Opinión

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'Enemigos o antagónicos hasta perder la cordura, pero en el fondo coinciden en lo elemental'

Manuel Narváez
Analista

lunes, 18 mayo 2020 | 06:00

“ Enemigos o antagónicos hasta perder la cordura, pero en el fondo coinciden en lo elemental”. 14 meses después de tomar las riendas del poder, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa mandó al Ejército Mexicano a hacer funciones de patrullaje, para contener el avance del crimen organizado. 

Ordena Calderón mantener al Ejército en las calles hasta 2012, responde así a los sectores que piden el retorno a los cuarteles y que la Policía combata al crimen organizado. Por decreto presidencial, el Ejército Mexicano mantendrá como una de sus principales tareas el combate al crimen organizado y al narcotráfico, al menos hasta 2012. Así lo establece el Programa Sectorial de Defensa Nacional 2007-2012, publicado ayer en el Diario Oficial de la Federación (DOF), en el que se plasma la estrategia y objetivos del instituto armado para lo que resta del sexenio. 

En el contexto de la demanda de algunos actores sociales y políticos en el sentido de que los militares regresen a sus cuarteles y dejen en manos de la Policía el combate al crimen, el presidente Felipe Calderón oficializó con el documento que los soldados se mantendrán en las calles durante todo su sexenio. 

El Ejército Mexicano tiene ante sí el reto de convertirse en “unas fuerzas armadas modestas, pero mucho más operativas”, capaces de cumplir con su compromiso de crear las condiciones de seguridad necesarias para el desarrollo y bienestar de la sociedad civil, indica el texto. 18 meses se tardó Andrés Manuel López Obrador para emular a su peor pesadilla (FECAL, para la izquierda), y ordenar que las fuerzas armadas salgan a las calles a patrullar. El acuerdo tiene alcance hasta 6 meses antes de irse de la Presidencia. 

El presidente Andrés Manuel López Obrador publicó este lunes un decreto en el Diario Oficial de la Federación (DOF) en el que dotó de atribuciones extraordinarias de seguridad pública al Ejército y la Marina, para que actúen en respaldo de la Guardia Nacional. El decreto estará en vigor durante el tiempo en que la Guardia Nacional desarrolla su estructura, capacidades e implantación territorial, sin que dicha participación exceda de cinco años. 

De hecho, se establece como fecha de vigencia el 27 de marzo de 2024. Aún recuerdo aquellos años cuando el candidato panista se autonombró “el presidente del empleo”. La verdad es que las cosas no salieron como las había pensado, porque los reportes y diagnósticos de la amenaza de crimen organizado para construir un narcoestado lo obligaron a priorizar las estrategias de gobierno. 

El 31 de octubre, a un mes de entregar la estafeta a Peña Nieto, Calderón presumió la generación de 2 millones 170 mil 995 nuevos empleos formales netos, de los 6 millones que prometió en campaña. En los números rojos por muertes violentas relacionadas con el crimen organizado, Felipe heredó de los seis años de guerra contra las drogas 121 mil 35 muertes; 29 mil 957 ejecuciones menos que la de su sucesor, Enrique Peña. 

Por su parte, en el cuarto de tiempo de su sexenio, Andrés Manuel López Obrador (KKS, para sus detractores), generó 342,077 plazas de trabajo en 2019. Por la peste, se han perdido más de 550 mil empleos; sin embargo, por decreto presidencial se esperan generar 2 millones este 2020. En el rubro de muertes violentas relacionadas con la disputa entre cárteles de las drogas, que no del combate del Estado mexicano al crimen organizado, toda vez que al inicio de este sexenio se apostó por los abrazos y no por los balazos, 37,424 personas fallecidas marcan récord en los primeros 17 meses de gestión de López Obrador. 

Esta comparación entre dos personajes de la vida pública que no se quieren, pero que las circunstancias los acercan, es, sin duda, un parámetro para medir el nivel de congruencia de los políticos mexicanos cuando son candidatos y cuando ya están en el poder. Calderón no tuvo la más remota idea de qué tamaño era el monstruo del crimen organizado en México cuando asumió la Presidencia, en tanto su antecesor (Fox) se la pasó bobita y nada hizo por atacar el problema. En cambio, Felipe tuvo que modificar sus prioridades, aunque en el pecado llevó la penitencia, al grado de tener al enemigo en casa (Genaro García Luna). 

López Obrador sí fue claro y contundente en sus 12 años de campaña presidencial. Cada oportunidad que tuvo para cuestionar el uso de las fuerzas armadas en el combate al crimen organizado, le hizo el “fuchi, gúacala”. Existe un sinfín de evidencias de esas declaraciones en las benditas redes. El régimen de la 4T se opuso desde un principio a usar las fuerzas armadas para contener la imparable violencia en el país; por el contrario, consideró que la Sedena tiene el prestigio suficiente para construir grandes obras (Aeropuerto de Santa Lucía), realizar operaciones bancarias (Banjército) y apoyar a la población en caso de desastres naturales (Plan DN-III). 

Pero el golpe de realidad también obligó a cambiar de opinión al camarada López. El buen trato al crimen organizado (Ovidio y familia Guzmán) no le dio los resultados deseados; el descaro de grupos criminales sustituyendo las deficiencias del Estado para alimentar a la población en tiempos de pandemia (entrega de despensas) y el terrible aumento de muertes relacionadas con el narcotráfico, ha obligado al nuevo régimen a copiar la estrategia de los tiempos de Calderón. Aquí es donde la puerca tuerce el rabo. Aquel viejo refrán “más pronto cae un hablador que un cojo”, le viene como anillo al dedo, al querido líder. Pero no sólo el imperturbable presidente hace el ridículo en el vals de las incongruencias; también los que aplaudieron (y callaron) la medida de FCH en su momento, que hoy “lloran como mojinas”, porque AMLO y la 4T regresan a las calles a las fuerzas armadas. 

O sea, aprendieron a no pichar, no cachar ni dejar batear, mezquinos. “Haiga sido como haiga sido”, a Calderón no le quedó de otra; Peña lo secundó y la 4T se convenció de que lo menos peor para hacer frente al monstruo del narcotráfico, son las fuerzas armadas. Es cuanto. P.D. Días atrás corrió la versión de que miembros y simpatizantes de Morena (incluidos PT, PES y PVEM), que durante el período neoliberal hayan ocupado cargos de gobernantes, legisladores, regidores, dirigentes partidistas, candidaturas, dirigencias sindicales, jueces, magistrados, ministros de la corte, o fungido como proveedores de Gobierno, devolverán la mitad de lo cobrado al pueblo. Esto, con la finalidad de crear un fondo de 5 mil millones de pesos para adquirir insumos hospitalarios y terminar los hospitales que dejaron inconclusos en sexenios pasados.