Opinión

Ser mujer no es color de rosa en Juárez

Con el asesinato de Jessica Silva presuntamente por parte de la Guardia Nacional se despertó el sentimiento de tristeza y preocupación que cargamos los juarenses desde 1993

Francisco Bribiescas
Politólogo

sábado, 12 septiembre 2020 | 06:00

Con el asesinato de Jessica Silva ocurrido en el Municipio de Delicias presuntamente por parte de la Guardia Nacional se despertó el sentimiento de tristeza y preocupación que cargamos los juarenses desde 1993. Jessica, quien fue baleada con armamento militar junto con su esposo, participó en una protesta social en contra de la extradición del agua de la presa La Boquilla. 

Es importante entender que dichos sucesos se presentan precisamente cuando el gobierno tiene carencias con la sociedad y cuando no tiene una exhaustiva revisión técnica de sus tratados y tecnicismos, sobre todo cuando se trata del agua perteneciente al pueblo, por ejemplo, en Estados Unidos por medio de su Ley Pública 109-448 (public law 109-448) sus procesos y mecanismos institucionales asimétricos, sobre todo los que conciernen a la frontera, obligan a que México los asuma con gran responsabilidad empezando por las regulaciones del SAT. Por estas razones, la demanda social ocurre cuando la desproporción política entre el Estado mexicano y la sociedad civil se da en gran magnitud, sobre todo con las mujeres. Pareciera que todos los problemas causados por la mala gestión gubernamental y las incorrectas agendas de gobierno fueran las mujeres las que pagan los platos rotos. 

La violación a los derechos humanos en las mujeres en Ciudad Juárez ha sido un problema constante, esta situación tuvo efecto por la ausencia de programas preventivos municipales, esos que nunca fueron diseñados para solucionar los problemas esenciales de la gente, esos programas que debieron visualizar la llegada del feminicidio, que al mismo tiempo debieron estar programados con el desarrollo urbano de la ciudad, y sin duda, la ausencia de políticos progresistas, jóvenes y académicamente preparados, tan preparados que estos pudieran comprender nuestra ubicación como una de las zonas geopolíticamente más importante del continente americano, tan importante, que es aquí donde los mercados son creados, y por tanto donde las políticas públicas pudieron ser ejemplo nacional, desgraciadamente nada de esto sucedió. Pero lo que sí sucedió fue el desarrollo de un poderoso mercado ilegal, consecuencia de los programas estratégicos preventivos transfronterizos del gobierno estadounidense en la frontera, lo que provocó la plusvalía de los servicios y productos del crimen organizado, entre ellos la orquesta del fenómeno del feminicidio. Acto que ninguna institución pública logró resolver, otra vez, por la completa ausencia de políticas públicas en materia de prevención social, provocando la separación política entre sociedad y Estado mexicano, enfrentamiento que se dió en la Corte Interamericana de Derechos Humanos fallando a favor de la sociedad y en contra del Estado mexicano. Por dicha razón, el sentimiento de tristeza en los juarenses no se olvida, ya que despierta constantemente por la demanda social y por el coraje social de las mujeres juarenses. 

Tal fue el caso de la marcha feminista contra el abuso policiaco donde detuvieron a 28 mujeres, otra vez, la demanda social, otra vez las mujeres, otra vez el aparato de gobierno quien viola los derechos humanos, pues otra vez, viajamos 30 años al pasado, donde la “demanda social” se hace presente, donde resalta, que a pesar de los años sigue sin haber una solución, pareciera que las políticas públicas diseñadas por los gobiernos no dieron ningún resultado y su ausencia permiten violar los derechos humanos de cualquier mujeres. ¿Qué hacer? Nuestros representantes en el Congreso, aunque sean desconocidos para la gran mayoría de todos nosotros, son ellos los que tienen la obligación moral de gestionar los problemas dentro de los distritos correspondientes, sobre todo aquellos tan viejos como la violencia, son ellos los que deben poner orden público y no politiquería. Entendamos que las mujeres representan la base fundamental de las decisiones políticas de Ciudad Juárez, inclusive son ellas las que conducen a los políticos al centro del poder, desgraciadamente, son ellas las que sufren la ineptitud legislativa y de gobernabilidad de nuestra tan dañada Ciudad Juárez. Son las mujeres juarenses, las que comprenden perfectamente lo que sucedió y lo que continuará sucediendo si continuamos sin gobernanza territorial y abandonados por el Estado mexicano. Por si fuera poco, el Covid-19 llegó para quedarse, nos afectó a todos por igual, pero en esta crisis humanitaria y económica fue en la vida de las mujeres principalmente en las madres solteras a quienes más trastornó. Ellas son las que forman parte fundamental de la economía local, a diario y bajo estrés deben repartirse la preocupación de que sus hijos cumplan con su educación virtual, desgraciadamente la falta de ingresos para cubrir clases de forma adecuada se convirtió en un problema público adicional, contar con servicio de internet y con el equipo indispensable para dos o tres niños en una casa es complicado, otra vez, las políticas públicas en materia de educación y prevención social están ausentes, a mediano plazo cuando el problema de la educación se convierta en más violencia, la demanda social se presentará nuevamente. Las mujeres juarenses reclaman lo justo y no sólo eso, que la justicia empiece a brillar por parte de las instituciones gubernamentales.