Opinión

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Una mujer bajo tierra y más cárcel para cuatro

La imagen es tan fuerte como trágica, conmovedora y profundamente indignante, el cuerpo de la joven mujer recargado en el hombro derecho de su marido ensangrentado

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 21 noviembre 2021 | 06:00

La imagen es tan fuerte como trágica, conmovedora y profundamente indignante, el cuerpo de la joven mujer recargado en el hombro derecho de su marido ensangrentado. Ella sin vida, él agonizante. (Presentamos de nuevo las fotos respectivas, incluidas varias sobre la modesta tumba de ella, tanto en versión impresa como digital de La Columna).

La foto de muerte le dio la vuelta al mundo. Fue el clímax funesto de una protesta social que atrajo a Chihuahua las miradas de los medios de comunicación nacionales e internacionales.

“Fue una muerte, fue un asesinato infame por parte de la Guardia Nacional (GN)”, ha repetido sin descanso en busca de justicia don José Silva, padre de Jessica Silva, la mujer ejecutada por la espalda por militares de esa corporación en septiembre del 2020 en Delicias.

Jaime Torres, el marido de Jessy, quedó gravemente lesionado; todavía sufre severas secuelas. Quedaron uno al lado del otro en la cabina de una camioneta pick up atacada por la naciente corporación de seguridad de la Cuarta Transformación.

Nada se sabe aún sobre el supuesto proceso penal al que fueron sometidos los militares culpables del tiroteo. Debieron pasar varias semanas para que los jefes de la GN admitieran que sus elementos fueron los responsables del ataque; antes pretendieron desviar la atención a un supuesto enfrentamiento con miembros del crimen organizado.

Después de ese reconocimiento, de la aceptación, los homicidas presumiblemente fueron llevados a una cárcel militar en Mazatlán, Sinaloa, y nada se ha vuelto a saber de ellos, ni siquiera por parte de las familias de las víctimas con derecho a conocer los expedientes respectivos. Existen dudas bien fundadas de que realmente permanezcan recluidos.

Jessica y Jaime fueron convertidos en mártires defensores del agua de La Boquilla. Su participación en las protestas masivas del 8 de septiembre y la toma de ese vital vaso captador para toda la región centro del estado impidió que la presa fuera vaciada por el Gobierno federal para entregar el líquido a  Estados Unidos y cumplir con un polémico como cuestionable tratado internacional de aguas.

Desde entonces quedó tomada la presa por los productores pertenecientes a los distintos módulos del distrito de riego 05, uno de los más grandes e importantes del país, si no es que el mayor.

El pasado 23 de octubre fue levantado finalmente el bloqueo tras intensos cabildeos y pláticas entre la gobernadora del Estado, María Eugenia Campos y el secretario de Gobernación, Adán Augusto López.

Se supuso el fin del estruendoso conflicto por el agua que implicó protestas, muerte, detenciones, incendios de vehículos, oficinas públicas... y derrotas electorales para Morena en toda la región; desde Chihuahua, todo el centro y todo el sur.

Hoy comprobamos que no estuvo enterado, al menos no públicamente, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, cuando en una mañanera dijo no tener “conocimiento” sobre el acuerdo alcanzado entre su secretario de Gobernación y la gobernadora Campos.

El círculo de la conciliación no quedó completo ni por respeto a la memoria de Jessica. El mismo día de su muerte fueron detenidos y llevados a una cárcel los agricultores Rosendo Lerma Lechuga, Juan Lechuga Montes y Juan Rivera Márquez. Participaron también en las protestas y fueron acusados de cargar granadas de fragmentación y latas de gas lacrimógeno ¡vacías! Evidentemente todo armado.

Llevan en la cárcel más de un año. En julio del 2021 fue sacado con violencia de su domicilio casi a las cuatro de la mañana, también en Delicias, el líder productor, Andrés Valles Valles. Sigue tras las rejas desde entonces. Implacable el ejercicio del poder.

Muy distinta la suerte que corrieron en Ciudad Juárez los manifestantes contra la ruta troncal corralista en su tramo de la Gómez Morín en abril de este año. Quizá no se compare en dimensión, pero hubo intervención policiaca, agresiones al por mayor y al menos una decena de protestantes llevados a la cárcel.

