Opinión

Un líder para Juárez

La ausencia de liderazgos auténticos, genuinos, es uno de los más grandes y significativos problemas de la política mexicana

Cortesía

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 10 enero 2021 | 06:00

La ausencia de liderazgos auténticos, genuinos, es uno de los más grandes y significativos problemas de la política mexicana, por eso, ante esa carencia, han surgido los liderazgos naturales de la sociedad como Armando Cabada en 2016 o Andrés Manuel López Obrador en 2018, independientemente de siglas, colores o apreciaciones subjetivas sobre sus respectivas gestiones, ambos reflejaron en su momento la necesidad de la sociedad por liderazgos nuevos, diferentes, honestos, más ciudadanos.

No en vano Cabada es el primer juarense en ganar la presidencia municipal de Juárez sin el respaldo de un partido político, por la vía independiente, con todo el esfuerzo que eso significó. Enfrentarse a todo un sistema de poderosos partidos políticos con fuerte infraestructura material y humana, recursos sin límite además del poder político, y ganarles, no es algo que muchos puedan incluir en sus currículos.

Y por si la anterior reflexión no fuera suficiente, Cabada refrendó en la elección de 2018 ese apoyo obtenido en 2016, obteniendo la reelección a la alcaldía, no obstante, a pesar de la avasalladora ola morenista, con López Obrador a la cabeza, que se llevó todas las posiciones de elección en esta frontera, excepto la presidencia municipal.

Pero volvamos al tema del liderazgo que es el que nos ocupa hoy, Cabada concluirá este año su ciclo y seguirá su camino dentro de la política precisamente en base a ese liderazgo mostrado, pero nuestra ciudad requerirá de alguien que tome las riendas y continúe dirigiendo el gobierno por la ruta que nos lleve a los juarenses a mejores condiciones de vida y de desarrollo.

Por tanto, hace falta un liderazgo adecuado. Pero empecemos por definir el término liderazgo, de modo que nos quede claro lo que requerimos en Juárez.

Existen varias definiciones sobre el término “líder” o “liderazgo”, pero, en mi opinión, la que concentra la mayoría de visiones y enfoques es la de la EAE Business School de Harvard, que dice: “El liderazgo es la capacidad que tiene una persona de influir, motivar, organizar y llevar a cabo acciones para lograr sus fines y objetivos que involucren a personas y grupos en un marco de valores. El liderazgo es un potencial y se puede desarrollar de diferentes formas y en situaciones muy diferentes unas de otras. Se relaciona de manera muy estrecha con el cambio y con la transformación personal y colectiva.”

¿Hay diferentes tipos de liderazgos? Sí, se reconocen al menos seis tipos de liderazgo, el liderazgo natural, el autocrático, el carismático, el democrático, el “laissez-faire” (que deja hacer) y el transformacional, no entraremos a la descripción de cada uno porque no se trata de un estudio profundo sobre este tema, solo los menciono para identificarlos y distinguirlos.

¿Cuáles son las habilidades de un líder? Un líder efectivo es confiable. Ya Stephen Covey hablaba de “El factor confianza” como un factor fundamental en el liderazgo, como el valor que lo cambia todo. Tiene orientación a objetivos, un líder efectivo está orientado a los objetivos.

Un líder tiene comunicación directa. La comunicación efectiva analiza aspectos específicos, es clara y directa. Tiene capacidad de comprensión. Un líder efectivo es comprensivo no sólo en términos de empatía sino de entendimiento global de su entorno.

Tiene capacidad de observación. Un líder efectivo es observador. Observar es ser consciente de lo que te rodea, pero también de lo que no se expresa con palabras y piensan o sienten otros.  

Entusiasmo. Un líder efectivo es entusiasta. El líder debe dar la pauta a través de su actitud para que sea contagiosa. Si proyecta ruina y desolación, eso será lo que reciba de sus colaboradores o seguidores.

Positividad. Un líder efectivo es positivo. La labor como líder no es corregir errores, encontrar faltas o señalar culpas, no, sino alcanzar las metas trazadas ayudando a sus colaboradores para que logren un rendimiento óptimo.

Experiencia. Un líder efectivo es experto. Atrae el respeto de los otros en función de que conoce a profundidad el trabajo, así como las fortalezas y debilidades de sus colaboradores.

