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Opinión

Un año de gobierno de Maru Campos

El 8 de septiembre pasado, la gobernadora Constitucional del Estado de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván cumplió un año de haber asumido el cargo

Sixto Duarte
Analista

domingo, 18 septiembre 2022 | 06:00

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El 8 de septiembre pasado, la gobernadora Constitucional del Estado de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván cumplió un año de haber asumido el cargo. En su momento, Maru Campos llegó al poder por varios factores distintos: supo lucrar con el anticorralismo que se encontraba muy arraigado no solamente en el panismo local, sino en todo Chihuahua. Igualmente, Maru representaba la opción antiobradorista en Chihuahua. En ese momento, solamente Chihuahua y Querétaro fueron entidades donde Morena no logró permear, siendo ambos ganados por los abanderados de Acción Nacional.

Después de haber sido perseguida de forma voraz por su antecesor Javier Corral, Maru Campos logró ganar la elección incluso estando vinculada a proceso por un expediente que le fue fabricado por parte de Javier Corral y sus secuaces de la Fiscalía. Recibos de una nómina secreta que únicamente existían en la mente enferma y perversa de Corral fueron la prueba que les sirvió a agentes del Ministerio Público corruptos y jueces-ujieres para tratar de descarrilar el proyecto de Maru a la gubernatura.

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Maru Campos en su momento, fue percibida por el electorado como una víctima de una obsesión enfermiza de Corral, quien a toda costa trató de marginarla, primero en la elección interna del PAN y posteriormente en la elección constitucional. Fue más que claro que el gobernador Corral, traidor a su partido (sin contar la traición a los chihuahuenses), se dedicó a golpear desde adentro el proyecto de Campos quien tenía el respaldo popular y el respaldo del Comité Ejecutivo Nacional de su partido.

Corral, como es un hecho público y notorio (y que por tanto, no requiere prueba adicional) apoyó el proyecto de Juan Carlos Loera, candidato del oficialismo a la gubernatura de Chihuahua. Nuevamente, se evidenciaba la traición de Javier Corral a sus correligionarios, a su partido, y a la dirigencia del mismo. Al ser Corral un Rey Midas a la inversa (quien echa a perder todo lo que toca) le dio el beso del diablo a Juan Carlos Loera, quien hasta la fecha no entiende que fue uno de los dos candidatos del oficialismo en todo el país que perdieron, precisamente por cargar con lo más negativo de los dos oficialismos: el de López Obrador y el de Javier Corral. Si bien López Obrador tiene popularidad y algunos activos electorales, Corral era puros negativos. Sería iluso no reconocer la enorme fuerza que a la fecha sigue guardando López Obrador; a pesar de ello, Loera fue derrotado precisamente por su cercanía a Corral.

En su momento, ya habiendo asumido el cargo, Maru trató de contrastar su figura de la de su antecesor diciendo que no se dedicaría a perseguir a Javier Corral, sin embargo, dejó claro que si las instituciones de procuración de justicia encontraban elementos para proceder en contra de él, serían dichas instituciones quienes se encargarían de proceder en contra del nefasto exgobernador. Y es que Maru tiene razón: un gobierno no puede dedicarse únicamente a perseguir enemigos políticos, tal como lo hizo Corral en su lustro perverso. A pesar de ello, y a un año de haber asumido el cargo, parece que dichas instituciones no quieren molestar en lo más mínimo a Corral.

Hoy, a más de un año de haber asumido el poder, Javier Corral puede seguir caminando libre por Chihuahua, con la seguridad de que la gobernadora no le va a poner un dedo encima. Incluso, rompiendo la regla no escrita de que el gobernante que sale debe guardar silencio, Corral se ha dedicado a vilipendiar cada que puede la figura de la gobernadora, llamándola corrupta, entre otros epítetos que no tiene sentido repetir.

La gobernadora expresó a varios medios de comunicación las distintas tropelías que se dieron en el gobierno de Corral. Sin embargo, hoy, a un año de haber asumido el cargo, no existe una sola persona en prisión (o cuando menos vinculada a proceso) a partir de los hechos que claramente conoce.

