¿Testamento Moral? (I)

En todo caso rebasaría lo meramente intraeclesial y abarca la cultura toda. B.XVI ha sido un crítico sólido y severo...

Hesiquio Trevizo
Presbítero
domingo, 12 mayo 2019 | 06:00

En todo caso rebasaría lo meramente intraeclesial y abarca la cultura toda. B.XVI ha sido un crítico sólido y severo, sin pesimismos, de la cultura actual. Y es que el cristianismo, aún en las catacumbas, ha sido una confrontación con el mundo y ha de aceptar su total inadecuación con el ‘mundo’. Malo cuando éste lo contamina.

B.XVI ha roto el silencio. En un amplio texto titulado “La Iglesia y los abusos sexuales” –filtrado el 11.04. 2019 por el New York Post– B. XVI ofrece el contexto histórico sobre el problema de los abusos sexuales, también se refiere a los efectos en la vida de los sacerdotes y, en la parte final, propone ‘perspectivas’ para una adecuada respuesta a este flagelo que ha dañado gravemente a la Iglesia.  Atender a dicho contexto es decisivo porque el abuso de menores no es asunto sólo clerical, su proliferación es altamente alarmante.

Fue un rayo en seco; yo mismo creí que era un bulo de tantos. Pero no; es un documento auténtico publicado en la revista alemana “Klerusblatt”. B.XVI consultó para ello al Secretario de Estado y al Papa. Es un campanazo en la conciencia de la Iglesia y del mundo en donde, a la postre, estamos todos. 

El propósito no puede ser más claro: “Del 21-24.02.19 los presidentes episcopales del mundo se reunieron en el Vaticano para discutir la crisis de fe y de la Iglesia, una crisis palpable en todo el mundo tras las chocantes revelaciones del abuso clerical perpetrado contra menores. (Claro, antes que nada, es una crisis de fe. Nota mía). La extensión y la gravedad de los incidentes reportados han desconcertado a sacerdotes y laicos, y ha hecho que muchos cuestionen la misma fe de la Iglesia. Era necesario enviar un mensaje fuerte y buscar un nuevo comienzo para hacer que la Iglesia sea nuevamente creíble como luz entre los pueblos y como una fuerza que sirve contra los poderes de la destrucción”. A él le tocó lo álgido del problema, “entonces, (…) reuní algunas notas con las que quiero ayudar en esta hora difícil”. 

El trabajo se divide en tres partes: 1º, “busco presentar brevemente el amplio contexto del asunto, sin el cual el problema no se puede entender. Intento mostrar que en la década de 60s ocurrió un gran evento, en una escala sin precedentes en la historia. Se puede decir que en los 20 años entre los 60s y 80s, los estándares «vinculantes hasta entonces respecto a la sexualidad colapsaron completamente, y surgió una nueva normalidad» que hasta ahora ha sido sujeta de varios y laboriosos intentos de disrupción.

2ª, busco precisar los efectos de esta situación en la formación de los sacerdotes y en sus vidas. Y 3ª, me gustaría desarrollar algunas perspectivas para una adecuada respuesta por parte de la Iglesia”.

Hoy quiero centrarme en la I parte; luego me ocuparé de lo demás: “El amplio contexto del asunto, sin el cual el problema no se puede entender”. Esto es decisivo; la iglesia no vive en un mundo aparte. “En los 60s ocurrió un gran evento, en una escala sin precedentes en la historia. …, los estándares vinculantes hasta entonces respecto a la sexualidad colapsaron completamente, y surgió una «nueva normalidad»”. Pero no solo en el ámbito de la sexualidad; simplemente se rompieron todos los estándares, todos, en todos los órdenes; fue y sigue siendo una revolución del hombre contra el hombre. Siendo algo que está relativamente cercano a nosotros aún no ha sido suficientemente estudiado este dato. Los historiadores sostienen que la ruptura se generó en 1965 y no el 68 ni con la publicación de la Humanae Vitae. 

Por milenios lo esencial de los seres humanos estaba regido por el deber. El hombre hace lo que debe hacer. De este deber cumplido todo individuo se siente honrado, orgulloso, convencido de que conformarse a ese deber es fuente de felicidad y de ascensión en su calidad de ser. En los 60s, alrededor de mayo del 68, se afirmó una nueva autocomprensión: La acción de cada quien está guiada por el placer y la búsqueda de nuevas experiencias. «Yo hago lo que me parece, lo que me da placer, hago lo que yo quiero, porque yo siento que actuar así me dará una nueva experiencia». La revolución del 68 fue un simple “lo anterior no vale un comino; al diablo con ello. Ahora el centro soy yo y mis sensaciones. Nadie tiene porqué intervenir en mi vida.  Es un nuevo comienzo”.

