Opinión
OPINIÓN

Se conduce como el más priista de los panistas

No fue tema la terrible pandemia que tiene de rodillas a la economía del estado y de luto a cientos de familias que han perdido a sus seres queridos. No, el asunto versó sobre una reforma electoral a modo para la sucesión del 2021

LA COLUMNA
de El Diario

lunes, 01 junio 2020 | 06:00

• Se conduce como el más priista de los panistas 

• Tres elecciones millonarias nomás por Madero 

• Ahora saldrán a cuadro Peniche y Emilio 

• Confusa reactivación con semáforo en rojo 

Aquellos tiempos no muy lejanos de 1991- 1992 veía Mario Tarango Ramírez entre los acanterados ventanales del despacho principal de Palacio de Gobierno salir el sol, llegar a su clímax al mediodía y ponerse por la tarde. No era Tarango gobernador, era líder del PRI. Acudía porque le mandaba llamar su jefe el gobernador, Fernando Baeza Meléndez. 

A veces se trasladaba desde sus oficinas del partido o frecuentemente nomás bajaba del segundo piso, donde también tenía oficina como diputado al primer piso de su jefe. Literalmente era lo mismo y estaba donde mismo el Congreso del Estado. Así era la costumbre en el Revolucionario Institucional. 

El dirigente en turno no era otra cosa que obediente chalán político-electoral del gobernador en turno. Por esa y por muchas otras razones se cansaron los chihuahuenses del Revolucionario Institucional. 

Ya habían exhibido su hartazgo los ciudadanos desde mucho antes pero con sobrada malicia para el fraude en las urnas y buen respaldo policiaco y militar los tricolores de aquellos tiempos alargaron su estancia en el poder hasta 1992. Tiempo al tiempo. 

El viernes pasado vio salir el sol en Palacio, lo vio llegar a su clímax hasta ponerse por la tarde Rocío Reza Gallegos. No es la gobernadora, es la presidenta del PAN en el estado. 

Acudió a la orden girada por el jefe real de su partido, el gobernador, Javier Corral Jurado, una copia en papel carbón de los viejos gobernadores del PRI. 

Oscar Flores y Praxedis Giner Durán le quedaron diminutos. Coincidió hasta el tema: el intento de Corral por ampliar su estancia en Palacio de Gobierno a través de algún incondicional. No fue tema la terrible pandemia que tiene de rodillas a la economía del estado y de luto a cientos de familias que han perdido a sus seres queridos. 

No, el asunto versó sobre una reforma electoral a modo para la sucesión del 2021. Por la mañana del viernes estuvo Corral con Reza y la alcaldesa de Chihuahua, Maru Campos. Después del mediodía hacia la tarde se siguió Rocío de frente pero con los diputados locales de su propio partido, llamados obviamente por el patrón. El mismo tema. Ninguna diferencia con el viejo PRI. Sumadas esas censuradas formas al mal desempeño en el ejercicio general del gobierno, han bastado menos de cuatro años para rebosar el hartazgo hacia Javier Corral a diferencia de décadas de priismo. Un grave desperdicio de tiempo y de dinero inclusive para los blanquiazules honrados, decepcionados e impotentes ante la conducta del gobernador. 

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Ante las presiones del panismo justamente por la reforma electoral –la mayoría anda molesta–, la presidenta del PAN, Rocío Reza Gallegos, prepara la convocatoria a una reunión del Consejo Estatal. Será una vez que formalmente Corral haya enviado su propuesta al Congreso del Estado y éste comience su análisis, o sea como a mediados de junio. 

Va a contracorriente la dirigente si con ello busca legitimar la intentona corralista. Incluso va contra buena parte de la bancada de menguada mayoría que dirige Fernando Álvarez Monje. 

La lectura general de los grupos panistas opositores a Corral es que la reforma es a modo para el senador Gustavo Madero. Más grave que el costo político de la reforma es el costo financiero. 

Con ese razonamiento primordial, un ala que probablemente conforme una mayoría dentro del Consejo pretende mostrar la inviabilidad de apoyar la propuesta corralista. 

