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Opinión

Toda una desgracia por un vecino mortal

Erick y Javier viajaron y se establecieron desde hace algunos años, cada quien por su lado, en aquel lejano país localizado en Europa Oriental. Sus motivos eran bien diferentes, pero idénticos en objetivo final, la esperanza de triunfar en un nuevo espacio

LA COLUMNA
de El Diario

sábado, 19 marzo 2022 | 23:51

| Javier DonLucas | Erick Luján

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Recién llegados de Ucrania, Erick Luján a Chihuahua y Javier DonLucas a Ciudad Juárez, han descrito en primera persona para los lectores de El Diario los horrores de una guerra hace semanas impensable.

Soportaron bastante tiempo, día y noche, sirenas que anunciaban la caída de proyectiles, señal inequívoca para correr varios metros bajo tierra y buscar refugio en busca de salvar lo más preciado, la vida.

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Luego, sólo escuchar el estruendo y los movimientos provocados por las detonaciones, sin saber qué pasaría. Momentos de desfallecimiento obligado, de quebrarse, pero su voluntad los llevó a derribar cualquier barrera y sortear mil peligros para ponerse a salvo junto con los suyos.

Los últimos días por ellos vividos son inenarrables, llenos de angustia y terror, por el grave riesgo en que se encontraban; con un solo pensamiento, dejar atrás el mortal conflicto, aun y cuando quedaran abandonados los pocos bienes acumulados a lo largo de un tiempo de trabajo y dedicación.

Fue, o quizá lo vuelva a ser en un futuro, una tierra en la cual tenían muchas esperanzas de construir una vida, en una cultura diferente, riquísima; uno de los más importantes graneros del mundo, espacio de cultura y oportunidad en el comercio.

Una tierra que de pronto se vio envuelta en una guerra sin razón, sin lógica, más allá de una disputa geopolítica de poder, que pretende justificar todo, incluido el asesinato de cientos, miles de personas. Vladimir Putin, presidente ruso, su ejecutor; hoy catalogado como criminal de guerra, genocida.

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Erick y Javier viajaron y se establecieron desde hace algunos años, cada quien por su lado, en aquel lejano país localizado en Europa Oriental. Sus motivos eran bien diferentes, pero idénticos en objetivo final, la esperanza de triunfar en un nuevo espacio.

Sabían que no iba a ser sencillo, pero no pensaban, jamás pensaron, en la condición terrible que sobrevendría.

Venía el país ucraniano de inestabilidad política en 2013, cuando fue destituido el presidente Viktor Yanukovich por el mismo pueblo, al negarse a formar parte de la Unión Europea, que era un clamor generalizado, que es una exigencia permanente.

Tenían y tienen deseo los ucranianos de disfrutar de los beneficios de la modernidad que trae consigo la tecnología occidental y un modo de vida más democrático, más libre.

La reacción no tardó. En 2014 sobrevino la anexión rusa de Crimea, y desde entonces es sufrida una guerra de baja intensidad en el territorio de Dombás, donde la guerra de guerrillas es alentada y auspiciada de manera descarada por el régimen ruso.

Ahora Zelensky, el presidente que tiene como origen la comedia y el cine, pretendió concretar la anexión a la Unión Europea y a la OTAN, pero no calculaba la fiera reacción rusa a cargo del belicoso dirigente Vladimir Putin.

Nadie lo creía posible… sólo los Estados Unidos, su presidente Joe Biden, alertaba y nadie hizo caso, hasta que los ejercicios militares en la frontera con Dombás se convirtieron en lo que realmente eran, los preparativos para la operación especial, eufemismo con el cual se pretende atenuar la terrible palabra guerra, invasión.

Ahora, de golpe y porrazo, ha cambiado la vida de Erick y Javier, junto con sus familias, que casi de la noche a la mañana tuvieron que abandonar lo mucho o poco que habían construido, en una odisea prolongada por días de angustia, de miedo.

