OPINIÓN

Sus desvaríos lo llevan a negar incendios y ejecuciones

Ya no se sabe qué es más grave; que el gobernador intente sacudirse cualquier responsabilidad en la ausencia de control policial en esta ciudad negando infantilmente lo que todo mundo vio en las últimas horas o que una diputada plurinominal salga inútilmente en su defensa

LA COLUMNA
de El Diario
jueves, 07 noviembre 2019 | 06:00

• Sus desvaríos lo llevan a negar incendios y ejecuciones


• Un testigo protegido en Palacio de Gobierno


• Duartistas esperan con ansias la quincena 


• Corral cambia de edecán, ahora es ‘La Coyota’


Ya no se sabe qué es más grave, que el gobernador intente sacudirse cualquier responsabilidad en la ausencia de control policial en esta ciudad negando infantilmente lo que todo mundo vio en las últimas horas o que una diputada plurinominal salga inútilmente en su defensa.

Incendios de vehículos, algunos atravesados para evitar el tránsito de los cuerpos policiacos, con balaceras por doquier, en un escenario donde Juárez de pronto se tornó Culiacán.

Pretende ocultar el gobernador la realidad con un desmentido tuitero, “es falso que se hayan producido balaceras en distintas partes de la ciudad y que Fiscalía Chih haya sido atacada”, publicó tratando de ocultar lo inocultable: que Ciudad Juárez fue objeto de una evidente reacción de los grupos delincuenciales.

Marisela Terrazas, quien llegó al Congreso por la vía cómoda de colgarse de los votos de quienes sí hicieron campaña, ni tarda ni perezosa difundió el mensaje del jefe del Ejecutivo, sin darse cuenta que con esas actitudes convalida aun más el desprestigio de la administración y de sus diputados paleros.

La prueba no es una, sino varias grabaciones que circularon en redes sociales acerca de las distintas balaceras. Una de ellas en poder de este columnista, donde se escucha la desesperación de uno de los comandantes.

“Las unidades que me mandaste a (inaudible)... ciérrame la circulación en la 16, que no pase nada por enfrente del distrito, y los compañeros parapetados en las jardineras, vamos a evitar que nos peguen a nosotros”, alerta el oficial por la radio institucional.

La violencia desatada en el estado, que hasta las estaciones y cuarteles de Policía decidieron resguardarse.


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Cero avance en investigaciones pero gran impacto nacional e internacional por el crimen cometido de manera salvaje contra nueve inocentes integrantes de la extensa Familia LeBaron.

No sólo Estados Unidos ofreció su ayuda a través del presidente Trump, sino también otras naciones emitieron comunicaciones de solidaridad con nuestro país. Es el asunto una papa caliente, con el ingrediente inmediato de Culiacán.

Las benditas redes sociales fueron implacables. El escarnio por la abulia y el desdén mostrado por el gobernador Corral inunda ese mundo virtual, en una franca crítica a un Gobierno alejado de la principal causa popular, que es la protección a la vida. Ayer desconocía que Juárez estaba ardiendo y adjudicó la información al duartismo.

Corral se defiende también con deficiencia –no podía ser de otra forma– por el artero crimen contra los LeBaron e intenta desviar la responsabilidad a la Federación, que cuenta con el respaldo popular del reciente culiacanazo, que en datos de Mitofsky le otorgan a López Obrador un 52 por ciento de aprobación por la manera en que actuó. Va a pasar lo mismo con el caso reciente, los gobernadores de Sonora y Chihuahua cargarán con el desprestigio.

El gobernador habla de necesaria coordinación y de una respuesta contundente que en tres años no ha mostrado ni tendrá, en lo personal porque se encuentra muy ocupado en sus cotidianos desvaríos como el golf y los viajes.

Una coordinación ausente, con César Peniche, el fiscal, en franco choque con los primeros informes de la Federación con cables cruzados donde México culpa a la Línea y Chihuahua a “El Jaguar” en lucha por el control esa zona serrana.

No se ponen de acuerdo en la información, menos en cuanto a la operación de seguridad. Chihuahua estuvo ausente de cualquier movimiento el día de los acontecimientos. No aparece en la relatoría de seguridad presidencial, con el gran hueco de siete horas en que las fuerzas federales llegaron al lugar de los hechos y un Marcelo Ebrard que aparece en escena junto con el secretario de Marina, 30 horas después. Ni la corbata alcanzó a quitarse para trasladarse de la diplomacia fifí al campo de guerra.

Contradicciones que revictimizan a los deudos, que en un mar de lágrimas tuvieron que ir ellos mismos al lugar del crimen en busca de restos de sus familiares.


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Ayer corroboró su calidad de testigo protegido del corralismo (o corralato, mejor dicho) el expresidente del Tribunal de Justicia del Estado, José Miguel Salcido Romero.