Parecería que Javier Corral es cobijado desde lo más alto del poder en México, dígase desde Palacio Nacional. En su momento, Javier Corral expresó que a su antecesor César Duarte se le protegía desde Los Pinos por parte del gobierno de Peña Nieto. Sin embargo, Corral parece haber incurrido en lo que presumió y criticó de su antecesor pues es más que evidente que a él se le protege desde el Altiplano. No queda claro qué es lo que López Obrador cree que le debe a Javier Corral, pues Corral no entregó el resultado electoral que prometió, pues como dijimos, Loera perdió.

Es más que evidente que Corral es protegido del régimen que hoy gobierna, y con el que Maru no quiere estar mal. Sin embargo, esa cortesía, deferencia, o negociación que Campos ha emprendido, parece ser únicamente unilateral. Campos no persigue a Corral, y Corral cada que puede, le falta al respeto a la gobernadora, le llama corrupta, ahijada de Duarte, entre otras formas despectivas e incluso misóginas de dirigirse a la gobernadora. Lo hace en medios locales, nacionales, redes sociales, y cuanta caja de resonancia encuentra a su paso. Como si el paso de Corral por la primera magistratura del Estado estuviera exenta de señalamientos.

No solo eso, el representante del Gobierno federal en Chihuahua, precisamente el Ingeniero Loera, cada que puede le falta al respeto, afectando la relación institucional que debe prevalecer en la alta política. A diferencia de Corral, Loera no tiene deudas con la justicia, sin embargo, incurre de manera reiterada en faltas de cortesía política que afectan las relaciones con el Estado de Chihuahua. Muestra de ello han sido las diversas visitas del presidente López Obrador al vecino Estado de Sonora, a donde Loera ha invitado a alcaldes de la entidad, pero no a la gobernadora.

Ante estos embates del tándem Corral-Loera, Campos lo único que ha hecho es callar. Si bien el ejercicio del poder no debe ser arbitrario, y la justicia no debe ser politizada, es demasiada la pasividad que la gobernadora ha mostrado para con su antecesor.

Ahora bien, la pasividad ha sido no únicamente desde la vía gubernamental. Campos no ha movido un solo dedo para importunar a Corral siquiera en su militancia a conveniencia que sigue manteniendo en Acción Nacional. Ella, como la primera panista de la entidad, con excelentes relaciones con la dirigencia nacional de su partido, claramente podía pedir la expulsión de Corral. Pero tampoco en esa arena quiere molestarlo.

La gobernadora debe entender que cada día que pasa y tarda en poner en su lugar a Javier Corral, es un día menos de gobierno en el cual va sufriendo desgaste. Una decisión de esa naturaleza requiere capital político que, por razones obvias, se va agotando conforme va pasando el tiempo.

Hay quienes dicen que Maru Campos no quiere enemistarse con nadie porque tiene la mira puesta en el 2024. Sin embargo, debe quedarle claro que en la medida que personajes como Javier Corral sigan entorpeciendo su labor de gobierno mientras la denostan y señalan, no habrá proyecto político fructífero. No puede aspirar a integrar unanimidad en los acuerdos de la alta política, pues ella no ganó unánimemente. Más allá, ella estuvo en riesgo de perder precisamente por esas voces que la acusaban cuando aspiraba, mientras hacía campaña, y mientras gobierna en la actualidad.

Resulta un tanto raro que los vínculos de Corral con la muerte de Miroslava Breach, la protección a El Chueco, los excesos y señalamientos por tortura, la violación sistemática de la ley (como el nombramiento ilegal de Lucha Castro), la fabricación de pruebas y el desaseo financiero de su administración, no sean motivo suficiente cuando menos para investigar a Corral o a sus funcionarios. Un año ha pasado y a la fecha, nadie ha sido siquiera citado para declarar. Si tiene miedo de llevar ante la justicia a Javier Corral, ahí tiene a Arturo Fuentes Vélez, César Augusto Peniche, Maclovio Murillo, Eduardo Fernández, entre otros muchos delincuentes que todavía se encuentran impunes. ¿O acaso el cobijo presidencial alcanza a cubrirlos a todos ellos? De ser así, ¿qué obtuvo Maru del Gobierno federal? Pues tal como lo dije, parecería que del Gobierno federal solo obtiene descortesías.

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