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Erick vivía en Lviv, en la oblast de Leopolis, una de las importantes ciudades ucranianas, localizada a escasos 70 kilómetros de la frontera con Polonia, a la cual en algún momento de su historia perteneció.

Ahí, dedicado a la promoción de eventos masivos, Erick formó su familia con una mujer originaria de dicho país europeo. Hoy tienen dos niños, de 3 y un 1 año de edad. Tienen la triple nacionalidad, ucraniana, mexicana y rusa.

A más de 400 kilómetros de Kiev, la capital ucraniana, creía Erick poco probable que llegaran las hostilidades, pero eso cambió de pronto, cuando las alarmas de ataques lo hicieron esconderse junto con su familia en un pequeño sótano, que más bien era un lugar de tiliches, donde vivieron las últimas horas antes de decidirse a partir hacia Polonia.

Era un sótano de casi dos metros cuadrados, de donde sólo salían para lo más indispensable. Su charla con los reporteros de El Diario se vio interrumpida por fallas en Internet y por las alertas antibombas.

Pese a su cercanía con Polonia, la travesía duró horas, más la interminable fila para ingresar al país europeo por los controles militares establecidos, y los cientos de miles de refugiados.

Las temperaturas bajo cero poco ayudaron. Convirtieron en un calvario la huida.

En el caso de Javier, músico y educador de profesión, la ruta fue aún más penosa, porque él se encontraba en Kiev. Al quinto día de los ataques, decidió salir de casa junto con su familia para refugiarse en el tren subterráneo, buscando evitar los bombardeos aéreos.

Ahí, apretujado con muchas más personas, permaneció un tiempo, hasta que se decidió a tomar el tren con destino a Leopolis y de ahí a Rumania, por su cuenta. Tenía unos pasajes para hacerlo, pero el drama del abordaje fue terrible. Eran también cientos o miles quienes buscaban salir.

Su estancia en Kiev, con explosiones, víctimas, sangre, fuego, aún lo perseguía en el recuerdo, cuando logró ingresar a un país de recogida, y de ahí, mediante un vuelo especial a México, como ocurrió también con Erick.

Ambos ya están con sus familias en Chihuahua y Juárez, lidiando con otra realidad a miles de kilómetros de distancia y del vecino que de pronto se alzó como enemigo mortal, para darle un zarpazo de oso a la pequeña nación de apenas 40 millones de habitantes, y que hoy resiste con valentía la agresión de un ejército inclemente que lo supera con creces, sin escrúpulo alguno para matar civiles, niños, ancianos, mujeres... a todos.

***

En el fondo de la tragedia ucraniana se encuentra el dictador Vladimir Putin, el exagente de la KGB, elevado al poder por el régimen comunista, tras el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y una incipiente “paz democrática” con Gorbachov y Yeltsin.

Es Putin auténticamente un nuevo zar, con más de 20 años en el poder, que pelea por recuperar la hegemonía soviética en Europa Oriental y el mundo entero.

Su influencia ha sido tal que, es secreto a voces, habría llegado a pactos con el expresidente Donald Trump, inclusive interfiriendo electoralmente, primero en contra de Hillary Clinton y después contra Joe Biden.

Se ha sostenido en el poder gracias al discurso severo de regresar las viejas glorias mundiales del Soviet, pasando por encima de los acuerdos logrados con el desmoronamiento de la URSS, que le regresó la autonomía a las diversas regiones, entre ellas Ucrania.

Es este pedazo de Europa Oriental una presa que ha sufrido invasiones y ataques desde su configuración inicial, y que parecían desaparecidas de una realidad moderna, hasta que apareció la bota rusa.

Impensable la guerra sufrida, que tomó por sorpresa a los chihuahuenses Erick y Javier, sus familias y cientos de mexicanos radicados en aquel lugar, la mayoría ya evacuados.

No hay motivos racionales para una masacre como la protagonizada. Consiste lisa y llanamente en una política de sinrazones para seguir diezmando a los ucranianos que buscan libertad e independencia para relacionarse con Occidente y su cultura.

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