Opinión

También ‘Somos’

Ginger Thompson es una periodista que ha sido corresponsal nacional e internacional del The New York Times. En el año 2001 obtuvo el premio Pulitzer en la categoría de reportaje nacional

Jesús Antonio Camarillo
Académico

sábado, 17 julio 2021 | 06:00

Ginger Thompson es una periodista que ha sido corresponsal nacional e internacional del The New York Times. En el año 2001 obtuvo el premio Pulitzer en la categoría de reportaje nacional. Thompson por más de quince años ha investigado las facetas de la violencia desatada por el crimen organizado en México. En junio de 2017 se dio a conocer un implacable reportaje de su autoría: “Anatomía de una masacre”, copublicado en ProPublica y Nacional Geographic. Rompecabezas que reconstruye a través de invaluables testimonios lo que ocurrió en marzo de 2011 en el municipio de Allende, estado de Coahuila.

Extraordinario trabajo periodístico que porta como meollo una más de las tragedias ocurridas durante el fatídico sexenio de la guerra contra el narcotráfico desatada por Felipe Calderón, el reportaje sirvió como base de una serie recientemente estrenada en la plataforma Netflix: “Somos”. Al verla, uno no puede abstenerse de recordar lo que se vivió en ese trágico sexenio, sobre todo en territorios que se volvieron arenas de combate, como Ciudad Juárez.

De cada masacre ocurrida a lo largo y ancho del país se podrían erigir miles de narrativas, desde diferentes miradas, con énfasis en lo que se pasó por alto y nadie detecta, salvo, eso sí, la carga omnipotente de la impunidad que cobijó con su manto cada acontecimiento.

Porque eso sí, de la masacre de Allende, después de la reconstrucción de los hechos, queda la impunidad. Una impunidad que en el caso concreto adquiere una resonancia bilateral. Pueblo chico y tranquilo que se convierte en un infierno por un “error” de la DEA. La agencia antinarcóticos pasa información a sus compañeros en México y, mediando la corrupción de las autoridades mexicanas, alguien la filtra hasta llegar al cártel de los Zetas. Lo que ocurrirá después es predecible, pero manejado con un ritmo magistral en la serie, con la exquisitez de quien sabe apropiarse de la difusa levedad de los tiempos de una trama.

Cabe destacar que en una pieza periodística sucesiva a “Anatomía de una masacre”, Ginger Thompson se hace una pregunta con alta carga performativa: ¿Quién exige responsabilidades a la DEA cuando sus misiones cuestan vidas?

En efecto, esa es una pregunta que casi nadie se hace, incluidas las cámaras legislativas de Estados Unidos, quienes históricamente pasan por alto, como si fueran minucias, los excesos y las omisiones o negligencias de sus órganos antidrogas, especialmente cuando actúan fuera de su territorio.

Cuando Thompson escribió su reportaje, quizá nunca se imaginó que cuatro años después sería llevado a la pantalla, no bajo la sucinta suerte de una película que aprieta tanto los hechos bajo el riesgo de hacerlos explotar a las primeras de cambio, sino bajo la estética de una miniserie que le da tiempo a sus múltiples personajes para que muestren recovecos de su experiencia vital. Experiencias y diálogos sobre lo cotidiano, arrastrando inclusive, la lentitud de sus quehaceres ordinarios. Manifestación de una calma chicha que antecede a la tormenta. En cifras no oficiales se han llegado a mencionar hasta 300 muertos como saldo.

“Somos” levanta un escenario de personajes ficticios, todos, sobre la base de la más cruenta realidad. La dejamos correr y no podemos dejar de recordar otros referentes. En Ciudad Juárez, todos los días, prácticamente, en esa estúpida guerra desatada por un hombrecillo que alguna vez se vistió de jefe militar.

Notas de Interés

Te puede interesar

close
search