OPINIÓN

Tras el asalto fue al mall de compras

Doña Bertha Caraveo se metió a una de las grandes tiendonas de artículos de marca y salió de ahí cargando sendas bolsas en un estilo que envidiaría cualquier mortal de los catalogados por la 4T como fifís

LA COLUMNA
de El Diario
martes, 17 septiembre 2019 | 06:00

• Tras el asalto fue al mall de compras


• La maniobra de Cabada para salvar el Grito


• Los pasados de tequila en Palacio de Gobierno


• Legisladores sin nada que informar


Todavía no se disipaba el aroma a pólvora, a tragedia y a miedo en Río Grande Mall cuando fue vista ingresar por sus puertas principales la senadora juarense por Morena, Bertha Caraveo Camarena.

La legisladora no fue a revisar la escena del crimen. Dos custodios de una empresa particular de protección de valores fueron ahí gravemente lesionados, uno más muerto. Tampoco fue a levantar testimonios no de investigación ministerial pero sí al menos sobre la ausencia de policías en el concurrido lugar.

Doña Bertha Caraveo se metió a una de las grandes tiendonas de artículos de marca y salió de ahí cargando sendas bolsas en un estilo que envidiaría cualquier mortal de los catalogados por la Cuarta Transformación como fifís.

Por lo menos resulta extraño que los cuatro presuntos asaltantes del lugar hayan ingresado al mall, hayan armado el tiroteo y huyeran con un botín ahora calculado en dos millones de pesos. 

Es un sitio con presencia permanente de policías de los tres órdenes de gobierno, municipales, estatales y federales. Cuando no unos, otros andan ahí ya vigilando o usando algunos de los muchos servicios prestados por empresas privadas y públicas. Junta de Aguas y Predial tienen ahí cajeros.

Esa senadora a la que aludimos efectivamente debe atender sus funciones legislativas en la llamada Cámara Alta del Congreso de la Unión pero sin descuidar uno de los aspectos más básicos que afectan a sus electores en su ciudad de origen, la seguridad pública.

En ese aspecto el reclamo va también para aquel que fue su compañero de fórmula entre los candidatos al Senado, Cruz Pérez Cuéllar; a quienes fueron electos diputados federales y a los que ahora son diputados locales, por completo enfocados en las transas económicas que representan sus posiciones y no en las múltiples como graves dolencias de la ciudad.

El trabajo policiaco de campo ha resultado insuficiente y deficiente, no queda duda, pero el trabajo de los políticos en esas instancias también de Gobierno no sólo es desconsiderado y apático, es inexistente. 

Doña Bertha nos dicen que era una buena catedrática en UACJ pero ignora con qué se come integralmente eso de la Senaduría. A Río Grande fue a comprar. Nada más.


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Como haya sido pero estamos hablando que el Grito de Ciudad Juárez quedó registrado este año entre los de mayor asistencia a nivel nacional comparable sólo con el dado por el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador.

La fiesta jala nomás de mencionarla pero si le ponemos buena organización y a esto un plus como el de Julión Álvarez tenemos garantía de éxito. Cero incidentes.

Al del Zócalo le ponen un cálculo máximo de 120 mil personas, trátese de pachanga o mítines políticos; en Monterrey y Guadalajara no rebasaron los 70 mil en sus respectivos gritos. 

En la ciudad de Chihuahua fue aguada la fiesta por un chipi chipi de esos que no son soportables más de 20 minutos, un gobernador Javier Corral francamente aburrido y unos Ángeles Azules que son profetas indiscutibles de Torreón hasta el Barrio San Luquitas en Izatapalapa pero no en Chihuahua.

En Juárez es gigantesca la explanada de El Punto, con sus alrededores, le calcularon las autoridades municipales una asistencia similar al Grito de la Ciudad de México, pero aun suponiendo una lógica exageración, si lo dejamos en 90 mil o 100 mil, de cualquier forma fueron muchísimos los asistentes.

También en Juárez el chipi chipi estuvo a punto de hacer su travesura hacia la hora programada para el Grito, las 11 de la noche, pero Armando Cabada se puso listo y pidió a los militares su autorización para lanzarlo un poco antes. Recibió el visto bueno porque en la Ciudad de México había pasado ya el evento encabezado por el presidente López Obrador

Al final de la noche fue salvado el Grito... y con Julión todo el evento.


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Quienes le pusieron la cereza al pastel, o mejor dicho a las muchas margaritas, fueron la administradora del Gobierno de Chihuahua en la Ciudad de México, Elizabeth Javalera Lino, y el diputado panista Jorge Soto. 

Se convirtieron ambos en el azote de los meseros y de las cantinas instaladas en la “catedral de la austeridad”, el patio central de Palacio de Gobierno. Ayer debieron amanecer como Liz Guzmán, la jefa del Gobierno federal en Juárez: “cambio cruda por lepra”, puso en su Face con esa franqueza que la caracteriza.

Afortunadamente impuso su autoridad como vicegobernadora Lety Corral. Elizabeth amenazaba con ir más lejos del entusiasmo etílico. Algunas fotos en versión digital.

Odia Corral Jurado a la que llama “burguesía terracista” chihuahuense pero indudablemente por envidia. Nada más aristócrata y fifí que Palacio a la hora del Grito. Javalera y Soto pudieron comprobarlo sin medida alguna, igual que los cientos de invitados bajo rigurosa invitación.

También se dieron vuelo aunque bien portaditos los juarenses regidores azules cercanísimos a Corral, Amparo Beltrán y “Quique” Torres, y hasta el castigado subsecretario de Desarrollo Social, Ramón Galindo.


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A la lista de legisladores que nada tienen que informar deben sumarse los nombres de las morenistas Esther Mejía y Teresita de Jesús Vargas. 

No nada más la senadora Bertha Caraveo perdió el primer año de la Legislatura sin algo destacable realizado. También las diputadas federales juarenses traen calificación reprobatoria.

María Esther Mejía Cruz sumó apenas dos iniciativas con obviedades de apoyo al Gobierno federal. Su nombre aparece en 20, pero en la mayoría como adherente o sólo por ser parte del rebaño que dirige Mario Delgado.

La firma de Vargas Meraz aparece en 16 iniciativas. Sólo una es de ella, pero la presentó en septiembre del año pasado sin la menor idea de lo que proponía, retirándola tres meses después. O sea que tiene cero.

Es tal el grado de novatez de las dos diputadas de Morena que lo más destacado de ambas, por lo que más son conocidas, es por cómo jugó con ellas el colmilludo Heraclio “Yako” Rodríguez.

En las primeras semanas de la Legislatura, cuando estaban en el reparto de oficinas en San Lázaro, “Yako” las apuró a elegir unas oficinas más chicas, diciéndoles que en esas iban a pagar menos renta que en las grandes, chistecito del líder barzonista en el que cayeron redonditas.

Lástima que nomás por eso sean reconocidas en San Lázaro, de donde no ha salido su fama al exterior ni para bien ni para mal.