Opinión

Una forma refinada de robar

Quiero referirme al artículo “Sólo Incondicionales” que publicó el señor Sergio Sarmiento en El Diario de Juárez ...

Javier Cuéllar
Abogado
miércoles, 20 febrero 2019 | 06:00

Quiero referirme al artículo “Sólo Incondicionales” que publicó el señor Sergio Sarmiento en El Diario de Juárez el día 15 de febrero del presente año en la página 11, en el que sostiene la tesis de que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha adoptado una política de reducir sueldos a todos los funcionarios que ganen más que el presidente, o sea la suma de 107 mil pesos mensuales, con el fin de que solamente trabajen para el Gobierno federal gente inepta pero que por su ineptitud sean incondicionales a su forma y política de gobierno.

Me da la impresión que el señor Sarmiento no puede comprender que esos altísimos salarios que se descubrieron al entrar a la Presidencia, de más de medio millón de pesos mensuales son en la realidad una forma de corrupción y son equiparables al robo del erario público bajo el blanqueado expediente de la autoasignación de salarios estratosféricos que ninguno de nuestros funcionarios públicos en realidad merece, ni desquita, ni puede tener sino mediante un trabajo honesto justamente apreciado. Es más, es de tan baja calidad el desempeño de la generalidad de nuestros funcionarios que el resultado de su trabajo generalmente ha sido un desastre para la cosa pública de nuestro país.

O dígame usted si los 746 mil pesos mensuales que nos estaba cobrando al exdirector nacional de Infonavit contribuyeron en alguna medida a mejorar la administración de ese instituto que fue un instrumento de explotación para la clase obrera derechohabiente, un fraude en muchas de las viviendas financiada y una baja generalizada de la calidad de las casas habitación que se financiaron. Por el contrario, además de esos elevadísimos estipendios la corrupción cochupeada en el Instituto de la Vivienda se generalizó a niveles nunca vistos. Tuvimos una de las administraciones más torpes en la historia del Instituto y, eso sí, la más cara del mundo.

Nuestro gobernador Javier Corral se acaba de subir el sueldo de poco más de 100 mil pesos mensuales a la estratosférica suma de 175 mil pesos mensuales y ese injusto e inmerecido incremento no ha contribuido en nada a que la forma de gobierno de este personaje mejore en lo más mínimo. De hecho su desgobierno se ha trocado más ineficiente por lo que lo justo debiera ser que se le bajara su sueldo en la medida en que la calidad de su gobierno ha disminuido, existiendo algunos que piensan que, si a esa calidad atendemos, tal vez el señor Javier Corral debiera indemnizarnos por su mal gobierno. De hecho esa misma indemnización procede con muchos de nuestros gobernantes y funcionarios públicos cuyas administraciones han resultado sencillamente desastrosas y muy corruptas para el pueblo de México.

No se trata de acabar con una burocracia dorada sino con una burocracia corrupta que ha encontrado una forma blanqueada de robar al pueblo de México mediante el expediente de sus altos salarios que no nos garantizan eficiencia, ni competencia ni diligencia ni mucho menos honestidad.

El señor Sarmiento no sabe entender que su colega catedrático de la Universidad de Harvard doctor Ricardo Hausmann no conoce México, ni conoce lo ladrones que son los políticos y funcionarios públicos mexicanos que se han refinado enormemente en las fórmulas para robar sin abandonar el burdo agarrón que siempre los ha caracterizado, muchos de ellos da la apariencia que sólo acuden a especializarse en algunas universidades nacionales y extranjeras para pulir sus malas mañas.

Los sueldos que esos funcionarios se pagan a sí mismos en los diversos puestos y niveles de gobierno son más altos que los que devengan sus pares en la Comunidad Económica Europea y en los Estados Unidos pero su trabajo además de ineficiente está podrido al grado que si desaparecieran su mala actividad no se extrañaría y las cosas solas no funcionarían peor. ¿Y por ese fraude laboral debemos pagar elevadísimos estipendios? Me parece que Sergio Sarmiento, tan acertado en muchos de sus artículos, en esta ocasión derrapó por lo que parece ser un afán de malévola crítica destructiva contra un Gobierno que no es de su gusto.