Una defensa de la libertad de expresión en México

Entre la izquierda progresista y la derecha neoliberal se libran cientos de batallas por los Derechos Humanos...

Carlos Murillo
Abogado
domingo, 26 mayo 2019 | 06:00

Entre la izquierda progresista y la derecha neoliberal se libran cientos de batallas por los Derechos Humanos, una de ella, es por la libertad de expresión que constantemente es atacada por gobiernos que aspiran a ser totalitarios.

Por ejemplo, Donald Trump trae un pleito casado con los medios de comunicación que tienen una amplia tradición liberal; sin mediar diálogo, el presidente los ataca y desmiente desde su cuenta de Twitter al Washington Post. Los acusa de estar en contra de la nación.

Trump es un genio de la mercadotecnia política y un negociador high class; mala combinación para sus opositores y para el resto del mundo. Su método es arriesgado, falible y exagerado, pero hasta ahora sumamente efectivo.

Los grandes líderes tienden a romper paradigmas para luego imponer sus propias verdades. Entre más extremo sea el cambio político, más llama la atención en la comunidad internacional. Bolsonaro en Brasil es buen ejemplo, puesto que irrumpió en la escena política con una propuesta ultra conservadora que giraba en la dirección contraria a los últimos gobiernos de izquierda. 

Lo mismo sucedió en México con López Obrador, quien venció al sistema político mexicano, el mismo que había sobrevivido más de ocho décadas con una élite gobernante y los mismos grupos económicos tradicionales. 

Una vez que hizo polvo a la clase política en las urnas, AMLO comenzó la transformación retórica del país, a través de un discurso de ruptura con el pasado inmediato, enalteciendo los grandes triunfos de la emancipación posrevolucionaria como cartilla moral de la patria. Reitero, la transformación es solamente en el discurso (hasta ahora).

Pero las élites gobernantes y los grupos económicos nunca están aislados. En todo caso, las cabezas son visibles pero los tentáculos están ocultos detrás del mejor disfraz de nuestro tiempo: la ley.

Existe todo un aparato que acompaña al sistema político, son empresarios, sociedad civil, grupos religiosos, académicos, intelectuales, partidos políticos, profesionistas y medios de comunicación. Nada de esto es nuevo, sucede en todo el mundo desde la formación del Estado como forma de representación política de la nación hace más de 500 años.

La 4T de AMLO planea cambiar todo. Una nueva baraja para la época posneoliberal. El plan es sepultar al viejo régimen, no dejar ni un resquicio del pasado oscuro. Está en marcha la quema del rastrojo que nos llevará a la utopía de un México sin dolor.

Como todo parto, la crisis viene en la transición de un estado a otro. La nueva hegemonía impone su verdad sin cortapisas “los empresarios gasolineros aumentan el precio del combustible”, “bajan los índices de inseguridad”, “yo tengo otros datos” y, en esta semana, “los medios de comunicación se enriquecieron con dinero público”.

Con ese discurso, apareció la lista de periodistas favorecidos por jugosos contratos con la Presidencia de Peña Nieto. Para los ingenuos, esto comprueba una vez más la hipótesis de la mafia del poder. 

Pero en México, no es buena señal que la prensa sea la noticia. Los defensores de la 4T, incrustados en el tejido burocrático, dirán que las grandes empresas del periodismo son distintas a los auténticos periodistas que hacen su labor de forma independiente. Pero el argumento es débil, porque un periodista no es más ni menos periodista porque pertenece o no a un medio de comunicación chico o grande.

El tema en realidad es la libertad de expresión, pero ¿puede un periodista ejercer libremente su función en el nuevo régimen de la 4T? Esa es la pregunta correcta. Hasta ahora no existe una señal de un ataque a la libertad de expresión en México.

La información expuesta de contratos, montos y nombres, puede ser conocida a través de los mecanismos de transparencia y, además, no son noticias nuevas. Por lo tanto, este ataque no es a la libertad de expresión, considero que se trata una sustitución de élites en las empresas de comunicación, no es propiamente censura de la información, es un intento por provocar un cambio de gerencia de los empresarios del viejo régimen a los empresarios de la 4T.

Sin embargo, una de las deficiencias más claras del nuevo Gobierno es que no tienen cuadros suficientes para suplir al anterior régimen político. Si AMLO quiere desaparecer a la prensa –que llama chayotera– ¿a quién pondrá en su lugar? 

No hace falta ser un experto para deducir la respuesta. AMLO quiere quitar a la prensa chayotera para después imponer a su propia prensa chayotera, una que se adapte al discurso moral de la 4T, una prensa que apoye, pero que también critique con el equilibrio necesario para consolidar a la nueva clase dominante. Porque, hay que recordar que “lo que resiste, apoya”, como dijo el maestro Reyes Heroles.

Crear su propia prensa para que sostenga la nueva verdad. Eso mismo sucederá en todos los campos de la sociedad y de la vida pública, iniciando con los partidos políticos, donde Morena comienza a moldear a los partidos opositores para que se conviertan en satélites al servicio de la 4T; también se dará el relevo en los empresarios, habrá una reconfiguración de los grupos económicos donde el eje serán los nuevos ricos favoritos; y, en los intelectuales que son seleccionados para convertirse en voceros y narradores de esta parte de la historia, una historia a modo que siempre escriben los vencedores.

¿El cambio de élites será suficiente? Evidentemente no. Hasta ahora, cada vez que el discurso de la 4T se enfrenta a la realidad, es vencido por los apabullantes hechos. México no está mejor que antes. Es fácil perder el rumbo cuando lo único que se tiene son intenciones.

Como sociedad, el gran reto que tenemos es distinguir entre las apariencias que provoca el discurso del presidente y el respeto a la libertad de expresión, entre estos dos polos hay un abanico de posibilidades.

Si algo podemos concluir hasta aquí, es que el día que sea ilegal o inmoral conformar una empresa de información, vamos a tener un retroceso en la vida democrática, en el Estado de Derecho y en la protección a los Derechos Humanos.

Cuando AMLO logre cambiar a las élites y ponerlas a su disposición México será otro país, pero no será mejor.