Sismo en la Iglesia Católica

La detención del sacerdote Aristeo Trinidad Baca se ha convertido en un verdadero terremoto al interior de su iglesia

Luis Javier Valero Flores
Analista
jueves, 14 febrero 2019 | 06:00

La detención del sacerdote Aristeo Trinidad Baca, reconocido y querido clérigo católico de Juárez, se ha convertido en un verdadero terremoto al interior de su iglesia, debido al carácter de los delitos que se le imputan: violación agravada y abuso sexual en perjuicio de una menor de 11 años, hechos confirmados por los peritajes realizados por la Fiscalía General del Estado.

Tanto mayor es la actividad de un ministro religioso, y cuanto mayor es el reconocimiento de la sociedad por su labor, en esa proporción es el pasmo de sus feligreses y el desencanto de una sociedad, hastiada del conjunto de fenómenos a cual más de negativos que se ciernen sobre ella.

El padre Baca era una de esas figuras católicas –de las pocas descollantes– que se había significado por su labor en pro de su grey. 

Hoy es un verdadero escándalo que, de pronto, coloca a la sociedad frente a uno de sus peores espejos, el del abuso sexual, y entre éstos, el más agravado, el cometido en contra de los niños y las niñas, quienes, por la confianza despertada por el ministro religioso en sus padres, son presa fácil de quienes, en vez de actuar como los guías espirituales, tanto de los niños, como de sus padres, se convierten en el objeto de sus prácticas sexuales, aprovechándose de su estatus.

El caso del padre Baca se convertirá, –ya lo es– en uno de los hechos cardinales de los abusos cometidos por integrantes de la jerarquía católica, por ser el primero de tan elevada inserción social, tanta, que a muy pocas horas de su detención, el vocero de la Diócesis de Ciudad Juárez, el sacerdote Hesiquio Trevizo, anunció en conferencia de prensa que la Iglesia Católica de Juárez le ofrecía su “respaldo jurídico y moral”, además de externar su preocupación por la salud del clérigo encarcelado. (Nota de Verónica Domínguez, El Diario de Juárez, 11/II/19). 

“El apoyo legal ya lo tiene y el apoyo moral de toda la comunidad católica; lo conocemos por su gran labor y sí tiene el apoyo moral de todos nosotros, de toda la comunidad católica y de otra gente de buena voluntad del Gobierno que lo ayudaron y lo conocieron y también de las grandes empresas”. (Ibídem).

Y habló de la “consternación de algo que nos duele mucho. Conocemos al padre Aristeo que es un ícono, que ha hecho un gran servicio en la comunidad como sacerdote desde hace 40 años; estamos ahorita en una audiencia inicial, no es ninguna sentencia firme, es un proceso acusatorio de una violación agravada”, en una postura que denotó la grave crisis por la que transita esta Iglesia pues en ningún momento se acordó, ni él, ni los grupos de manifestantes que salieron a la calle a ofrecerle su apoyo al sacerdote, de otorgarle una palabra de aliento a la víctima y su familia, católicos como ellos mismos.

Aparentemente, hasta ahora, y de acuerdo con la información ofrecida por la Fiscalía, a través del vocero, Carlos Huerta, la orden de aprehensión en contra del clérigo se otorgó “en base a que los exámenes médicos de agresión sexual en contra de una niña de 11 años”, que resultaron positivos. (Ibídem).

¿Es un problema, sólo de la Iglesia Católica? Obviamente, no. Quizá sea un sector social con más problemas de este tipo que el común existente en la sociedad, pero las agresiones y el acoso sexual en contra de niños y mujeres es un verdadero problema societario al que los gobernantes no han dado respuesta alguna.

Chihuahua ocupa el primer lugar nacional en violencia doméstica y en agresiones a las mujeres, que nos han llevado a ocupar, durante largos años, los primeros lugares en feminicidios, además de las agresiones a los niños, como es el presente caso y no hay, hasta ahora, una política pública, ni del ámbito estatal, ni del federal, encaminada a afrontar tan doloroso fenómeno, correlativo a otros presentes en la sociedad chihuahuense, que develan, con extrema crudeza, que lo sufrido es un problema estructural de la sociedad chihuahuense ante el cual poco, muy poco, se ha efectuado desde los gobiernos.

Sin duda más de un lector podrá asentar que conductas como las aquí relatadas debieran ubicarse en el ámbito de la sociedad y que en tanto ésta no cambie, pocas cosas se podrán hacer, pero es una verdad parcial, pues quienes administran los recursos de la sociedad son quienes tienen en sus manos los mejores y más poderosos instrumentos para influir en el desarrollo de la sociedad.

Y eso, es lo que ha faltado en Chihuahua, incluido el Gobierno de amanecer, veremos con el de la Cuarta Transformación.