Sistema, masacre y racismo

En 1835 Adolphe Quételet se preguntaba, con relación a la sanción de los delitos, si no era “necesario reflexionar sobre cómo modificar

Sergio Pacheco González
Analista
martes, 13 agosto 2019 | 06:00

En 1835 Adolphe Quételet se preguntaba, con relación a la sanción de los delitos, si no era “necesario reflexionar sobre cómo modificar el sistema que engendra tales delitos, en lugar de glorificar al verdugo que ejecuta a una parte de los delincuentes con el único fin de hacer lugar para los siguientes”. (Melossi, 2018, p.65). En este 2019, el cuestionamiento de Quételet continúa vigente, tanto si se hace referencia al crimen organizado y al feminicidio, como al contrabando hormiga, el robo o el hurto.

Evidentemente, las motivaciones, las consecuencias y los hechos en sí mismos, por sus implicaciones personales y sociales, son incomparables entre sí. Más las desigualdades, la pobreza y las violencias estructural, cultural e institucional que el sistema de generación y distribución de la riqueza produce y ejerce, es el que posibilita las distinciones de clase, la segregación, la migración, la dominación de género, el lucro y el consumo suntuario.

Con relación a los recientes hechos acaecidos en la vecina El Paso, Texas, un cuestionamiento análogo es pertinente, tanto al interior de la sociedad estadounidense, como en todas aquellas sociedades donde la pérdida de vidas por causa del ejercicio de la violencia está convertida en una de las principales causas de muerte en su población. 

Deleznable como es, la masacre verificada el pasado 3 de agosto constituye un síntoma más de los aspectos deficitarios de un sistema que engendra no sólo sujetos que en lo individual son capaces de materializar estos hechos, reiterados en el país vecino y presentes en otros países y continentes, sino de un sistema que produce sus potenciales víctimas y tiene además la pericia de mantener el enojo y la indignación de sus ciudadanías dentro de los límites que le son permisibles, con algunas excepciones que confirman la regla.

Si, como parece haber consenso, la motivación del multi homicida estuvo sustentada en la raza u origen de la mayoría de sus víctimas, la discriminación que expresa reedita el estereotipo del inmigrante que, al mismo tiempo que se le considera inferior, se le construye como una amenaza, cuando no como aquel que ha socavado su organización social y su moral, como reiteradamente lo expresa el titular del ejecutivo del país vecino.

Sin duda, con la detención de quien operó el arma que privó de la vida al menos a 22 personas y lesionó a 26 más, se cumple con una de las demandas básicas de deudos y ciudadanía: hay un responsable a quien someter a la sanción moral y legal. Se puede considerar que en este caso no habrá impunidad. ¿Mas es certero este último juicio? ¿En verdad una probable sentencia a cadena perpetua o incluso a la pena de muerte para quien oprimió reiteradamente el gatillo inhibe la impunidad?

Sí, en el caso de la violencia directa; no cuando se reconoce que el hecho es resultado de un sistema que oculta y diluye su autoría, la que se manifiesta en la conjunción del sujeto y el arma instrumento, esta última no sólo permitida, sino alentada, como lo deja ver el video en el que se celebra a un menor tirando del gatillo de una arma automática, a la que es capaz de quitar y poner el cargador.

Más allá del sujeto identificado, al que se le puede observar el rostro, inquirir sobre sus intenciones y en su caso comprender en lo posible las razones de su actuar, están las determinaciones del sistema. Como señala Johan Galtung, nos encontramos con la “violencia estructural o indirecta”. Con esa “violencia [que] está edificada dentro de la estructura, y se manifiesta como un poder desigual y, consiguientemente, como oportunidades de vida distintas”.

En estos hechos está presente también la violencia cultural, de la que el racismo es una de sus expresiones más evidentes. Al respecto la ONU señala: “La discriminación racial y étnica es un fenómeno cotidiano que impide el progreso de millones de personas en todo el mundo. El racismo y la intolerancia pueden adoptar diversas formas: desde la negación de los principios básicos de igualdad de las personas hasta la instigación del odio étnico que puede llevar al genocidio, todo lo cual puede destruir vidas y fraccionar comunidades”.

Pugnemos porque estos hechos no quebranten a nuestra (s) comunidad (es).

Melossi, Dario. (2018). Controlar el delito, controlar la sociedad. Teorías y debates sobre la cuestión criminal, del siglo XVIII al XXI. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Siglo XXI Editores.