Es importante tener en cuenta que en esa década se dieron eventos trascendentales: termina el Concilio Vaticano II cuya aceptación e interpretación fue de proporciones histórico-universales; me parece que fueron más de 50 mil los sacerdotes que entonces abandonaron el sacerdocio; la revolución de mayo, la publicación de la Humanae Vitae, el festival de Woodstock, la revolución cubana como producto de exportación y, transversal a todo, la demoniaca guerra de Vietnam que llevó a los jóvenes norteamericanos a una rebeldía total. Y si faltara algo, con el fin de paralizarlos, el gobierno norteamericano liberó irrestrictamente la pornografía que ahora tiene proporciones, no dudo en decir, cósmicas. Pornografía infantil incluida. Millones de sitios y millones de visitas por hora. 

La novedad radical era que se trataba de una rebelión juvenil, universitaria. De Berkley a Berlín; de México a Tucumán. Una filosofía era necesaria, un maestro, un líder. Y éste surgió. Alemán para variar: Herbert Marcuse a quien Jürgen Habermas calificó como «maestro celebrado de la nueva izquierda» y como «el filósofo de la rebelión juvenil». Veamos algo de su pensamiento. 

En el prefacio de Eros y civilización (1966), Marcuse remarca la función opositora de los jóvenes, como naturalmente inclinados a ocupar «la primera fila de los que luchan y mueren por Eros contra la muerte». Alude específicamente al hipismo como un movimiento no conformista de izquierda que ha producido una auténtica transvaloración en el plano “sexual”, (sexo grupal), ético y político. ¿Recuerda aquello de que: “hagamos el amor y no la guerra”?

A partir de la guerra de Vietnam, dicho movimiento capta en profundidad los designios imperialistas y se lanza a la titánica tarea de concientizar políticamente a la población más pobre, a trabajar en una teoría crítica de la mutación social, a reformar doctrinaria y curricularmente la universidad para alejarla de su misión reproductora al servicio del mercado. «No se trata de purificar la sociedad existente sino de reemplazarla». 

«Creed en el pensamiento, en la razón, en el hombre concreto, en el amor, en la democracia socialista, en la inteligencia, en las paradojas, en el azar, en la libertad, en vosotros mismos. No creáis en la ideología, en la ilusión, en la masa anónima, en la dictadura totalitaria, en la certeza, en los proyectos, en la necesidad, en la autoridad. Jóvenes, creed en vosotros mismos». 

He aquí una síntesis del programa juvenil de Marcuse: «La emancipación del hombre será total o no será. Nuestra esperanza sólo puede venir de los sin esperanza. El derecho de vivir no se mendiga, se toma. Decreto el estado de felicidad permanente. Contempla tu trabajo: la nada y la tortura forman parte de él. ¡Viva la comunicación, abajo la telecomunicación! No me liberen; yo me encargo de eso. Si piensan por los otros, los otros pensarán por ustedes. La imaginación toma el poder. Vivir contra sobrevivir. Olvídense de todo lo que han aprendido, comiencen a soñar. Lo sagrado: ahí está el enemigo. Abajo el realismo socialista, viva el surrealismo. Viole su alma mater. La cultura es la inversión de la vida. No se encarnicen tanto con los edificios, nuestro objetivo son las instituciones. Si lo que ven no es extraño, la visión es falsa. La sociedad es una flor carnívora. Viva la democracia directa. Abramos las puertas de los manicomios, de las prisiones y otras Facultades. La Revolución debe hacerse en los hombres antes de realizarse en las cosas. La alienación termina donde comienza la de ustedes. Van a terminar todos reventando de confort. Corre camarada, lo viejo está detrás de ti. El discurso es contrarrevolucionario. Las armas de la crítica pasan por la crítica de las armas. Civismo rima con Fascismo. La muerte es necesariamente una contrarrevolución. La voluntad general contra la voluntad del general. No la sacudan, nuestra izquierda es prehistórica. La barricada cierra la calle, pero abre el camino. Vuelve Heráclito. Abajo Parménides. Socialismo y libertad».

¿No estamos en esta tesitura social? Es el contexto doctrinal de la crisis total que nos envuelve. ¡Políticos, padres y abuelos de hoy, son de esa generación! 

“Ser jóvenes y no ser rebeldes es una contradicción hasta biológica”, dijo Salvador Allende en la U de G.  Hablaba de una rebeldía contra todo, simplemente. Era la moda.