Opinión

Solidaridad en tiempos de crisis

Sin duda, la situación del mundo entero es inédita, al menos para las actuales generaciones que lo habitan...

Juan Carlos Loera De La Rosa
Político

domingo, 22 marzo 2020 | 06:00

Sin duda, la situación del mundo entero es inédita, al menos para las actuales generaciones que lo habitan, aunque claramente hay excepciones en algunos países que han sufrido el lastre de la guerra, la hambruna y los desastres naturales, las cuales han causado cientos de miles de muertes y desde luego, serios problemas económicos y aciagos procesos de reconstrucción, pero esta calamidad que está arrasando a la humanidad es un hecho que está causando serios estragos en todo el mundo y en este momento no solamente importa enfrentar a esta pandemia con todos los recursos que la ciencia pueda ofrecer, es también muy importante afrontar este momento solidarizándonos todos, sin distingos de filiación política o de afinidades religiosas.

La crisis actual nos muestra contundentemente que no hay una fórmula exacta y general para mitigar sus consecuencias negativas. En materia de salud la vocería autorizada por el Gobierno de México ha sido muy clara y desde el inicio del brote de la epidemia en Wuhan –capital de la provincia de Hubei en China–, se ha encargado de informar sobre las diferentes etapas del desarrollo del contagio, así como advirtiendo acerca de las medidas preventivas que deben tomarse para la contención, sin embargo en materia económica resulta innegable que esto afecta a nuestra economía. 

La realidad del país, producto de casi cuarenta años de saqueo y corrupción, es que la economía informal representó en 2018 más del 22 por ciento del producto interno bruto; para el último trimestre de 2019, según datos del Inegi como resultado de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, el porcentaje de informalidad laboral  fue del 56.2 por ciento, el más bajo al menos desde 2006, pero aún así, su alto porcentaje no deja de ser sumamente relevante.  Los datos del  Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en 2018 nos muestran que el 48.8 por ciento de la población, es decir 61.1 millones de personas viven con ingresos por debajo de la línea de pobreza; de ellos 21 millones con ingreso inferior a la línea de pobreza extrema, si a esto le agregamos que la pauperización del salario llegó a niveles insostenibles y que no fue hasta el arribo del gobierno actual cuando gracias a una gran política salarial  empiezan a recuperarse, pero aun para la inmensa mayoría de los trabajadores el ingreso diario o semanal es prioritariamente para llevar el alimento a sus hogares.

Mas allá de los datos, quienes tenemos el privilegio de recorrer el territorio nos hemos dado cuenta de la dinámica con la que se mueve la población, es cierto, sigue habiendo necesidades, pero el pueblo de México no puede detenerse, las actividades económicas populares son en realidad muy intensas e insisto se alimentan día a día, pero también las grandes y medianas empresas que están en la formalidad le dan empleo a un gran número de trabajadores cuyos salarios difícilmente le aseguran tener su alacena con provisiones suficientes para más allá de quince días.  

A pesar del gran impacto mediático que ha tenido el desarrollo de la pandemia, en las colonias populares que he visitado la gente está optimista,  trata de llevar la vida de manera normal, aunque no obstante, en la convivencia social ya se instalaron medidas que han alterado su curso, tales como las dos semanas  que se agregaron al periodo vacacional en las escuelas. 

Sin duda, la paralización total del país en este momento como la pretenden algunos es una medida extrema, en primer lugar porque se estaría actuando de manera adelantada cuando en la mayoría del territorio nacional nos encontramos en la fase uno de la epidemia, paralizar antes de tiempo implica un gran desgaste no solo económico también social, de tal forma que si se llegara a presentar la fase tres encontraríamos una sociedad económica y anímicamente mermada. 

Las medidas de sana distancia promovidas a nivel general evitan la propagación de la enfermedad, el lavado constante de las manos, la limpieza de las superficies, evitar saludar de mano y de beso, que las personas con síntomas parecidos a los del resfriado permanezcan en casa y evitar todas aquellas actividades que no sean esenciales. Y es precisamente ahí, en la escencialidad o no de las actividades de la población, con los datos laborales y económicos sustentados por el Inegi tenemos un país donde más del 60 por ciento de sus habitantes tienen al menos una actividades escencial diaria, trabajar no para vivir, sino para subsistir. 