Seguridad. Un líder efectivo es seguro. Comprende bien lo que cualquier decisión implica, comunica sus decisiones con eficacia y firmeza, sabe bien dónde está parado y de lo que él y su equipo son capaces. Ser seguro significa mantener una presencia fuerte que no se deja llevar por las dudas ni incertidumbres.

Respeto. Un líder efectivo es respetuoso. Otorga un trato considerado, atento y amable a las personas que le rodean, cuida de sus derechos como colaboradores y como personas.

Claridad. Un líder efectivo es claro.  Se expresa de la forma más directa y nítida posible. Comunica puntualmente cada una de las reglas del grupo, lo que se espera de cada quién y la forma de medir los avances.

Paciencia. Un líder efectivo es paciente. Tiene y mantiene la capacidad de explicar, todas las veces que sea necesario, las estrategias y proyectos del grupo o equipo porque sabe bien que su tiempo y esfuerzos se deben al objetivo general.

De todo eso trata el liderazgo, entonces pues, lo que Juárez necesita es un líder para gobernar la ciudad, un líder que, a partir de todas estas premisas, encabece un gobierno que, en primera instancia, una a todos los juarenses en un solo objetivo, en un solo proyecto, que debe ser Juárez sin duda alguna, y luego, que tenga la habilidad, la experiencia, el talento y la capacidad de coordinarse adecuadamente con los otros niveles de gobierno para homologar esfuerzos.

Un líder que sea capaz de conjuntar los esfuerzos de todos los juarenses, lo mismo de empresarios que de trabajadores, de maestros que de taxistas, de amas de casa que de estudiantes, de médicos que de parqueros, porque solo en esa visión macro podremos continuar avanzando, como hasta hoy, en el camino correcto.

Un líder que pueda dejar de lado sus intereses personales o de grupo, para colocar por encima de todo el interés de la ciudad, el interés de los juarenses, para luchar contra el impresionante rezago en muchos temas, que padece Juárez desde hace por lo menos 30 años.

¿Existe un liderazgo así? Sí, claro que existe, hay decenas de juarenses comprometidos con su ciudad para este propósito, solo que no todos quieren o pueden ser llamados a esta tarea porque, además, es indispensable que esa persona tenga algo de lo que hoy carecen muchos de nuestros políticos: vocación de servicio a la comunidad.

En mi opinión, Gabriel Flores Viramontes es un hombre que cumple ampliamente con ese perfil. Juarense, empresario, innovador, joven, preparado, alto nivel académico, líder y con buen reconocimiento social, son características que le permiten un diálogo abierto y directo con todos los sectores sociales, lo que lo convierte en un líder nato de nuestra comunidad.

Y que conste que la eventual postulación de Gabriel Flores a una candidatura por la presidencia municipal, podría ser por un partido (Morena) por el que, personalmente, guardo algunas diferencias, pero que precisamente un perfil como el de Gabriel matizaría con amplitud, logrando consensos importantes aun en sectores de los más conservadores o escépticos, lo que garantiza una base de apoyo muy importante.

Y no es que los otros partidos no tengan buenos perfiles, no, pero, hablando de posibilidades reales, en el PRI y quien vaya a ser su abanderado o abanderada aún se encuentran demolidos por la pésima imagen que dejó el ex gobernador César Duarte, lo que disminuye fuertemente sus posibilidades de triunfo, sea quien sea el candidato o candidata. En el PAN, el descarado intervencionismo del gobernador Corral en los asuntos internos del partido, que ha insistido tercamente en imponer la figura de un externo para esta frontera, con todo lo que sabemos que eso significa para ese partido, una importante disminución de sus posibilidades reales de triunfo electoral.

Las demás opciones simplemente no pintan. Lo digo sin ánimo de menospreciar ni prejuzgar a persona o partido alguno, solo a partir del conocimiento de la política, de las contiendas electorales, basado en la estadística y la experiencia en estas lides. Los partidos pequeños o satélites solo contribuirán un poco a la pulverización del voto, nada más.

Así pues, se refuerza el análisis realizado al inicio de esta colaboración. Solo queda la presencia de un hombre serio, estudioso, preparado, formal, de familia, con buena imagen, con éxito empresarial y profesional, que puede tomar la estafeta al frente de nuestra ciudad para llevarla a puerto seguro a partir del 9 de septiembre de este año. Se llama Gabriel Flores.