Opinión

Tiberio (III)

Tiberio llega al poder por la vereda de la intriga, pero este ciclo es infinito, termina y comienza como el uróboro, la serpiente que se come a sí misma

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 30 mayo 2021 | 06:00

Antes de iniciar, hagamos un recuento de las dos primeras partes de esta serie. Según el libro “Tiberio, historia de un resentimiento”, de Gregorio Marañón, la infancia de este gobernante estuvo marcada por la tragedia familiar; su madre Livia, descendiente de la casta de los claudios, se casó tres veces; la primera con Nerón Claudio Druso, la segunda con Tiberio Claudio Nerón, a quien abandona para ir a casarse con Augusto, su tercer esposo.

Entre estos periodos, Livia y sus hijos viven en el destierro, luego regresan a Roma y Livia se casa con Augusto quien pertenecía a la casta de los julios y, años más tarde, se convertirá en emperador. Esta unión representa la alianza entre julios y claudios, sin embargo, el matrimonio desata los demonios de la política por la sucesión en ese tablero de ajedrez donde se juega la vida, el poder y la gloria que se sintetiza en el ejercicio del gobierno.

Por motivos de tradición e historia, el heredero natural de Augusto era su sobrino Marcelo II, de la dinastía de los julios, sin embargo, la mala suerte lo alcanzó antes de tiempo y murió; tras la muerte de Marcelo II, quedaban Caio y Lucio, los jóvenes hijos de Augusto que, sin saberlo, se enfrentaron a la ambición de Tiberio y su madre Livia. Esto nos enseña que a veces es más difícil sobrevivir que ganar la carrera.

Durante esta época, nos narra el profesor Marañón, Tiberio era un político antipático y gris, estaba perdido en las misiones militares en tierras remotas donde acumuló pocas victorias y sus triunfos fueron opacados por otros personajes, quizá por ese motivo “buscaba en el vino alivio para su dolor, mereciendo de la malicia de la tropa el que cambiaran su nombre de ‘Tiberius’ por el de ‘Biberius’. Y esta vinícola afición, que parece cierta, no contradice, como creen sus alarmados apologistas, el que fuera un hombre sobrio”. Frecuentemente, los vicios esconden las más tristes miserias humanas detrás de un ceño fruncido.

Por otro lado Caio y Lucio mueren en el camino. De Lucio se especula que fue envenenado por la madre de Tiberio en una expedición a Marsella; Por su parte, Caio sufrió un accidente y murió tiempo después en la soledad tras no poder sobreponerse a las heridas, se conoce de este personaje que frecuentemente se dejaba llevar por sus excentricidades. Con estas dos muertes, crecen las posibilidades para Tiberio, que deseaba ocupar el puesto de su padrastro Augusto para vengarse de las humillaciones que había vivido en la niñez, esto serviría para “la rumia de su resentimiento”.

Este capítulo de la sórdida lucha entre castas, se acaba cuando Tiberio y su madre logran deshacerse del tercer hijo de Augusto, Agripa Póstumo, un hombre depravado, brutal y violento que, gracias a las intrigas de la madre de Tiberio -Livia-, fue desterrado a la Isla de Planasia, “el exilio de Agripa se hizo en condiciones tan severas que equivalían a la muerte civil”, como lo explica el historiador Gregorio Marañón. 

Durante el Imperio Romano, todos los castigos del Estado castigan la vida ciudadana; el desterrado, por ejemplo, es quien regresa a la naturaleza a vivir fuera de la civilización, en el bosque o en una isla, separado del grupo para evitar la contaminación social de inadaptado. Varios siglos antes, en Atenas, Sócrates prefirió la muerte antes del destierro, porque no concebía su vida fuera de la sociedad, con sus propias manos tomó el veneno de la cicuta. En una disputa política, el vencedor siempre querrá desterrar a su enemigo.

Livia y Tiberio no podían cantar victoria aún. No bastó deshacerse de la camada de julios (Marcelo II, Caio, Lucio y Agripa), faltaba Germánico, un joven sobrino de la misma casta que emergió en el ánimo del emperador Augusto, quien estuvo a punto de nombrarlo heredero, pero las lágrimas de Livia impidieron que lo hiciera público cuando ya estaba decidido a hacerlo. Fue este un movimiento estratégico que cambió el rumbo de la historia para Germánico, quien quedó a cargo de Tiberio en adopción por orden de Augusto. 

Como hemos visto, la política, como la vida misma, pende de un hilo, no se sabe quién quedará arriba en la rueda de la fortuna porque hasta el más lerdo termina gobernando si el destino y la fortuna le sonríen.

En el año 14 d.C., murió el emperador Augusto. Según el profesor Marañón, en su testamento “quedaba para siempre consignada la violencia con que llegó a la designación del antipático representante de los claudios, después de vencidos en fatídica pugna, uno por uno, todos los candidatos de la rama julia [Augusto dejó dicho]: ‘puesto que la crueldad de la fortuna […] me ha quitado a mis hijos Caio y Lucio, que Tiberio César sea mi heredero’”, así asciende al poder Tiberio, en contra todos los pronósticos.

Dice Marañón que “Tiberio, por lo tanto, recibió con el supremo honor el supremo motivo de su resentimiento […] aceptó sin entusiasmo. El principado era ya para él un deber tan sólo. Era aquel puesto altísimo como el vértice de una pirámide de intrigas, de bajas pasiones, de tragedias y muertes, en las que era difícil separar las que preparó la fatalidad y las que el crimen allanó […] las espinas del resentimiento enconaban, desde su origen, la notoria incapacidad de Tiberio, decepcionado y próximo a la vejez, para el gobierno de la república; y teñían de antipatía de acritud su gestión ante la historia”. 

Tiberio llega al poder por la vereda de la intriga, pero este ciclo es infinito, termina y comienza como el uróboro, la serpiente que se come a sí misma. Al fin comenzaba el reinado de Tiberio, marcado por el resentimiento y con el ánimo de vendetta, pero en el mismo momento comenzaba la siguiente sucesión con la misma impronta, esta vez no era Augusto la víctima, era el propio Tiberio; entonces, nos dice Marañón, “la lucha de los julios contra los claudios había concluido. Pero empezaba la de los claudios, dueños ya del poder, contra los julios”. La lucha por la supremacía de las castas termina y continua. 

¿Quién es el Tiberio de Chihuahua?

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