Claro que para los causantes de esas altas cifras de informalidad y de pobreza, este es el momento propicio para mostrar su oportunismo político y su pretensión para debilitar al gobierno mediante el uso de la histeria colectiva, la desinformación y peor aun la mezquindad comprobada al falsificar inclusive supuestos comunicados oficiales para generar confusión; como dice el viejo refrán, “a río revuelto ganancia de pescadores”, ésta es su insidiosa pretensión.

Son tan contradictorios que primeramente criticaban la supuesta inacción gubernamental, claro está que no entendían o no querían entender la evolución y las fases que presenta la epidemia; luego, cuando las actividades comerciales empiezan a contraerse, ahora sí piensan en la economía, pero no crea usted estimado lector que es la economía de la mayoría lo que más importa para ellos, sino la de sus propios bolsillos menos les importa la de los más vulnerables. Los mismos que se han opuesto a la política de bienestar del gobierno de México están ya planteando solicitar programas de incentivos  fiscales y al mismo tiempo la paralización de toda actividad,  claro, muchos de ellos reciben su cheque periódicamente, pueden trabajar desde casa conectados al internet, los más feroces son diputados y senadores de oposición con abultados y seguros sueldos que poco conocen de la realidad que se vive en el territorio.  Por ejemplo, ayer recorrí la colonia Granjas Cerro Grande en la ciudad de Chihuahua y no fueron menos de seis trabajadoras domésticas que ya han sido despedidas por sus patronas o patrones que se han quedado a trabajar a distancia, pero además temen que sus leales empleadas  “les lleven” la enfermedad a casa, claro está, las han despedido sin indemnización de tipo alguno.  

La misma corriente conservadora que ha cambiado los nombres de calles y colonias por el de santos y papas, los mismos que han antepuesto sus ideas religiosas sobre algunos derechos de las mujeres, los que se oponen al matrimonio igualitario y a su derecho a la adopción, son quienes ahora critican mezquinamente al presidente por sus personales actos de fe y de espiritualidad, cuánta desfachatez y protagonismo de quienes siembran la desconfianza; de día se auto flagelan y de noche se asustan con los devotos; hipocresía pura, dicho de otra manera.  

Lo que debería saberse es que en días recientes se sometió a discusión y aprobación la iniciativa para elevar a rango constitucional las pensiones al adulto mayor, personas con discapacidad y las becas para estudiantes, para evitar que otro gobierno le arrebate a la gente más vulnerable estos derechos que ahora son constitucionales. Pero en ese mundillo de políticos incoherentes a quienes únicamente les importa “acarrear agua a su molino” y que pertenecen a la misma corriente agorera del desastre se opusieron a esta iniciativa; afortunadamente vivimos en una legislatura histórica que ha funcionado responsablemente y antepone el bienestar colectivo en la mayoría de sus decisiones.

Cualquier gobierno que se diga democrático tiene el deber moral de reconocer económicamente a los adultos mayores; así mismo todo gobierno que se crea pacificador, debe apoyar a los estudiantes y todo gobierno humanitario debe ayudar a las personas que desde que nacieron se enfrentaron a condiciones con desventajas físicas o mentales. En este sentido es como se están tomando las medidas de contención, tratando de apoyar a quienes mayores carencias tienen, pero tenemos que afrontar también el virus del miedo, que por cierto, supera en mucho al virus causante de esta epidemia que ha puesto en jaque al mundo entero. 

En días anteriores la Delegación de Programas para el Desarrollo en Chihuahua ha acelerado la entrega de casi 20 mil tarjetas para el Bienestar del Adulto Mayor, con ello se evita definitivamente que se tengan que concentrar masivamente para recibir su pago en efectivo, pero no solo eso, por instrucciones del presidente de México se pagará por adelantado un bimestre a mas de 220 mil chihuahuenses adultos mayores, lo cual significa una inversión de 1200 millones de pesos, que sumados a 300 por concepto de becas, 120 millones en promedio mensual por concepto para la adquisición en compras de leche, –más lo invertido en otros programas sociales y productivos–, estamos hablando de una derrama que ronda los dos mil millones de pesos y que están siendo inyectados directamente a la economía chihuahuense en estos momentos , sobre todo en lugares donde mayormente se requiere.   

En mi recorrido por la colonia Cerro Grande me llenó de esperanza (aunque no le guste a los obsecados derechistas) la bendición de doña Angelina, mujer de 70 años: “tenemos un Dios mucho más grande que cualquier virus”.