Opinión

Un pueblo infeliz

Se dice que la voz del pueblo, es la voz de Dios. Realmente, hasta este momento dicha ley no escrita, se ha hecho sentir. Por lo menos en nuestra nación

Víctor Guzmán
Académico

miércoles, 24 marzo 2021 | 06:00

Se dice que la voz del pueblo, es la voz de Dios. Realmente, hasta este momento dicha ley no escrita, se ha hecho sentir. Por lo menos en nuestra nación. El hartazgo generalizado por infinidad de gobiernos que por años y de manera incesante han saqueado y desfigurado a la nación; de todos colores y sabores han sido los insaciables, por ello la sociedad, de alguna forma, busca venganza, sobre todo en las elecciones. 

Al voltear a ver otras naciones y su funcionamiento gubernamental, hacemos la comparación y nos preguntamos, cuál es la diferencia de vida que tenemos con respecto a Finlandia, por ejemplo, que es la nación más feliz del mundo, mientras nosotros somos el país número 46. ¿Qué es lo que nos hace diferentes? Muy sencillo, es la educación permeada en una población informada, que no permite le engañen con frases que no tienen sustento. Los resultados de las acciones en pro de la nación es lo que se mide, y no las palabras huecas y sin acciones.

En aquellos lugares envidiados para vivir, los encargados de dirigir la nación, se deben a su trabajo y compromiso, donde cumplen un fin muy específico, gobernar, tratar de hacer feliz a la gente. De la misma forma existen consecuencias tajantes de los actos que perjudican a la sociedad, los compromisos de los políticos son con la población y no con particulares, son intereses muy diferentes. Aquí, pareciera ser una manda hacer pobre al de clase media cerrándoles sus negocios y más pobre al desgraciado con pocas oportunidades de empleo digno.

Es algo que realmente sucede y se puede constatar, los más de un millón de negocios que han cerrado en este 2020 pasado en la nación. Negocios de los clasemedieros, que a su vez despidieron a los trabajadores. Se pueden constatar en nuestra ciudad, varios negocios en venta y otros en renta o remate. Todo lo anterior, aunado a la pandemia ha provocado tal infelicidad, que por lo visto no termina en cuatro años. 

Así, como podemos ser felices, si acaso los viernes o sábados, y solo un rato para olvidar las penas, sobre todo las deudas.

Debemos cambiar el chip que por muchos años han tratado de insertar en nuestras mentes los políticos, nacer, vivir y morir pobres, a expensas de lo que el gobierno nos pueda dar. Ese pensamiento no favorece en nada a la nación, pero sí a los políticos, que con facilidad compran un voto con una despensa. Por ello la importancia de ser autosustentables y trabajar para no depender de dádivas de quien desea nuestro voto. Quitar ese pensamiento y forma de vida, nos haría un grandísimo bien como sociedad.

El progreso de la población se da integralmente y no de manera egoísta o individual, así seguiremos pensando de la misma forma que los políticos. Entre más empresas existan, mayor número de empleos y progreso en más áreas de la sociedad. De lo contrario nos enfrentamos a todos los delitos que estamos padeciendo, robo, asaltos, homicidios etc. 

Dentro de esta infelicidad, siempre queda la esperanza, el pueblo aguanta, pero es inteligente, sabe el momento oportuno para quitar a quien le ha hecho daño y poner sus esperanzas en quien considera podría ser su salvación. Es momento de visualizar y no caer en los mismos hierros que nos tienen así... infelices.