Opinión

Una historia interminable

Fue extraditado a los Estados Unidos uno de esos personajes del mundo del narcotráfico cuyo poder e influencia económica era mayor a su protagonismo e incluso a su participación directa en la operación criminal

Jorge Fernández Menéndez
Analista

miércoles, 10 febrero 2021 | 06:00

Ciudad de México.- Fue extraditado a los Estados Unidos uno de esos personajes del mundo del narcotráfico cuyo poder e influencia económica era mayor a su protagonismo e incluso a su participación directa en la operación criminal. Raúl Flores Hernández, apodado “El Tío”, se convirtió en un personaje que manejó desde artistas hasta futbolistas, tuvo negocios con varios cárteles en forma simultánea, lavó dinero de todos y fue un personaje público, de esos de páginas de sociales.

Surgió a la fama en agosto del 2017 cuando el departamento del Tesoro lo colocó en la lista Kingpin y la Oficina de Control de Bienes Extranjeros de Estados Unidos congeló todos sus bienes y cuentas, junto con las de numerosas otras personas y negocios, incluyendo al futbolista Rafael Márquez y al cantante Julión Álvarez, quienes, consciente o inconscientemente, sobre todo en el caso de Márquez, mantuvieron relaciones de negocio durante casi 20 años con Flores Hernández.

Según la denuncia del 2017 del departamento de Tesoro, Rafa y Julión, junto con otras 65 personas, formaban parte de la red de lavado de dinero de “El Tío”, que operaba con los hijos de Rafael Caro Quintero, Efraín y Omar Caro Urías. En la red estaban involucrados representantes deportivos y artísticos, restauranteros, financieros y prestanombres. No era una red encubierta, se conocían, frecuentaban e incluso aparecían cotidianamente en redes sociales y publicaciones.

Raúl Flores Hernández es un narcotraficante de la vieja escuela. Ya en 1983 se le iniciaron procesos en el estado de Columbia y en California por tráfico de drogas. Estuvo detenido en México entre 2013 y 2015, acusado de ser operador financiero de lo que sería ahora el Cártel Jalisco Nueva Generación, pero en realidad Flores Hernández era un personaje que no se había involucrado en el narcomenudeo ni en la lucha de pandillas y por eso había pasado desapercibido para muchos: su negocio era colocar la droga, por toneladas, del otro lado de la frontera y había sido socio, en distintos momentos, de “El Chapo” Guzmán, los Beltrán Leyva y del propio CJNG, gracias a las muy añejas relaciones que tenía con Caro Quintero y con las redes de distribución en Colombia, que le permitían abastecer a muchos de los principales grupos del narcotráfico cuando sus redes se veían cerradas.

Era considerado, en muchos sentidos, una suerte de padrino a la vieja usanza, incluso protegido siempre por una seguridad muy discreta. Dos de sus principales operadores eran Efraín y Omar, los hijos de Caro Quintero, junto con otros integrantes de su familia, pero otro personaje ligado a la promoción de espectáculos y restaurantes era central: Mario Alberto Fernández Santana, apodado “El Gordo” Fernández, quien fue el promotor de Valentín Elizalde, asesinado al terminar una actuación en Reynosa, Tamaulipas, en el 2006. Se cree que “El Gallo de Oro” fue asesinado por los Zetas, en venganza por su relación con el Cártel de Sinaloa y, sobre todo, por la canción “A mis enemigos”, supuestamente compuesta contra los rivales del cártel de “El Chapo”.

Tiempo después de la muerte de Elizalde, su entonces pareja, Nathaly Fernández, hija de “El Gordo” Fernández, el socio de Flores Hernández, se casó con Julión Álvarez. Una de las principales invitadas a la boda fue la cantante, también fallecida en un extraño accidente de aviación, Jenny Rivera.

Para esas mismas fechas fue asesinado en Jalisco el exfutbolista David “El Magic” Mendoza, mientras iba acompañado del hijo de Caro Quintero, Omar, en una camioneta de su propiedad y de Raúl Flores Gómez, quien entonces era el gerente del Camelias Bar. El padre de Flores Castro es Raúl Flores Hernández, quien también era el presidente de un equipo de segunda división, el Autlán de Jalisco y que intentó registrar al equipo Coras de Nayarit. La Federación Mexicana de Futbol les negó el registro sin explicación, pero en realidad se supone que había sido informada por la SIEDO de las investigaciones contra Flores Hernández.

La llamada lista Kingpin surgió como parte del Plan Colombia, cuando se tenía la convicción de que numerosos empresarios, políticos, deportistas y gente del mundo del espectáculo, no sólo tenía alguna relación personal o de amistad con personajes del narcotráfico, sino también una relación económica o financiera con esos grupos criminales, eran prestanombres o lavaban dinero para los cárteles. Lo que se hizo entonces fue impulsar otros mecanismos desde el Departamento del Tesoro para poder imponer sanciones civiles por vías económicas, independientemente de que hubiera o no condenas penales.

Las resoluciones de la OFAC son autónomas y unilaterales. Se mueven por criterios distintos a los de un juzgado penal. De todas formas, todos esos expedientes se trasladan al Departamento de Justicia, que realiza su propia investigación y decide si inicia o no una acción penal. Así fue como Flores Hernández fue procesado y ahora enviado a Estados Unidos. Su extradición cierra todo un capítulo de la historia del lavado de dinero del narco en México. Pero, atención, es eso, sólo un capítulo de una historia interminable.