detalles. Intentaré únicamente hablar sobre algunos de los conflictos que plantea el filme.

La policía de la Ciudad de México es un reflejo de todas las corporaciones policiacas del país. Con la agravante de que son casi 90 mil policías los que prestan sus servicios en las 16 delegaciones que existen en esa entidad. En este escenario caótico -como lo es la capital mexicana-, hay aproximadamente 1 policía por cada 100 habitantes, según datos del INEGI, esto sin contar a toda la población de la zona metropolitana que rodea a la Ciudad de México y que incluye varios municipios del Estado de México.

Para hacer una comparación, en Chihuahua hay apenas 6,300 policías, lo que representa un policía por cada 534 habitantes. Si nos concentramos en Juárez, la cosa se pone peor, tenemos 2,300 policías, lo que representa un policía por cada 652 habitantes. 

Cabe señalar, que la métrica usada por la ONU es distinta, porque propone como criterio de validez un índice estadístico en que se establece como norma que deben existir 300 policías por cada 100 mil habitantes. Si lo ubicamos en Juárez, eso significaría contratar a más de 1,500 agentes más, pero eso no es posible, puesto que apenas hay recursos económicos para pagar los que hay. En otras palabras, faltan policías.

La cuestión que plantea la película de Netflix también es referente a la precariedad con la que trabajan las policías. Las y los policías se enfrentan a un déficit de recursos materiales, batallan por los chalecos blindados, por las armas, las balas y los vehículos.

En Juárez, por ejemplo, según lo han afirmado las autoridades locales, se requieren 700 patrullas y se tienen únicamente 400 (según las últimas declaraciones, la mitad de ese parque vehicular se encuentran en reparación). Entonces, Ciudad Juárez tiene alrededor de 200 patrullas para que aproximadamente 800 policías salgan a la calle a vigilar. Es evidente que se requieren más policías, pero también se necesitan más patrullas. Y ni hablar del equipo. 

Por otro lado, están las prestaciones laborales, el policía tiene un sueldo bajo de acuerdo con el riesgo que representa este trabajo. Sobre todo cuando hablamos de Ciudad Juárez, que es la tercera posición en la tabla del índice de violencia por homicidios dolosos en 2020, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Ciudadana y la Justicia Penal, A.C.

Otra cifra alarmante, es la que nos muestra el Observatorio Ciudadano de FICOSEC, donde afirma que, en Ciudad Juárez, llevamos 1,248 homicidios dolosos en lo que va del 2021, un promedio de 113 homicidios por mes, lo que evidentemente muestra una problemática de seguridad que agrava las condiciones de la función policial.

Regresando a la película, ser policía en la Ciudad de México, no es lo mismo que ser policía en Mérida, Yucatán. Sin embargo, son muy parecidos los sueldos y las prestaciones de las y los policías en todas las ciudades importantes del país, pero, en el caso de la Ciudad de México no corresponden al nivel de riesgo que representa. Por otro lado, los incentivos son pocos para las corporaciones de la seguridad en todos los niveles, a pesar de los esfuerzos de la sociedad civil por premiar a los policías más destacados y mejorar los procesos de escalafón, la percepción del policía sigue siendo que no se valora su trabajo.

Por otro lado, según la película de Netflix, la policía está en la constante tentación de la corrupción, algo que se ha normalizado y que también tiene escalas, porque, según la percepción del policía, no es igual de nocivo aceptar un soborno del crimen organizado que de un ciudadano que quiere evadir una norma por conveniencia y que, aparentemente, con esto no lastima a nadie. El argumento es tan natural que parece borrar los límites de la ética e, inclusive, poner en duda ciertas reglas de la moral social. 

El debate aumenta, cuando se trata de enumerar ejemplos de una vieja práctica que viene de “arriba”, la película muestra la otra cara de la moneda, donde la élite de la jerarquía, que se distribuye en los mandos, ejerce el poder dentro de la corporación a su conveniencia y, con ello, muestra la gran desventaja del policía de a pie frente a los jefes. Dicen que “lo que es arriba es abajo” y el tráfico de influencias se presenta en todos los niveles.

Entonces ¿qué le queda al policía en la Ciudad de México? Adaptarse o salirse. Integrarse a una red de complicidades y mantener un precario statu quo o despedirse de la corporación para buscar otra forma de vivir. 

Como se plantea, parece un callejón sin salida, donde las y los policías están jugando en la línea delgada de un prisma, todos los días se debaten entre arriesgar vida para cumplir -a duras penas- con una labor que pocos valoran o voltear a otro lado para que crezca la impunidad, pero también deben sortear los obstáculos para mantener su función en un equilibrio entre la legalidad simulada y el soborno que se encubre con una forma distorsionada de ética.

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