Opinión

Superhéroes sin capa

Hablar del espíritu o vocación de servicio puede resultar un tanto complicado o hasta poco interesante para una gran mayoría de las personas

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 02 enero 2022 | 06:00

Hablar del espíritu o vocación de servicio puede resultar un tanto complicado o hasta poco interesante para una gran mayoría de las personas, porque no es un concepto que se pueda encasillar en definiciones claras o “científicas” más o menos universales, en general depende mucho de lo que cada entendemos por servicio y la manera de prestarlo, es decir, se trata de un tema bastante subjetivo.

Sin embargo, hay momentos, épocas, circunstancias, en las que este concepto se materializa con una enorme claridad y nos hace ver la importancia del mismo, una relevancia que sí tiene un efecto global y directo sobre la sociedad toda, un efecto sumamente positivo.

Vayamos pues por partes. ¿Qué es en realidad una actitud de servicio? ¿Qué es servir? De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, servir es: 'Ser útil o a propósito para un determinado fin', 'estar al servicio de alguien', 'suministrar a un cliente [lo que ha pedido]', 'poner [comida o bebida] en el recipiente en el que va a consumirse' y, como intransitivo pronominal, 'valerse de algo' y 'tener a bien hacer algo'.

Así pues, un padre o madre sirven a sus hijos cuando les proveen de los recursos materiales o afectivos que requieren, cuando los alimentan y visten de pequeños, cuando les ayudan en sus tareas o proyectos, cuando los guían u orientan en aspectos generales de su vida. Un maestro sirve a sus alumnos cuando imparte sus clases, un mecánico sirve a sus clientes cuando repara sus autos, un albañil sirve a quien lo contrata cuando construye o repara un muro, en fin, la lista de ejemplos es tan larga como actividades humanas se realizan cada día.

Fácilmente, podría concluir que servir es un acto intrínseco de la naturaleza humana, aunque este acto no siempre se realiza en la forma y condiciones adecuadas, en muchas ocasiones ocurre más por un sentido de obligación que por voluntad de quien lo hace. Es ahí donde entra la actitud. Actitud de servicio.

Porque son cosas muy distintas tener la obligación de servir a alguien, que tener la actitud de hacerlo. Y eso marca una diferencia notable en el servicio que se recibe.

En la página de Internet de la empresa TAME (dedicada al transporte de mercancías), encontré una definición que me gustó bastante:

“Una buena actitud de servicio es el deseo, interés y buena disposición por ayudar a los demás y hacerlo de una manera asertiva. La actitud se va consolidando con la práctica, adquiriendo mayores competencias personales, sabiendo resolver problemas, y dominando los procesos”.

Creo que en esa definición se identifican con mucha claridad los elementos que debe tener una correcta actitud de servicio: deseo, interés, disposición, ayuda. Sin esos elementos solo se convierte en un acto autómata, desprovisto de efectos positivos.

Así pues, la frase “El que no vive para servir, no sirve para vivir”, atribuida a la madre Teresa de Calcuta, pero también al célebre escritor indio Rabindranath Tagore, en su variante “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”, o a Juan Emilio Bosch Gaviño, expresidente de la República Dominicana cuentista, ensayista, novelista, narrador, historiador y educador, pero que más allá de la polémica por su autoría, en realidad encierra una de las verdades más grandes, y simples, de la compleja naturaleza humana “servir, como principio de la condición humana”.

Desde luego que todo el interés, cariño, protección, amor y buena disposición de una madre que amamanta a su hijo (acto de servicio), contrasta fuertemente con la que decide solo cumplir con la obligación de alimentarlo, con leche de fórmula (en polvo) y sin ese vínculo cercanísimo, íntimo, del contacto al amamantar. Es solo un ejemplo.

Justo en esta temporada se actualiza la importancia del servicio y una actitud adecuada para prestarlo. La celebración de la Navidad o Nochebuena, así como las celebraciones por el Año Nuevo, nos ponen a casi todos en una sintonía especial, de mucha reflexión, de paz, de perdón, de acercamiento, pero también eminentemente festiva.

Coincide la temporada con que la gran mayoría de personas tienen vacaciones, o bien, aminoran notablemente sus actividades, por lo que pasan más tiempo en fiestas, posadas, reuniones familiares, compras de regalos y todo lo que va ligado a este tipo de celebraciones. 

En estas fechas, quienes se dedican al servicio en hoteles, líneas aéreas, taxis, restaurantes, comercios, salones de eventos, tiendas departamentales y otros negocios similares, ven incrementada notablemente la afluencia de personas, en consecuencia, también sus ventas, pero también la demanda de servicio, lo que en muchas ocasiones se convierte en crisis de algunos negocios.

Y aquí en donde empieza esta marcada diferencia entre un buen servicio, o un servicio a secas. Sin embargo, y pese a esas diferencias, quienes se dedican a servir a otros en temporadas o épocas en las que más bien desearían hacer lo mismo que los demás, ponen la pauta social con un toque de verdaderos héroes sin capa, independientemente de la actividad a la que se dediquen.

Por ejemplo, médicos, enfermeros, camilleros, afanadores, recepcionistas de cualquier hospital o clínica que debieron trabajar la noche del 24 y madrugada del 25 de diciembre, lo mismo que la del 31 de diciembre y 1 de enero. Estoy seguro de que muchos de quienes trabajaron esas fechas, también deseaban compartir con sus familias esos momentos, pero no, tuvieron que trabajar y no solo para atender a quienes ya se encontraban hospitalizados o en atención médica, sino para brindar auxilio a quienes durante esas horas tuvieron que ser ingresados por alguna emergencia de salud, la que fuere.

También los que integran los servicios de emergencia y urgencias, tanto en Protección Civil (ambulancias, rescate, bomberos) como en las distintas corporaciones policiacas que tuvieron que trabajar el 24 y el 31 de diciembre, el 25 y el 1 de enero, sacrificando el espacio en una mesa pletórica de alimentos y bebidas, en el calor de un hogar, por las frías calles de la ciudad para atender las emergencias que se presentaran.

Del mismo modo, meseros, capitanes, lavatrastes, chefs, cocineros, garroteros, parqueros, valet parking, de restaurantes, hoteles o salones de eventos, que tuvieron que atender a miles de personas, principalmente en las celebraciones por el año nuevo, dejando de lado su propia celebración o realizándola junto con todos los que atendieron.

En los hoteles, para quienes salieron de vacaciones, fueron atendidos por camaristas, botones, recepcionistas, gerentes, meseros que, de igual forma, no pudieron celebrar como todos los demás, junto a familiares y amigos.

Es muy larga la lista de personas que, durante las celebraciones propias de la fecha, nos brindan un servicio a despecho de sus propias necesidades o preferencias, lo que le da un doble valor a su actitud de servicio, porque con esa renuncia personal permiten que muchos más puedan tener una celebración mucho más amena y completa.

A toda esa gente, vaya desde este espacio un sencillo, pero sentido homenaje, un tributo escrito, porque creo que pocas veces se les reconoce la importancia de su labor, pero, sobre todo, la importancia de su actitud de servicio. Muchas gracias y Feliz Año Nuevo a todos.

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