Entró furtivamente a Palacio de Gobierno y se encaminó escaleras arriba sin chistar hasta dar con la oficina de Corral, la misma donde antes era atendido a cuerpo de rey por el exgobernador César Duarte Jáquez.

Tal vez fue mera coincidencia, tal vez no, pero casi al mismo tiempo matenían encerrona con el gobernador el fiscal general César Peniche y la fiscal de Ejecución de Penas, jefa de los Ceresos estatales, Nora Angélica Balderrama Cano.

No habla Corral de la violencia que mató a los LeBarón; desconoce que Juárez fue convertido en un ratito en otro Culiacán... su único tema en la agenda es la persecución contra su antecesor en la gubernatura. Sin duda con este propósito fue llevado José Miguel a Palacio.

Ya conoceremos más detalles.


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No es que batallen para sobrevivir al día de pago como el común de los mortales, pero los magistrados del Tribunal Superior de Justicia del Estado esperan con ansias la siguiente quincena.

Especialmente los duartistas quieren que pasen rápido los siguientes días. No es por un bono o la jugosa compensación, ni por el ahorro, el adelanto de aguinaldo para disfrutar del Buen Fin.

Es que transcurridos los primeros 15 días de noviembre se acaba el candado de la antigüedad de cinco años o más para ser presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado.

Al actual magistrado presidente del TSJE y del Consejo de la Judicatura del Estado, Pablo Héctor González, se le termina su gestión el año próximo por estas fechas. Eso fue por el acuerdo político interno de hace meses que le extendió el período 12 meses.

A la fecha son pocos los que pueden aspirar a suceder a González Villalobos de acuerdo con la Ley Orgánica del Poder Judicial. 

Son unos cuantos con la trayectoria suficiente en el Tribunal Superior como parte del Pleno, unos más cómodos que otros para el nuevo amanecer.

Son los tiburones los que tienen derecho de antigüedad, los magistrados que además son consejeros de la Judicatura, Roberto Siqueiros y Gabriel Ruiz, así como otros tres o cuatro pesos completos, integrantes del Pleno que tienen con qué apostarle a obtener el timón del Poder Judicial para la última parte del corralismo y la primera de la siguiente administración.

En unos días podrán correr como desbocados caballos los magistrados que se llamaron oxigenadores en su momento. Habrán obtenido su derecho a la permanencia después de vanos y descarados intentos por quitarlos. Con ello también habrán obtenido su derecho a aspirar a dirigir el Tribunal para el siguiente período. 

Se anticipa, pues, un reacomodo de fuerzas y bastante ruido apenas llegue la quincena. Sufre horrores el derrotado por esos duartistas tirancito de Palacio, Javier Corral. No pudo contra ellos, así como tampoco pudo con la gubernatura.


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El pasado sábado fue enviado a la banca el que hasta entonces fue secretario privado del gobernador Javier Corral, Francisco “Pancho” Muñoz.

Habría cambio oficial el lunes, pero la masacre de los LeBaron en los límites de Chihuahua y Sonora canceló cualquier posibilidad del anuncio formal de algo que se concretó el fin de semana.

Muñoz no fue echado del Palacio de Gobierno. Se le asignaron tareas administrativas para tapar el ojo al macho; al menos es lo que se dice en el equipo que concentra las secretarías Particular y Privada, que son y sirven casi para lo mismo.

Ayer ya pudo ser visto en acción el relevo de Muñoz, para sorpresa de muchos. Fue presentado en sociedad como ayudante del mandatario, en un evento público realizado en el Museo Casa Chihuahua, el antiguo Palacio Federal de la capital. ¡Todo un edecán para el señor!

Se trata de Francisco Lozano, mejor conocido como “Pakko” en el bajo mundo del corralismo y también como “La Coyota”, por ser originario del vecino Sonora, famoso por sus postres de harina dorada rellenos de piloncillo...

Es el mismo que ha sido constantemente señalado por tráfico de influencias y uso del nombre del gobernador para crear una red de aviadores por todas las dependencias estatales. 

Ellos a su vez se presumen como los ojos y oídos de Corral en el aparato gubernamental. Se venden como espías del mismísimo señor gobernador, colocados en posiciones sin responsabilidad alguna pero con sueldos más o menos atractivos. 

En realidad no hacen otra cosa más que generar conflictos internos y algún escándalo ocasional.

Pocos les creían a los integrantes de la red de “Pakko” que fueran esa especie de vigilantes, hasta ahora que Corral le dio más cuerda haciéndolo su secretario privado, una posición en la que por fuerza se atienden asuntos muy íntimos... muy muy íntimos.

¡Aguas con las grabaciones!