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Opinión

Un camino despejado hacia el 2024

La misma situación ocurrió en Chihuahua en las elecciones del 2021, en donde la plana mayor del panismo y muchos de sus empresarios tuvieron que reforzar la campaña de María Eugenia Campos en la entidad

Deirdré Bazán Mayagoitia
Académica

martes, 07 junio 2022 | 06:00

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En las elecciones locales del pasado domingo 5 de junio de 2022 se renovaron seis gubernaturas en el país: Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas, además de 39 presidencias municipales, 39 sindicaturas y 327 regidurías en Durango, más 25 diputaciones en Quintana Roo. Los resultados de la jornada electoral dejaron lecciones que van más allá de lo evidente. 

Lo que se observa a simple vista es que Morena goza del apoyo y simpatía de las mayorías y eso le da una gran fuerza, pues de acuerdo con el Programa de Resultados Electorales Preliminares del Instituto Nacional Electoral y hasta la hora del cierre de este texto, ganó con cerca de tres millones de votos cuatro de las seis gubernaturas en disputa. Ello, aún a pesar de la enorme cantidad de recursos invertidos con el propósito de marcar tendencia en contra de las políticas adoptadas por el gobierno del presidente López Obrador y favorecer el voto hacia las y los candidatos de oposición.

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La misma situación ocurrió en Chihuahua en las elecciones del 2021, en donde la plana mayor del panismo y muchos de sus empresarios tuvieron que reforzar la campaña de María Eugenia Campos en la entidad. En este caso incluso fue necesaria una alianza de último minuto con la candidata del Partido Revolucionario Institucional para poder obtener el triunfo.

Y justo sobre el PRI, resulta también evidente que el partido se desmorona y no hay mayor intento por reconfigurarlo; no solo perdió Hidalgo y Oaxaca, entidades que había dirigido históricamente, sino que los candidatos de Morena ganaron al PRI y sus alianzas por más del doble de votos: 60.18 vs. 25.06 por ciento en Oaxaca y 61.56 vs. 31.33 por ciento en el caso de Hidalgo; con estos resultados y si tomamos como base de partida el año 2018, se reducirán de 14 a solo tres las entidades gobernadas por el PRI. 

En el caso del Partido Acción Nacional, obtuvo el triunfo con margen reducido en Durango y sólo lo hizo con facilidad en Aguascalientes, un estado históricamente conservador y en donde se volcó todo el apoyo mediático y financiero de ciertos grupos; este partido pasará de 11 gubernaturas a cinco, lo cual en sí mismo es un mensaje claro.

Con los resultados del domingo y a partir de que inicien las tomas de posesión de la y los nuevos gobernadores, habrá 21 entidades en el norte, centro y sur del país cuyo titular habrá emanado de las filas de Morena y sus diferentes coaliciones, lo que ratifica la voluntad popular de apoyar el cambio de paradigma en el gobierno.

Los resultados de la elección también enviaron mensajes que algunos se resisten a ver: se reafirma que hay un gran desencanto con las políticas neoliberales y conservadoras del PAN y del PRI. Su modelo está agotado y no responde a las demandas y necesidades de quienes vivimos en el siglo XXI. Ambos partidos tuvieron una oportunidad de décadas para hacer bien las cosas y la desaprovecharon; hoy el voto se inclina hacia gobiernos progresistas, respetuosos de las diferencias, promotores de los derechos humanos y elige dirigentes que promueven el bienestar colectivo, privilegiando a quienes menos tienen.

Mucho se habla de lo que está por venir en cuanto a la elección presidencial del 2024; son varios los hombres y mujeres que aspiran a esa posición, pero el camino es corto y la tendencia clara.

Para quienes creemos que la ruta a seguir es la consolidación de gobiernos y políticas que incidan en la reducción de la brecha de desigualdad y pobreza, y que favorezcan el bienestar y la seguridad de las personas, aún hay mucho trabajo por hacer; hoy más que nunca hay que trabajar con ahínco y de manera meticulosa. Para aquellos que piensan lo contrario, solo basta que observen la sólida tendencia de los electores, que evidencia un camino despejado hacia una sucesión presidencial en donde el o la candidata de Morena tiene las más altas posibilidades de resultar ganador.

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