El encarcelamiento no duró más de 12 horas. Javier Corral quiso vincularlos a proceso y mantenerlos más tiempo presos, pero se topó con fuerzas empresariales mayores que para su entonces por completo devaluada gubernatura. Ya ni sus fiscales le hacían caso.

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Hay una tumba en el camposanto localizado en un pueblo cerca de Delicias, con el nombre de Jessy escrito con flores de color rosa. Es la estación Consuelo. No hay lápida ni siquiera de concreto.

Bajo esos puños de tierra descansa la heroína de la lucha contra el agua, humilde sepultura, como humildes son su familia y la mayoría de todos los agricultores de la región sur.

Son pocos, contados, los supuestos potentados que se asegura desde la Federación son los manipuladores de todo el movimiento. El tema se ha convertido en simple humo, atizado de manera torpe en su momento incluso por Javier Corral y algunos líderes de Morena. Ambos pagaron factura por ello.

El blanco de la operación contra el agua lanzada desde diversas oficinas, en particular la Comisión Nacional del Agua con su brazo armado de la Guardia Nacional, no distingue entre pobres, clase medieros y supuestos machuchones. Es pareja la razzia.

En este contexto, está auténticamente emproblemada cualquier solución desde la vía judicial, la única salida es la política. Los papeles en los juzgados se interpretan a contentillo, para refundir a Valles Valles y sus compañeros agricultores.

Fue en los acuerdos de Bucarelli, firmados en uno de los salones exclusivos del Palacio de Cobián, en donde se estableció el compromiso de la liberación… o al menos así se entendió.

“Con absoluto respecto (sic) a la autonomía del Poder Judicial y de las instancias de impartición de justicia, la Secretaria de Gobernación se compromete a realizar y a coadyuvar en las gestiones tendientes a obtener la pre liberación de los agricultores actualmente sujetos a proceso, y para lo cual, el Gobierno del Estado de Chihuahua se coordinará con la Secretaría de Gobernación y brindará el apoyo jurídico que se requiera hasta la total solución de los procesos judiciales”.

Ese es el texto íntegro del apartado primero inciso c) de los mencionados acuerdos. Nada dice en concreto de retirar los cargos por parte de Conagua y las demás dependencias involucradas. Nada tampoco de la entrega de la Boquilla por parte de los agricultores. Los campesinos cumplieron, Gobernación se hizo ojo de hormiga hasta la fecha.

La Fiscalía General de la República continúa realizando su tarea de representación del Estado Mexicano en contra de Valles Valles y los demás agricultores, y los jueces de Control en su papel de fieles guardianes de la justicia ciega y con dedicatoria. Han cerrado cualquier camino.

Van múltiples audiencias, siete, ocho o nueve, se ha perdido la cuenta. Esta semana de nuevo fue llevado Andrés Valles ante el juez de Control y nada.

Las expectativas y esperanzas se pierden; igual que ocurre con el tema de Jessy, hay justicia retardada, cuando hay múltiples vías de solución desde la poderosa oficina presidencial, pero su titular se encuentra en Washington, en reunión de los “Tres amigos”, Trudeau, Biden y López, con grandes discursos, departiendo exquisita vianda en la Casa Blanca, mientras Jessy yace en una fría sepultura y los cuatro agricultores duermen en lozas de cemento en la porfirista penitenciaría estatal.

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La liberación de los agricultores y la justicia para Jessica no admiten más dilaciones. Han existido muestras de voluntad más que claras, contundentes, de llegar a un acuerdo político de alto nivel, tanto por parte de los agricultores organizados como por parte del Gobierno del Estado, involucrado como respaldo más que como intermediario de la lucha por el agua.

Está la responsabilidad de cumplir en la cancha de la Federación, sin discursos ni falsas promesas; las familias de Jessy, Andrés Valles y los humildes agricultores detenidos injustamente, esperan con ansiedad el retorno de los suyos a través de un acto más allá de magnanimidad, simple justicia, porque no hicieron nada para estar detenidos, más que encabezar y ser partícipes de una lucha social sentida, auténtica y legítima, en el sentir de miles de ciudadanos que sienten el agravio en carne propia. Eso es todo.

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