Opinión

Trapecistas en el Senado

Aunque esté involucrado un senador chihuahuense, no deja de causar extrañeza la atención al anuncio de formar un grupo parlamentario en el Senado con fugados de diversas formaciones

Arturo García Portillo
Analista

viernes, 01 octubre 2021 | 06:00

Aunque esté involucrado un senador chihuahuense, no deja de causar extrañeza la atención al anuncio de formar un grupo parlamentario en el Senado con fugados de diversas formaciones. Porque francamente es mucho más el ruido que las nueces. No es para tanto. 

Hace unos días Gustavo Madero dijo que dejaba el grupo parlamentario del PAN en el Senado y procede a integrarse a uno nuevo llamado Grupo Parlamentario Plural, que creará junto con Alejandra León Gastelum, mayoría de Baja California y petista; Nancy de la Sierra, poblana, también del PT; Germán Martínez, expanista que llegó cobijado por Morena; Emilio Álvarez Icaza que llegó en la lista del PAN, pero manejado como independiente aunque es de izquierda.  

Tiene muchas aristas, pero poco fondo el asunto. En la carta del anuncio dicen quieren desempeñarse “de una manera libre de cualquier formación partidista”(sic).  Y luego anuncian una serie de buenos propósitos que los animan, luego de entender que “la gran mayoría de la ciudadanía no se siente representada”. Ambas citas sacadas de la carta en que hacen el anuncio a la mesa directiva del Senado. 

Lo más elemental es reclamarles su tardía iluminación. Nos hubieran avisado antes de postularlos. Ninguno de ellos hubiera llegado a esa instancia de poder, por cierto, muy bien remunerado y sin mayores complicaciones, sin el apoyo de un partido político, que además en buena medida les financió su campaña. Tampoco hubieran llegado como independientes. El PT sin alianza, difícilmente hubiera conseguido una mayoría; el triunfo se debió a la coalición con Morena y AMLO. Martínez y Álvarez Icaza, pluris, ni elecciones vecinales ganan. Pero ya instalados, luego de tres años, ahora sí les ven todos los defectos a los partidos, que solo usaron como tren de paso. 

En tiempos recientes la práctica de cambiarse de partido, algunos apenas iniciando la legislatura, ha proliferado como sapos en tiempo de aguas, y distorsiona la dinámica del Congreso de la Unión. Cambian de partido con como si fuese de calcetines. Se prestan legisladores para formar mayorías falsas, sea para representación en la junta de coordinación política, elegir directiva o hacer grupo parlamentario. Esto último tiene su importancia, en parte económica. En el Senado para formar grupo se requiere que un partido tenga al menos cinco integrantes, si lo consiguen, tienen asiento en la junta de coordinación, y les otorga prerrogativas, no menores. Pero ojo, los grupos parlamentarios se forman con integrantes de un mismo partido político. Hay ocasiones que hay una ruptura real y cambian de bancada. Pero otras, ocurre de modo tramposo con el simple anuncio de que ahora ya el corazón pertenece a otras siglas. Es una trampa, pero siempre son de un partido a otro al menos nominalmente. Este no es el caso. Tengo la convicción de que no les permitirán funcionar formalmente como grupo, justo porque no representan a una opción partidaria (así se dice correctamente, no “partidista”).  

En todo caso, así lo creo, es un fraude al ciudadano, que vota y los elige con la certidumbre de que no escoge solo a la persona, sino a lo que la institución que lo postula representa, en sus ideas, propuestas. Partidos que los promueven justo para eso. Un poco más de respeto a la gente, es lo mínimo que habría que pedirles. Y si no, que dejen el cargo. Hacer otra cosa es aferrarse a las mieles del presupuesto. 

De cualquier manera, el efecto político es nulo. Numéricamente, desaparecen al PT, pues queda con cuatro representantes. Y de todos modos los citados votaban como querían en cada ocasión. Así que no hace mucha distinción práctica. 

A ver qué agenda promueven. Dicen que van a representar a ciudadanos ¿a quiénes? Porque así en abstracto es complicado identificarlos. Decir que a la mayoría, le agrega un tufo petulante. Es difícil pensar que lideran mayorías a las que no apelan para competir en la arena electoral con sus propios medios. 

Para el caso chihuahuense, el efecto es mínimo también en lo que toca al PAN, aunque Madero no haya renunciado formalmente al mismo, sino solo al grupo parlamentario. Otra contradicción. Madero se mantuvo aliado con el exgobernador Corral, no apoyó ninguna campaña panista, y con ello quedó del lado de las minorías más pequeñas, en lo social y en lo partidario. 

Pero sí se le puede pedir, aún es senador de Chihuahua, un mayor entusiasmo para defender al menos los intereses del estado ante el pacto federal. La demanda absolutamente justa de un equilibrio fiscal, una correcta distribución de ingresos entre estados y el centro. Ayudar a solventar la condición en que anterior gobierno dejó a las finanzas locales. Alguna iniciativa para dirigir inversiones a obras aquí. Un poco de esfuerzo para desquitar la dieta no es pedir demasiado. 

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