Opinión

‘Trademark’ político

Siempre he criticado la forma de muchos de entender la política, de asumir que se está en un estadio de futbol o en un cuadrilátero de lucha libre

Sixto Duarte
Analista

martes, 09 febrero 2021 | 06:00

Siempre he criticado la forma de muchos de entender la política, de asumir que se está en un estadio de futbol o en un cuadrilátero de lucha libre, donde los ciudadanos defienden los colores de un equipo, o un luchador, que se enfrenta a sus adversarios. El fan del futbol o la lucha, defenderá a capa y espada (incluso de forma irreflexiva) los colores de su simpatía. En esa defensa, nos encontramos ante una dicotomía muy básica: mi equipo es el bueno, y su adversario es el malo.

Creo yo, que la política no es de ninguna manera un espectáculo como éste, aunque muchos así la quieran ver. Cuando un equipo gana el partido o la lucha (en este caso, la elección), apenas comienzan sus responsabilidades y la obligación de dar resultados. Será hasta años después que el gobernante deja su gestión, que se podrá hacer un análisis imparcial sobre su mandato.

En el caso particular, me resulta bastante cómico ver cómo muchos defensores de su equipo, en este caso Morena, se llenan la boca hablando de la corrupción del PRIAN, misma que, ante sus ojos, no existe en su partido. Personajes como Bartlett y Gómez Urrutia, son expriistas (igual que AMLO) muy cuestionados, muy señalados, y en pocas palabras, muy corruptos. ¿Qué fue lo que pasó con ellos? Se pasaron al bando que purifica los pecados del pasado. Ahora, son defendidos por la 4T como los próceres de la Patria que fueron víctimas del maldito PRI, aunque a la vez hubieran sido beneficiarios del régimen que ahora critican.

Gabriela Cuevas fue senadora por el PAN. Cuando era asambleísta del DF (también por el PAN), fue criticada por pagar la fianza de AMLO, en caso de que fuera detenido después del desafuero. Hoy ya no es objeto de señalamientos por parte de la 4T, pues ahora es diputada por Morena.

La renuncia a una corriente política viene a tener un efecto de reconciliación con el porvenir, una especie de arrepentimiento del pasado. No estoy diciendo que una filiación política deba escribirse en piedra, pues hasta las tablas de los mandamientos fueron quebradas por Moisés. Sin embargo, el cambiar de filiación política no puede de manera alguna representar el cambio del pasado. El pasado está ahí, y nadie puede cambiarlo.

En los últimos años, hemos visto que en temas electorales, no hay nada más importante quizá que la marca política. De 2007 a 2011, se dieron varios ejemplos de alianzas políticas entre el PAN y el PRD que llevaban como candidatos a expriistas. Gabino Cué en Oaxaca, Rafael Moreno Valle en Puebla y Mario López Valdez en Sinaloa son solo tres ejemplos de esto. Al margen de las razones que los tres hubieran tenido para cambiar de filiación política, mismas que pueden o no estimarse válidas según quien opine, lo cierto es que los tres militaron en un partido. Resulta absurdo que el argumento de quienes los eligieron, fuera precisamente “sacar al PRI del poder” pues hicieron exactamente lo contrario: llevaron a priistas al poder.

Ni que decir de 2018, en donde López Obrador, el ex priista, fue acompañado de varios expriistas como Esteban Moctezuma, Manuel Bartlett, Gómez Urrutia, en su empresa política. Igualmente, Tatiana Clouthier, Gabriela Cuevas, Germán Martínez entre otros, militaron activamente en el PAN. Este es el más claro ejemplo de que la gente lo que quiere es comprar una marca política, pues nadie parece haberse detenido a reflexionar en las anteriores militancias de cada uno de estos personajes.

En la localidad, casi todos los precandidatos a la Presidencia Municipal (con excepción del senador Cruz Pérez Cuéllar de Morena, quien se registró hace unos días) tienen el antecedente de haber militado en el PRI. Javier González Mocken del PAN, Adriana Fuentes del PRI, Antonio Andreu del Verde, Gabriel Flores de Morena, y Rodolfo Martínez del MC. No señalo su anterior militancia como un defecto, sino como un ejemplo de que cada quién responde por sus acciones en las posiciones políticas que hubiera ostentado. En este caso, a ninguno se le puede señalar de lo que siempre se acusa a los priistas, con excepción de Andreu y Martínez.

Los partidos políticos, o marcas, deben entenderse únicamente como un instrumento para acceder al poder. Ya ahí instalados, lo que se debe evaluar es precisamente la gestión de cada uno de los gobernantes, al margen de las fobias o filias que cada color produzca. Resulta bastante irrisorio, insisto, que mucha gente se rasgue las vestiduras acusando a un partido viejo, cuando el origen político de todos los candidatos es el mismo.