Opinión

Triste historia de dos cobardes

Entre el ocaso del peor Gobierno de la historia de Chihuahua y casi a medio camino del más lamentable Gobierno de México

Manuel Narváez
Analista

lunes, 22 febrero 2021 | 06:00

Entre el ocaso del peor Gobierno de la historia de Chihuahua y casi a medio camino del más lamentable Gobierno de México, surge el verdadero fastidio del pueblo que ya no soporta ni a uno ni a otro.

Traer a colación los disfraces con el que ambos individuos camuflaban al verdadero demonio que traían dentro, para destrozar las infames administraciones de sus predecesores, resulta ocioso; baste googlear los orígenes e inicios de los tiranos.

Los dos gobernantes actuales, el gobernador y el presidente, llegaron a sus cargos como reemplazos de dos antecesores muy ratas; aunque el quebranto a las arcas públicas fue proporcional al presupuesto de cada uno, ambos colmaron la paciencia de un pueblo hasta la rechingada de ser objeto de engaños y burlas.

El 2016 en Chihuahua y el 2018 en el país, representaban dos esperanzas renovadas que los ciudadanos reactivaron para dejar en el pasado ominoso tanta calamidad, claro, con honrosas excepciones de las que prácticamente nadie se acuerda; y la oportunidad de resetear la confianza para un futuro mejor.

La similitud con la que obtuvieron el triunfo en las urnas dice mucho de lo generoso que suelen ser los chihuahuenses y mexicanos en general. El bono democrático fue sólido y sin condiciones, lo único que debían hacer era no ser similares a sus antecesores.

Pero, la historia nos ha jugado la peor de las bromas, al igual que Pennywise, el payaso bailarín, que estando dentro de la alcantarilla dulcemente engatusa al niño para desaparecerlo, así, este par despedazó las esperanzas, las ilusiones, la confianza que depositamos en ellos cuando más vulnerables estábamos.

Se preguntarán por qué asocio al gobernador y al presidente en mis colaboraciones, bueno, la respuesta me resulta sencilla: metafóricamente estos siameses de vientres políticos diferentes han sido capaces de agotar el saldo democrático en menos tiempo de lo que un joven enamorado se lo termina en la primera llamada. Con perdón de la juventud, de los más afectados por la peste que representan uno y otro.

Por increíble que parezca, y aclaro que es una expresión que no utilizo, sin embargo, retrata una terrible realidad para los ciudadanos: “Estábamos mejor cuando estábamos peor”.

Es terrible traerla a escena porque para los ciudadanos que a mediados de 2016 y del 2018 creímos que lo habíamos vivido todo, que no era posible existieran peores gobernantes como Duarte y Peña, aunque hubiera trabajo y la economía marchara a duras penas, pero avanzaba, llegan Corral y Andrés.

La horrible realidad llegó demasiado pronto, en 4 años y medio de Corral y en 2 y medio de AMLO, Chihuahua y el país pasaron a ser de segunda y tercera, en materia de economía, de seguridad y desarrollo humano, a una entidad y nación de cuarta y quinta, quisiéramos de generación, como la tecnología 5G, pero no, caímos a niveles de desarrollo como países en guerra y del centro-sur asiático.

Exceptuando las calamidades que nos ha traído la otra peste, es decir, el Covid, no olvidemos el pésimo manejo de la emergencia sanitaria (ahí están los números, parámetros y comparaciones con iguales); Javier y López nos llevaron a una realidad propia de los países de posguerra, como Yemen, Afganistán, Siria, Irak, Nicaragua, etc. 

Los que han dado cuenta del estado que guardan las carreteras de Chihuahua, el peligro que representa desplazarse a amplias zonas de la entidad controladas por grupos delictivos, del monumental crecimiento de la deuda pública, de la imperceptible obra pública en lo que va del quinquenio y del descarado sometimiento del Poder Legislativo y el Poder Judicial a las amenazas del gobernador, sabrá de lo que hablo. Amén de la censura y el peligro a que se ha expuesto a la prensa, no olvidemos a Miroslava Breach.

La realidad del país, no muy distinta a la de Chihuahua, refleja el franco y acelerado deterioro de las instituciones. 

Entiendo a los que votaron en las urnas al presidente, yo lo hice, y ya pedí perdón. En las circunstancias que llegamos a esa elección presidencial, 30 millones lo apostamos todo, en esa papeleta electoral resucitamos la esperanza. Nos equivocamos.

La negación es una faceta muy difícil de superar para reconocer que estamos mal, pero no culpo a los que temen aceptar que fue un error. Comprendo lo duro que es transitar a reconocer que nos equivocamos, lo cual me parece más sano que continuar viviendo en la mentira. 

No es nuestra culpa que, como dicen en Tabasco, porque allá tengo mis orígenes, que el huevo salió puque, es decir, podrido. La gallina cacaraqueaba lindo.

Los números no mienten. Las peores estadísticas en muertes violentas, feminicidios y los escasos decomisos de drogas se han dado en lo que va del sexenio. La economía ya estaba jodida antes de la pandemia, la generación de empleo y la inversión privada se desplomó. La escasez de medicamentos y los apoyos a madres solteras y trabajadores, así como a los estudiantes de posgrado, desaparecieron, o disminuyeron en el mejor de los casos.

La infraestructura carretera está tan mal que se requerirán muchos años para recuperarla. Las asignaciones directas de compras del Gobierno federal aumentaron como nunca y la información de los contratos para conocer lo que se ha gastado el Gobierno en vacunas y sus obras magnas como el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, es reservada.

Los ataques a la prensa y el control de los organismos autónomos como la SCJ, el INE, el TEPJF, el INAI y el Congreso federal, retratan una realidad como la vivida con Hitler, Mussolini e Hirohito, el ‘Eje del Mal’ en la Segunda Guerra Mundial.

Estas calamidades no valen una beca de pobreza, una pensión miserable, mucho menos la verborrea incontenible de que ya no hay corrupción y se acabaron las mentiras.

No voy a utilizar epítetos para describir las incongruencias, patologías y mitomanía de estos siameses de vientres políticos diferentes, ya se los tienen bien ganados y son del dominio popular.

Sólo puedo decir que Corral y AMLO son los dos cobardes más prominentes que he conocido en mi vida.

Es cuanto.

P.D. Lo trágico sería votar por cualquier legado de esos dos. Sería imperdonable.