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Opinión

‘Transparere’

Existen términos o temas que están en el escenario, que resulta imposible no abordar

Kenya C. Durán Valdez
Catedrático

viernes, 21 enero 2022 | 06:00

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Existen términos o temas que están en el escenario, que resulta imposible no abordar. Como la semana pasada, que hablamos un poco sobre la pandemia; o seguramente más adelante trataremos aspectos de seguridad, educación, economía, etc.; de aquello que nos beneficia, nos aqueja o en general, lo que nos importa como sociedad.

En esta aportación semanal, deseo hacer una serie de comentarios o reflexiones con los lectores, respecto a la transparencia.

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Comencemos por comprender el significado etimológico: la transparencia se deriva de la palabra compuesta latina “transparere”. Lo transparente es lo que podemos ver de un lado a otro. Del prefijo “trans” (de un lado a otro) y el verbo “parere” (aparecer o comparecer). Algo que se deja atravesar por la luz. Que permite ver los objetos con nitidez a través de él. Claro, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad.

Diversos autores han abordado el tema de la transparencia desde la perspectiva gubernamental. Que es, en lo que habré de enfocarme en este artículo.

En el ámbito público, es una política orientada a maximizar el uso social de la información en los organismos gubernamentales. Se habla de un gobierno abierto al escrutinio de la sociedad. No debe confundirse con el acceso a la información; pero sí van íntimamente relacionados. La transparencia implica que el gobierno deja ver su actuación y lo segundo hace referencia a un gobierno dispuesto a informar cuando se le solicita. Ambos conceptos son indispensables para la rendición de cuentas. En suma, podemos decir que un gobierno transparente, inspira confianza.

Desde la antigua Grecia, ya se hablaba de que los ciudadanos podrían juzgar las cuentas públicas y los negocios para un adecuado equilibrio de las fuerzas políticas. La preocupación por establecer mecanismos de control al ejercicio del poder de los gobernantes, por parte de los ciudadanos, también estuvo presente en el pensamiento oriental, por ejemplo en China: Buró de Censura Imperial, institución basada en la filosofía humanista confuciana, encargada de vigilar al gobierno y sus funcionarios. El primer antecedente de una ley formal al respecto, es la de 1776, en Suecia: Ley para la libertad de prensa y del derecho de acceso a las actas públicas.

En el resto del mundo, cobró fuerza en el siglo XX. Su auge mayor surgió a finales del siglo pasado y los primeros años del presente. En América Latina, los países han implementado sus ordenamientos jurídicos con leyes de libertad de información. En México, se emitió la Ley Federal de Transparencia y acceso a la información pública del Gobierno, en junio de 2002, derivada de una reforma al artículo 6º. Constitucional.

Como ciudadanos queremos que nuestro gobierno, en todos sus niveles, en todos sus poderes, en todos sus ámbitos, nos permita participar de las decisiones, acceder a datos, conocer a los funcionarios, saber cómo, cuánto y en qué se gastan nuestros impuestos. De ahí que, sobre todo en los últimos años, se han ciudadanizado algunas instancias y la relevancia de que estén regulados en la normativa esos derechos y anhelos.

Lo ideal es que se cumplan a cabalidad. Lo real es que estamos lejos aún de ello.

La transparencia es un indicador fundamental de la calidad de los gobiernos democráticos. La ciudadanía demanda cada vez más información sobre la actuación de los poderes públicos; aspiramos al libre uso de la información pública de una forma fácil y accesible. 

Es un presupuesto necesario para que los ciudadanos podamos ejercer adecuadamente una valoración y una verdadera intervención participativa. 

Una política pública es transparente si es comprensible, si la información está disponible, si se tiene acceso a ella, si la rendición de cuentas es clara y sobre todo, si los ciudadanos saben qué papel desempeñan en dicha política.

Es quizá la apertura del mundo a la globalización, lo que pone a la transparencia como un concepto clave del crecimiento de las democracias actuales; este término se ha convertido en un factor que incide de forma significativa en el progreso económico o en la posibilidad de inversión de cualquier nación. Es uno de los elementos que contribuirán a la sanación de la relación entre Estado y sociedad, para disminuir algunos puntos que han influido en la crisis de confianza y hartazgo social, presentes en muchos regímenes políticos.

La transparencia es uno de los valores específicos de la ética de la función púbica contemporánea. Es una exigencia fundamental para el buen funcionamiento del Gobierno, ya que trata de fomentar un mejor comportamiento ético, para evidenciar las prácticas corruptas que puedan existir y a su vez, busca que vayan desapareciendo.

Ya es momento, de que nuestras autoridades garanticen, no solo en papel, esa transparencia prescrita en la teoría.

Mayores niveles de transparencia, permiten prevenir y controlar los riesgos de corrupción.

Ya lo dijo Benjamín Franklin: “La honestidad es la mejor política”.

La confianza en el Gobierno es fundamental en cualquier sociedad, en especial cuando los ciudadanos esperan que los servidores públicos “sirvan” a la pluralidad de intereses con justicia y que administren los recursos correctamente.

Ya es momento…

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