Es un exceso gastar dinero en tiempos de una prolongada crisis económica, en tres elecciones: primarias, constitucionales y segunda vuelta. Es un exceso porque implicaría, por lo menos, duplicar el costo de un proceso electoral que de por sí es oneroso. 

Eso sin tomar en cuenta que otras propuestas, como la elección directa de regidores, también implican un aumento en el gasto. Tantos millones despilfarrados en la cara democracia estatal, sólo con el fin de impulsar a Madero, es un verdadero despropósito que sin duda castigará la ciudadanía. Y más lo castigará si se toma en cuenta que el panorama económico de 2021 es sombrío para toda la población y las finanzas públicas. 

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El fiscal César Augusto Peniche y el secretario de Seguridad, Emilio García Ruiz, juntos o separados, van a estrenar su show trasmitido en vivo a fines de esta semana. Van a seguir los pasos de su jefe Javier Corral y se convertirán en voceros de la otra epidemia, la de la violencia, en un intento por aparentar resultados en las dos peores áreas de la administración pública. 

Entre hoy y mañana definen quién sale primero a cuadro, o si uno solo o ambos. El caso es que estrenarán su programa semanal que, si es como los del tipo de revista que se han montado con pretexto del Covid, no hay que tener muy altas expectativas. En una de esas en vez de dar resultados de la lucha contra el crimen, se ponen a dar recetas para cocinar deliciosos platillos en la eterna cuarentena o a explicar cómo sembrar tomates en el patio. 

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El Plan Estatal de Inversión, que tan festivamente se anunció el año pasado, ya tiene un boquete de más de 700 millones de pesos que ni el secretario de Obras Públicas, Gustavo Elizondo, sabe dónde quedaron. Ese recorte –se le llamó reorientación del gasto para la contingencia sanitaria– pegará en varias obras públicas que se ejecutarían en algunos puntos del estado. 

Lo delicado es que ni se ha determinado cuáles proyectos se cancelaron ni cuáles más se verán afectados. En la dependencia que dirige el exalcalde juarense se quejan de la poca transparencia con la que se manejan los recursos del supuesto plan y de tan real recorte. Sobre todo porque los han traído con vaivenes en los proyectos ejecutivos, un día siguen en firme obras “programadas” y dos días después les avisan que en realidad están canceladas o “pospuestas”. 

Elizondo tiene semanas prometiendo que tendrá listo un informe detallado de las afectaciones al plan de inversión, pero ya no le creen que lo haga, no saben si porque hay gato encerrado o por mera negligencia burocrática. El tan famoso plan se infló publicitariamente y en realidad siempre se sospechó que había nacido desfondado. Ahora con el pretexto de la crisis de salud ni esperanzas de que avance en un porcentaje más o menos aceptable. 

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Hoy comienza la reactivación económica con el color rojo intenso del semáforo que se ha implementado para dar paso a la nueva fase de la contingencia sanitaria. Los sectores que inician casi a todo vapor en estas circunstancias son las maquiladoras, construcción, minería y agricultura, básicamente. Los consejos empresariales de las dos ciudades más grandes del estado ven con optimismo la reapertura de la economía. El reto, sin embargo, es enorme para los sectores que comienzan al 100 por ciento, pues hay una muy alta posibilidad de un rebrote de contagios. 

Para esas ramas de la actividad económica hay un riesgo fuerte ante el que deberán actuar de inmediato en caso de que resurjan casos; pero los demás sectores enfrentan todavía algo peor, un largo camino cuesta arriba. En las empresas no esenciales que se reactivarán hasta que el semáforo marque amarillo las cosas son más complicadas. 

Esas habrán de reabrir de forma paulatina, pero no hay indicaciones precisas de cómo van a pagar los sueldos de la gente que no se pueda reincorporar ni cuál será su nivel de operación permitido o tolerado durante semanas o meses. 

Ni fechas ni claridad en el esquema laboral en el que habrán de reabrir. Por ello se esperan esta semana pronunciamientos del sector privado para que los gobiernos estatal y federal clarifiquen lo que será el regreso escalonado, que sigue sin quedar claro.