Opinión

Cultura de la paz para el buen vivir

Subjetivación, inclusión y paz

La inclusión es un tema recurrente en los discursos de hoy, que no puede entenderse simplemente como participación en los modelos sociales imperantes

Juan Diego González Ruiz

lunes, 05 julio 2021 | 06:00

La inclusión es un tema recurrente en los discursos de hoy, que no puede entenderse simplemente como participación en los modelos sociales imperantes; implica acogida, desarrollo y aportación en la comunidad humana en la que toda persona es igualmente digna, donde se debe respetar, facilitar y validar los aportes de la diversidad para no caer en uniformismos o sincretismos que aniquilan las riquezas de las culturas, tradiciones y las distintas maneras interpretativas de la realidad.

Pareciera que una cosmovisión imperante hoy está basada en el utilitarismo y el hedonismo, donde se promueve a aquellos que tienen más posibilidades “según esta mentalidad” de alcanzar “el éxito”, a aquellos que tienen un liderazgo descarnado y afán de reconocimiento sin importar pasar por encima de los demás con tal de lograr sus metas egoístas. Este tipo de pensamiento genera violencia e injusticia, porque impide ver en el otro a un hermano, sino a un posible rival. Es triste ver cómo en ocasiones se hace del sufrimiento humano una plataforma para promover orgullos, intereses particulares e individualismos, se reduce a las personas a una cifra o encuesta donde se pierde la identidad y los dramas sociales se traducen en estudios por parte de “expertos” que no responden a la necesidad real de los contextos adversos; en últimas, es una forma más de no participación que condena a la frustración y a la exclusión. Es pertinente afirmar también que algunos de estos estudios acompañados de estrategias reales de implementación pueden generar cambios positivos, siempre y cuando se respete las subjetividades. La academia es fundamental en la transformación social, pero tiene el peligro del intelectualismo y de creer que todo se resuelve con ideas. 

Para no caer en academicismos despersonalizantes ni en asistencialismos alienantes, es fundamental facilitar la subjetivación, que es la manera en que cada quien interpreta la realidad desde sus propios sistemas de creencias y referentes culturales. Permitirle al otro subjetivarse es el punto de partida de la verdadera inclusión; de lo contrario, se forzaría al individuo a ajustarse a modelos que le son ajenos y a considerar que lo que se trae y ha sostenido la existencia no vale. Es el sujeto el que libremente debe optar por hacer ajustes a sus lecturas de la realidad si lo considera necesario. La subjetivación posibilita el pensamiento crítico, la creatividad, la innovación… de lo contrario, al imponerse un sistema ideológico sobre otro, se produce el desarraigo cultural y la pérdida de saberes y experiencias que enriquecen el acervo de la humanidad.

Qué papel tan importante juega la subjetivación en la búsqueda de la paz: muchas formas de violencia surgen precisamente del desarraigo cultural y la minusvaloración de las creencias y tradiciones. Nuestra América Latina es fruto de la enorme diversidad en todos los órdenes, pero también de la imposición de unos modelos ideológicos y sociales sobre otros. Es vital en el presente validar la pluralidad de todo tipo, e incluirla en las propuestas de construcción de la paz, de lo contrario se perpetúan las distancias y se mantienen las ideas erróneas del valor de unas culturas sobre otras que se consideran “mejores”. La subjetivación es un tema subyacente a toda verdadera espiritualidad, porque la dignidad de la persona es un elemento tangencial a las tradiciones religiosas de la humanidad en sus postulados fundantes.

Una realidad que impide la subjetivación es la depredación de unas culturas por parte de otras, pero no es la única manera de diluir las identidades; otra forma es el sincretismo exacerbado en todas las esferas del creer y del pensar, lo que genera relativismo, confusión, deformaciones de sistemas ideológicos y religiosos, falta de claridad en tradiciones que se han gestado durante cientos o miles de años y que simplemente se desconocen, minusvaloran o se interpretan erradamente. Por todo esto, son comunes las opiniones con poquísima profundidad en el manejo de muchos temas. Pareciera que en la era de la globalización contemplamos el reino de la despersonalización, el individualismo, el consumismo y la indiferencia ante la realidad del otro, todo esto conlleva a una forma de agresión basada en el utilitarismo; se valora al ser humano desde su “utilidad” y los que no “sirven” para los fines de los sistemas imperantes de desechan como si fueras cosas. 

Juan Diego González Ruiz

Licenciado en Ciencias Religiosas de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá. Licenciado en Teología de la Universidad de San Buenaventura, Bogotá; especialista en Educación Religiosa de la misma institución. Ha propuesto la resiliencia espiritual, donde recoge las búsquedas y experiencias de campo de 27 años en contextos de adversidad. Ha colaborado en la elaboración de casos para la selección de docentes en el país; acompañó población vulnerable y en riesgo social durante varios años. Implementa talleres y seminarios de resiliencia y espiritualidad en diversos lugares de Colombia. Ha participado en varios congresos internacionales de resiliencia como ponente y tallerista. Investigación publicada por la federación internacional de universidades católicas y la editorial Bonaventuriana: “La resiliencia como pedagogía para el reconocimiento del pluralismo. 

Actualmente es docente en el área de teología y pedagogía, continúa 

dictando talleres por todo el país y la labor investigativa desde su propuesta: la resiliencia espiritual.

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Cultura por la Paz es un proyecto de El Diario de Juárez en alianza con el Tecnológico Nacional de México, campus Juárez; el Comité de Pacificación y Bienestar Social (Copabis), y el Centro Familiar para la Integración y Crecimiento A. C. (CFIC).

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