Opinión

Se terminan los abrazos y los besos a los narcos

Recientemente nuestra frontera fue escenario de balaceras, persecuciones y cruentos ataques contra elementos de las corporaciones policiacas

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 22 marzo 2020 | 06:00

Recientemente nuestra frontera fue escenario de balaceras, persecuciones y cruentos ataques contra elementos de las corporaciones policiacas, principalmente de la CES y agentes ministeriales. Por todos los rumbos de la ciudad la sirenas de patrullas y ambulancias se escucharon a largo de prácticamente todo un día.

Nuevamente, luego de algunos años de relativa y tensa calma, las calles de la ciudad se convirtieron en campo de batalla entre los guardianes del orden y comandos armados que pretendieron sembrar el terror y regar sangre de policías por todos lados, pero, a diferencia de hace 8 ó 10 años, se enfrentaron a los delincuentes con valentía, decisión y responsabilidad, haciendo valer su condición de autoridades respondientes ante el embate de la delincuencia y la criminalidad, garantes de la tranquilidad, bienestar e integridad de los juarenses.

De acuerdo con información publicada en El Diario oportunamente, el hecho ocurrió alrededor de las 13:00 horas del pasado miércoles 18, al registrarse una  balacera entre sicarios y elementos de la CES en Libramiento Independencia y Santiago Troncoso al exterior de una maquiladora. Éste fue uno de los cuatro enfrentamientos registrados casi de forma simultánea convirtiendo las calles, avenidas y áreas industriales en escenario de guerra.

Luego se habrían de dar otros dos enfrentamientos. En menos de 24 horas, siete ataques contra policías de diferentes corporaciones mantuvieron en alerta roja a Ciudad Juárez, sembrando pánico y dejando un saldo de dos policías asesinados y dos presuntos sicarios muertos. Como parte del saldo total de dichos enfrentamientos se reportó a un paramédico de Rescate municipal herido de gravedad por un balazo en el tórax y a una doctora del Hospital General con un rozón en un brazo, así como cinco agentes y un civil más lesionados.

En una reacción inmediata, la Policía municipal reportó la captura de 12 sospechosos eventualmente relacionados con los ataques a las corporaciones, así como armas, drogas y vehículos vinculados a estos hechos.

En los acontecimientos ocurridos en nuestra ciudad a principios de la semana pasada, no hubo besos ni abrazos, ni consideraciones sobre derechos humanos, solo hubo una respuesta vigorosa, ordenada, coordinada y suficiente para contrarrestar los ataques del crimen organizado.

El fiscal de la Zona Norte, Jorge Nava López, y el jefe de la Policía municipal, Raúl Ávila, coincidieron en señalar como responsables de dichos ataques a líderes de los grupos criminales “La Empresa”, “Los Aztecas”, “La Línea” y el Cártel de Sinaloa, mismos que se disputan el control de la plaza y que decidieron este embate conjunto a las corporaciones policiacas, debido a importantes decomisos de droga y armas, de los que recientemente fueron objeto a manos de policías municipales y estatales.

Ante este escenario, la lógica del presidente López Obrador de razonar con los malandros y hasta apelar a sus buenos sentimientos, pierde todo sentido y utilidad. Es imposible razonar con individuos que son capaces de rafaguear una ambulancia para rematar a un policía que era trasladado a recibir atención médica, hecho en el que resultaron lesionadas otras seis personas, dos de ellas de gravedad, incluyendo un paramédico de Rescate municipal.

No obstante lo anterior, a propósito de lo ocurrido en Juárez y sin decir mucho sobre el tema, utilizando todos los recursos retóricos que tiene a su alcance, que no son pocos, para distraer la atención, el presidente de México ha entrado en una simbiosis nueva e interesante con el Gobierno de EU que parece llevarlo a mejores derroteros en la lucha contra los cárteles de la droga.

Luego de lo ocurrido en Culiacán con el hijo de El Chapo, Ovidio, en Tamaulipas, en la Ciudad de México y más recientemente en Guanajuato, el presidente morenista que encabeza la 4T en nuestro país parece dispuesto a enmendar el camino en la lucha contra la delincuencia organizada y su propuesta de paz y amor.

