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Opinión

Tratado sobre un relojero

Andando por las calles del Centro uno se topa con una cantidad de negocios, personajes y lugares para descubrir, dentro de un caos con una lógica propia

Hernani Herrera
Analista

lunes, 25 julio 2022 | 06:00

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Andando por las calles del Centro uno se topa con una cantidad de negocios, personajes y lugares para descubrir, dentro de un caos con una lógica propia. Es el Centro Histórico de nuestra ciudad espacio vivo donde se suscitan los principales acontecimientos de nuestra frontera. Es reflejo también de nuestra condición humana y de sus aspectos tanto positivos como negativos. Es así que muchas veces vamos a ver la indiferencia, marginalidad y violencia, pero también la alegría, creatividad y esfuerzo de una ciudad que se levanta junto al sol para sobrevivir ante el monstruo de concreto.

Entre los tantos oficios, que resguardan celosamente su conocimiento ancestral, encontramos un pequeño lugar dedicado a la relojería. Irónicamente este lugar se encuentra justo al lado de otro espacio de convivencia, para libar el néctar embriagante, llamado el Buen Tiempo, del cual hablaremos en otro momento. Por lo que al lado del Buen Tiempo nace un lugar para reparar los relojes y joyería de los transeúntes. El actual relojero de cabecera es conocido por las veredas del centro como el buen Henry. Este médico de tornillos y engranes tiene ya treinta y cinco años de salvar de retrasos e impuntualidades.

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Casi se me olvida darles la referencia de cómo llegar a este templo del tiempo. Pues bien, bajan por la Vicente Guerrero hasta llegar a la calle Noche Triste, justo en la famosa Manzana Catorce. A partir de ahí caminan unos metros y podrán ver primero al Buen Tiempo y justo al lado resalta un rótulo del que se lee “Relojería Corona. Desde 1956”. Al lado de ese cristal esta la puerta al pequeño cuarto donde Henry labora detrás de un mostrador. Ahí las piezas colocadas se ordenan como estrellas en el cielo, formando constelaciones, en el orden exacto que se necesitan. Claro que el relojero es el único que conoce ese orden, pues para simples mortales parecería un caos. 

Como todo buen maestro, tiene a su propio discípulo que le ayuda con los encargos, pedidos y burocracias para cambiar una pila o ajustar una extensión. Al entrar a este consultorio cualquiera podría saber que Henry es quien domina el tiempo, pues con su charla amena y docta puede relativizar su percepción. 

Este maestro de la relojería narra que el nombre surge cuando Amador de la Fuente, dueño original en los setenta, vio cómo bajaban la sagrada bebida Corona para abastecer las galerías del Buen Tiempo. De tal manera, sin haber bautizado la relojería aún, decidió inmortalizar aquel nombre en el de su establecimiento. Tal lo cuenta Henry, esbozando una sonrisa cada vez que lo recuerda.

Este maestro relojero es un personaje dentro del “Town”, pues guardan sus manos la experiencia de miles de relojes, que le han mostrado los secretos del universo en su compleja maquinaria. Y es que Henry no sólo te puede hablar de relojería, de lo cual es sabio, sino de filosofía, literatura, cine, historia y de la política de nuestros días. Definitivamente una enciclopedia andante que concibe al tiempo como una construcción humana. Perteneciente a esa generación de relojeros que resguardan la memoria de un gremio que se ha ocupado de mantener nuestros contadores del tiempo con pulso.

Definitivamente el oficio del maestro relojero se ha visto en peligro por la llegada de la digitalización, ya que con tal de prender nuestros rastreadores, llamados celulares, podemos conocer la hora en cualquier parte del mundo. Pero la verdad es que no hay nada como abrir las entrañas de una buena máquina y observar ese movimiento de piezas cual orquesta. Todas en perfecta coordinación para marcar la hora y los minutos. Y hablo de los relojes desde su presentación de pared, bolsillo o pulsera, pues Henry los resuelve como acertijo de detective. Así que ya saben, dense una vuelta por la Manzana Catorce en el Centro Histórico, y para no llegar tarde a ningún lado visiten al buen amigo Henry en la Relojería Corona.

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