Definitivamente ni los abrazos, ni los besos, ni los regaños de mamá y menos los de los abuelos, resultaron políticas o acciones suficientes, efectivas, para combatir uno de los más grandes azotes de la nación mexicana, sin embargo, aunque en su momento recibió fuertes críticas por ello, el mandatario mexicano decidió implementar un esquema de seguridad pública basado más en disminuir la brecha de pobreza, atender las causas sociales, generar más satisfactores, dejando de lado –al menos momentáneamente– los efectos inmediatos de la delincuencia organizada, particularmente el narcotráfico.

Hoy sabemos que, nuevamente, los marinos de la Armada de México están en acción operando e investigando las acciones de los principales cárteles de la droga en nuestro país, luego de que vergonzosamente fueran obligados a retirarse y a ser simples espectadores. Pero las cosas han cambiado, afortunadamente.

De acuerdo con un artículo publicado en WSJ (Wall Street Journal) en febrero pasado, firmado por José de Córdoba en la Ciudad de México y Sadie Gurman en Washington, el presidente López Obrador “habría reforzado su estrategia para luchar contra los carteles de la droga, incluida la de llevar a los marines, la fuerza de seguridad de élite de México, al frente de la guerra contra las drogas.”

Los articulistas del prestigiado rotativo norteamericano basaron sus afirmaciones en la versión que obtuvieron de un alto oficial de la marina mexicana: "Estamos operando de nuevo. Los objetivos que debemos perseguir han sido definidos", lo que confirmaría esta nueva estrategia del Gobierno lopezobradorista.

Los articulistas del WSJ consignan en su publicación que mucho tuvieron que ver, en el cambio de postura del Gobierno mexicano, las presiones ejercidas desde los Estados Unidos, tanto del Departamento de Estado, como del Procurador General, así como del propio presidente Trump, particularmente después del cruel asesinato de 9 ciudadanos norteamericanos, mujeres y niños, en noviembre del año pasado.

De Córdoba y Gurman aseguran que el presidente López Obrador ha comenzado a entablar una colaboración distinta, más constructiva con los Estados Unidos, para luchar en contra de la desenfrenada y creciente violencia provocada por las organizaciones del narcotráfico.

En un punto estratégico de esta asociación, López Obrador ha exigido y ganado concesiones de los Estados Unidos, para hacer más sobre el flujo de armas y municiones a México, tráfico ilegal que ha permitido a las organizaciones de narcotráfico adquirir armas de alto poder que rebasan el poder militar del Estado.

El presidente –dicen los articulistas del WSJ– está utilizando sabiamente los recursos estadounidenses para reforzar los esfuerzos mexicanos para combatir el problema de las drogas, que claramente tiene sus raíces al otro lado de la frontera.

En uno de los párrafos del artículo, se menciona que “Después de la masacre, Trump dijo que Estados Unidos designaría a los carteles de la droga de México como organizaciones terroristas extranjeras, una medida a la que México se opuso firmemente. Trump suspendió la decisión después de que Barr (fiscal general de EU) se reunió con altos funcionarios durante un viaje a México en diciembre.”

Presión o no del Gobierno norteamericano, lo cierto es que en México se percibe un cambio notable en la política de combate al crimen organizado, cambio que debe llevarnos a mejores resultados, a disminuir drásticamente el número de asesinatos con violencia. Cambios que son urgentes e inaplazables.

También es muy cierto que, amén de esa probable presión externa, gobernadores de todo el país le han pedido, en corto, al presidente de México que se tomen acciones más firmes y determinantes en el combate al narcotráfico y todo lo que de ahí deriva, ya que la criminalidad y violencia en estados como Tamaulipas, Guanajuato, Ciudad de México, Estado de México, Guerrero y otros, los tiene ya seriamente preocupados.

Por supuesto, Chihuahua no es la excepción y así quedó demostrado con la inmediata, firme y contundente respuesta que dieron las corporaciones policíacas en los ataques sufridos durante la semana que hoy termina. Ojalá y de verdad López Obrador haya cambiado de opinión y esté convencido que, para combatir al crimen organizado, hace falta más, mucho más, que buenas intenciones y un corazón pacifista. Ojalá.